Universidad

Erasmus sevillanos en tiempos del Covid: Encerrados en el extranjero, sin fiestas y con clases virtuales

  • Tres alumnos de la US que han conseguido beca en este programa narran la experiencia vivida desde que en septiembre se marcharan a Bélgica, Hungría y Francia

  • Al llegar a estos países la situación era mejor que la de España, pero a las pocas semanas empeoró y se cerraron las universidades

Una alumna sigue las clases telemáticas desde su portátil. Una alumna sigue las clases telemáticas desde su portátil.

Una alumna sigue las clases telemáticas desde su portátil. / D. S.

Irse al extranjero a estudiar en plena pandemia. Esta decisión es la que han tomado en la Universidad de Sevilla (US) 532 alumnos durante el presente curso. Tal cantidad incluye los que permanecen los nueves meses y los del primer cuatrimestre (no el segundo). De ellos, 517 han elegido destinos del programa Erasmus y 15 han optado por países que no se incluyen en esta iniciativa tan consolidada. Las cifras distan bastante del año académico anterior, cuando los estudiantes erasmus alcanzaron los 1.189 y los que se decantaron por otros destinos, 235 (en ambas se suman los del segundo cuatrimestre). Por tanto, la participación es bastante menor en ambos casos. Consecuencia directa del Covid.

Desde la Hispalense se subraya que a los universitarios se les ha dado la posibilidad de aplazar la movilidad al próximo curso, una alternativa por la que se han decantado bastantes alumnos, ante las circunstancias adversas para vivir esta experiencia. Estos estudiantes mantienen la plaza reservada. 

Sin embargo, esos 532 alumnos suponen una más que importante cifra en la situación actual. Jóvenes a los que, pese a ser conscientes de que el coronavirus no les permitirá sacar todo el provecho de una estancia en el extranjero durante su formación académica, también saben que esta experiencia, por las condiciones en las que se está desarrollando, tendrá especial importancia en el futuro. A esta conclusión es a la que ha llegado Elsa Urbano, que con 20 años cursa Estudios Franceses en la US.

Una experiencia en Lieja

Esta estudiante se encuentra desde el pasado septiembre en la Universidad de Lieja, una ciudad valona de Bélgica. Su estancia es de un curso entero, por lo que, si la situación no se complica mucho, espera permanecer en aquellos territorios hasta julio. La decisión de marcharse al extranjero en plena pandemia no estuvo exenta de dudas. "Durante el confinamiento que sufrimos en primavera en España estuve valorando bastante la posibilidad de anular la beca y cursarla el próximo curso con más tranquilidad", recuerda esta joven, quien finalmente decidió irse tras el verano: "Nada me garantizaba que el curso siguiente estuviésemos mejor y no quería perderme este año de mi vida". 

Para entrar en Bélgica sólo tuvo que rellenar un formulario Covid. "Al llegar allí, Andalucía no era zona de riesgo y no me vi obligada a someterme a una PCR ni a cuarentena", precisa Urbano. Los compañeros que llegaron días más tardes no corrieron la misma suerte. El nivel de alerta en España había aumentado, por lo que se sometieron a pruebas y permanecieron confinados un tiempo

Elsa Urbano en uno de los canales de Brujas, una de las ciudades más turísticas de Bélgica. Elsa Urbano en uno de los canales de Brujas, una de las ciudades más turísticas de Bélgica.

Elsa Urbano en uno de los canales de Brujas, una de las ciudades más turísticas de Bélgica. / D. S.

"El primer mes en Bélgica transcurrió con normalidad: viajes, clases presenciales, actividades con otros erasmus y salidas a bares. Para los belgas, el virus parecía no existir", refiere la universitaria. Una situación idílica, la de la vieja normalidad, que cambió por completo a partir de octubre. "La cifras empezaron a empeorar y la vida de los erasmus a desmoronarse", advierte. Desde entonces, los negocios hosteleros cerraron por completo y las clases dejaron de ser presenciales. Surgieron también los problemas. "Al principio costó mucho adaptarse a una vida que creíamos ya olvidada en primavera. Ser alumna extranjera no ayudaba nada. La comunicación con la administración universitaria y los profesores mediante correo electrónico fue bastante difícil las primeras semanas", asevera Urbano.

Una situación que ha cambiado con el tiempo. "Tras el primer trimestre de clases en línea, puedo afirmar que la calidad de la enseñanza no ha bajado nada comparada con la presencial. Los profesores son muy comprensivos y me siento más segura haciendo los exámenes por vía telemática", subraya esta joven. Una apuesta, la de las pruebas on line, que ha sido prácticamente descartada por la US tras una intensa polémica estudiantil por dicha decisión. 

Universidad de Lieja. Universidad de Lieja.

Universidad de Lieja. / D. S.

Después de un periodo de fuertes restricciones, Elsa Urbano considera que, al menos, en Bélgica se ha disfrutado de un arranque de año "más tranquilo que en otros países". En este punto menciona que durante el mes en el que se mantuvieron las clases presenciales, a principios de curso, la Universidad de Lieja ofreció test gratuitos de Covid todas las semanas para garantizar la seguridad en las aulas. A ello agrega una diferencia sustancial con España: "Las restricciones gubernamentales son generales para todo el país, con lo que se evitan confrontaciones entre las medidas que pudieran adoptar las regiones". Nada que ver con las 17 realidades distintas con las que afrontan las autonomías españolas la pandemia. 

Una vez superado el primer cuatrimestre universitario en el extranjero, Urbano "no se arrepiente" de haber decidido vivir esta experiencia. Sus objetivos académicos se están cumpliendo: aprende a la perfección la lengua gala y conoce la cultura belga. "No voy a negar que me hubiese gustado que todo fuera normal", admite la joven, cuyas reuniones desde hace meses no superan las tres personas. "Mantengo la esperanza de que la vacuna y las restricciones contribuyan a disfrutar de cierta normalidad antes de que me vaya en julio", confiesa. 

Todo cerrado en Budapest

El 30 de agosto de 2020 pisó el suelo de Budapest Carlos Rico, un sevillano de 23 años, estudiante de grado en Ingeniería Civil por la US. Su estancia en la capital húngara dura todo el curso, hasta finales de junio. Recuerda que cuando salió de la capital andaluza en verano "estábamos acostumbrándonos a la llamada nueva normalidad". "Llegué a Budapest concienciado de no quitarme la mascarilla en ningún momento, de desinfectarme las manos con hidrogel cada vez que entraba o salía de un lugar nuevo, de hacer todo lo posible por respetar las distancias de seguridad", detalla. Un comportamiento que distaba mucho del que mantenían en ese momento los húngaros. "Lo primero que me chocó fue que, salvo en locales y el transporte público, no había que llevar mascarilla, y que las discotecas, los bares de copas y los restaurantes permanecían abiertos como si aún siguiéramos en 2019", subraya Rico. 

Aquello fue "un choque de realidad", hasta cierto punto entendible si se tiene en cuenta que en Hungría la primera ola del Covid no había llegado a desarrollarse del todo. Una situación bastante óptima que duró, como en Bélgica, hasta mediados de octubre, cuando el virus comenzó a expandirse. "En cuestión de dos semanas, se pasó de no regir casi ninguna medida a sufrir más restricciones que en España", destaca. Desde el otoño, el toque de queda se establece a las ocho de la tarde y permanece vigente hasta las cinco de la madrugada. La hostelería sólo puede atender pedidos a domicilio y se encuentran cerrados los gimnasios, salas de fiestas, museos, teatros y hasta los templos

Carlos Rico en una colina en la que se contempla el paso del Danubio por Budapest. Carlos Rico en una colina en la que se contempla el paso del Danubio por Budapest.

Carlos Rico en una colina en la que se contempla el paso del Danubio por Budapest. / D. S.

Para Carlos Rico, la pandemia ha complicado algunos de los objetivos que persiguen las becas Erasmus. "Este programa no sólo busca que consigas desenvolverte en un país que no es el tuyo con un modelo de enseñanza distinto y en un idioma diferente, también persigue que te relaciones y formes equipos con estudiantes de otras nacionalidades", explica el alumno de la Hispalense, quien admite que esta segunda meta se ha visto "afectada" al reducirse drásticamente la presencialidad en la enseñanza universitaria. "Salvo clases prácticas en las que debemos usar aparatos específicos, las clases han sido 'on line'", abunda. 

Una de las características que más ha llamado la atención de este universitario es la "gran diversidad" de la que goza la universidad de Budapest en la que pasará este curso (la BME). "En una clase en la que, antes de que se interrumpiera la presencialidad, no superábamos los 30 alumnos, sólo había dos húngaros, los demás eran estudiantes de diferentes países y continentes", recuerda Rico, quien afirma que "en este tiempo he podido hacer amigos de lugares que jamás habría imaginado, como Camboya, Mongolia o Irán, aunque si la pandemia no hubiera existido, habría creado grupos de trabajo muy interesantes para el futuro y para seguir abriendo mi mente". 

Universidad de Budapest. Universidad de Budapest.

Universidad de Budapest. / D. S.

Todo ello en un país y, en concreto, una ciudad, donde la economía está "devastada". "Aquí se saca mucha rentabilidad al turismo y con las fronteras, la hostelería y el sector cultural cerrados están atravesando un infierno", refiere este joven, que incide en que hay negocios a los que no se les ha dejado abrir desde octubre. "Creo que en este aspecto España lo ha hecho mejor, pues entiendo que para un negocio es más rentable abrir a medias y con medidas que no poder funcionar durante meses", apunta. 

Pese a la adversidad de estos tiempos, Rico asegura haber aprendido "muchísimo" en estos cinco meses que lleva residiendo en Budapest. Una de sus últimas "aventuras" fue el regreso a esta ciudad tras las vacaciones navideñas en Sevilla. "Tuve que cruzar las fronteras de la República Checa, Eslovaquia y Hungría. En dos de ellas hice un trámite previo para pasar. Esta pandemia me está enseñando a desenvolverme muy bien en asuntos de papeleo", asegura este universitario, que encuentra siempre gran ayuda en el perfil de Twitter de la Embajada Española. "No hay más que mandar un mensaje y en poco tiempo te resuelven las dudas lo mejor que pueden", añade. 

Con toda la familia a Francia

Un perfil totalmente distinto es el de Antonia Ceballos que, nacida en Adamuz (un pueblo de Córdoba), se ha licenciado en la Universidad de Sevilla en Periodismo, donde también ha obtenido un máster en Relaciones Internacionales y en Comunicación Internacional. A sus 35 años está realizando un doctorado sobre el periodismo de Jean Jaurès y su idea de Europa. Ceballos se fue en septiembre a Chambéry, en la región francesa de Saboya. Aquí estará hasta julio con su familia: su marido (profesor de instituto en excedencia) y su hijo de dos años. 

"Cuando nos fuimos de España, los casos aumentaban cada día. Agosto fue muy angustioso para mí, por la incertidumbre de si nos dejarían entrar a Francia", recuerda esta periodista, que al llegar a su destino Erasmus sintió una "liberación". "El primer mes estuvimos viviendo en la montaña y ahí el ambiente era totalmente diferente, a ratos parecía todo normal", asegura. Pero como en los casos anteriores, conforme transcurrían las semanas, la situación se complicó. "A finales de octubre nos confinaron. Aquí, al menos, es más llevadero que el que padecimos en España en primavera. Nos permiten hacer deporte una hora al día y también dejan a los niños salir", detalla. Eso sí, los restaurantes, museos y teatros se encuentran cerrados. Es lo que a esta familia más se le hace "cuesta arriba". "El no poder tomar un café fuera de casa o que sea imposible visitar un museo. El hecho de que todo el ocio pase por comprar es algo que llevamos regular", admite Ceballos. 

Antonia Ceballos, en las montañas de Saboya junto a su hijo. Antonia Ceballos, en las montañas de Saboya junto a su hijo.

Antonia Ceballos, en las montañas de Saboya junto a su hijo. / D. S.

Como refirió antes Carlos Rico, el coronavirus impide que se desarrolle una de las finalidades de estas becas, como es el conocer otras culturas a través de alumnos erasmus. "Si las clases son todas 'on line', la filosofía del programa deja de tener mucho sentido", advierte esta universitaria, quien, sin embargo, asegura que su caso es "un poco particular", ya que al tratarse del doctorado, "aunque no pueda sacarle todo el rendimiento que quisiera, estoy, al menos, pudiendo consultar bibliografía, yendo al laboratorio a trabajar y conocer a otros doctorandos". "Espero que me permitan viajar pronto para hacer algunas entrevistas que necesito para la tesis. Sí me urge que abran los museos para acceder a los archivos", abunda esta licenciada, que en tal situación compleja intenta ver "el lado positivo y sacarle el máximo provecho de la beca y la estancia".

No es la primera vez que Ceballos pasa una larga temporada en el extranjero. Ya lo hizo antes en Londres, Padova y París, entre otras ciudades, aunque nunca en las actuales condiciones. "De todos los sitios en los que vives te llevas algo, sobre todo en unos tiempos tan intensos", señala esta treinteañera que califica de "una aventura en familia" la experiencia de este Erasmus en Chambéry. "Esto nos va a volver locos a todos o a unir mucho más", confiesa entre risas tras hacer hincapié en que "la estancia en el extranjero resulta fundamental para mi doctorado, ya que trabajo sobre la historia del periodismo francés". 

La ciudad francesa de Chambery. La ciudad francesa de Chambery.

La ciudad francesa de Chambery. / D. S.

Durante su permanencia en tierras galas ha comprobado que los debates sobre la gestión de la pandemia son "los mismos" que en España. "Las críticas al Gobierno son prácticamente calcadas, también están los negacionistas y las quejas por considerar insuficiente la campaña de vacunación", detalla esta estudiante de doctorado, que, como también puntualizó Elsa Urbano en Bélgica, una de las diferencias con la situación española es que en Francia "no tienen el lío que supone que cada comunidad autónoma vaya por libre". "Lo demás es todo bastante intercambiable", apostilla. 

Planes para el futuro

Estos tres estudiantes Erasmus tienen claras su intenciones de cara al futuro. La experiencia vivida fuera de España en plena pandemia no supone ningún óbice para que su profesión se desarrolle lejos de Sevilla. Elsa Urbana se muestra tajante al respecto: "Tengo la intención de volver y de trabajar en el extranjero por un tiempo". Carlos Rico también es de la misma opinión. La crisis del Covid le ha servido, en todo caso, de revulsivo: "Si he sido capaz de disfrutar de una beca Erasmus existiendo una situación tan desagradable como ésta, estoy seguro de que en el futuro también lo haré". Y para Antonia Ceballos trabajar en el extranjero es "el sueño que siempre he tenido". Lejos de amedrantarse, lo vivido estos cinco meses le sirve de provecho: "Esta experiencia me da más herramientas".

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