Regresa la lluvia a Sevilla

Análisis

El Senado, ¿la próxima escala de Espadas?

  • El alcalde necesita cobertura institucional y también tener un salario cuando dé el paso de abandonar su cargo

El alcalde saluda a Antonio Muñoz en Fibes, antes de la inauguración del Tourism Innovation Summit.

El alcalde saluda a Antonio Muñoz en Fibes, antes de la inauguración del Tourism Innovation Summit. / Juan Carlos Muñoz

La hoja de ruta de Juan Espadas hasta llegar a la campaña de las elecciones autonómicas donde se disputará la presidencia de la Junta de Andalucía avanza con algunas incógnitas: cuándo dejará definitivamente la Alcaldía de Sevilla el socialista y dónde irá hasta que llegue la cita con las urnas. Espadas no tiene intención de salir de la Plaza Nueva de inmediato, al menos no antes de final de año, pero cuando lo haga necesitará tener una cobertura institucional, que ahora le proporciona la Alcaldía, y también un respaldo económico. Es cierto que el partido, que aspira a recuperar el Gobierno andaluz, podría fijar una asignación para su candidato, pero parece mucho más probable que éste encuentre acomodo en alguna institución.

Y en este caso hay pocas opciones: lo más probable es que Espadas desembarque en el Senado y ocupe una de las plazas de designación del Parlamento de Andalucía. Una de ellas ya fue reservada para la ex presidenta andaluza, Susana Díaz, cuando fue derrotada por Espadas en las primarias. Pero quedan otras dos que ocupan en estos momentos la malagueña Marisa Bustinduy y el sevillano Miguel Ángel Vázquez. La primera ya perdió su estatus de presidenta de comisión, que cedió a Díaz, garantizando así el complemento económico que equiparaba su retribución a la que recibía por dirigir el grupo en el Parlamento andaluz. El segundo se mantiene en su cargo y, a pesar de su buena sintonía con Espadas, pertenece a la anterior etapa y, por lógica, podría verse arrastrado en esta oleada de renovación que el nuevo secretario general de los socialistas andaluces ya ha emprendido.

De cualquier manera, ese momento todavía no ha llegado, Espadas tiene otros temas que cerrar antes, tanto en el plano orgánico como en el municipal. El partido tiene que renovar aún sus Ejecutivas provinciales y este proceso no culminará hasta el 19 de diciembre y en algunas provincias todavía debe seguir negociando para conseguir la máxima unidad que promueve su proyecto en el PSOE. No es el caso de Sevilla, donde finalmente se ha conseguido una única candidatura que encabezará el alcalde de La Rinconada, tras la renuncia de Carmen Tovar, que pensaba disputarle el liderazgo.

Y después está el futuro del Ayuntamiento de Sevilla, que, de momento, no ha supuesto un asunto prioritario para el alcalde. Aunque es algo que podría acelerarse si se produjera finalmente un adelanto electoral en Andalucía. A finales de verano hizo una remodelación bastante descafeinada de su gobierno municipal, pues consistió en el reparto entre los concejales de su núcleo duro de las presidencias de las empresas municipales que recaían en Espadas. Y, por ahora, no ha habido mayor delegación más que la institucional cuando no ha podido asistir a algunos eventos, como fue el caso del traslado del Gran Poder el pasado octubre, en el que fue Antonio Muñoz quien ostentó la representación del gobierno. Un gesto que, al margen de si fue más o menos planificado, supuso toda una declaración de intenciones y señaló a este concejal como sucesor claro. ¿Por qué? Este edil nunca ha participado en actos de tipo religioso o cofrade por convicción personal y, por primera vez, irrumpió en esta Sevilla probablemente no por voluntad propia, sino asumiendo el nuevo rol que le espera. Ni la número 2, Sonia Gaya, ni tampoco el delegado de Fiestas Mayores, a quien habría correspondido estar en dicho acto, estuvieron en Sevilla porque optaron por asistir al congreso federal del PSOE que se celebraba en Valencia, al igual que estuvo el alcalde.

Espadas sigue al frente de todos los asuntos de la ciudad, pero, a pesar de su compromiso personal, las agendas que compatibiliza hacen cada día más difícil su función en el Ayuntamiento de Sevilla. Y ello, irremediablemente, provoca situaciones que benefician poco al Grupo Socialista que ve, además, cómo el ya candidato del PP para las próximas elecciones municipales lleva semanas haciendo oposición para tratar de ganar terreno a los socialistas.

Una desventaja que se acrecienta porque lo que aún no se ha aclarado no es sólo quién tomará el relevo a Espadas en la Alcaldía, sino también si será esta persona o no la misma que se convierta luego en alcaldable. Una cuestión que, probablemente, no se decidirá hasta que el relevo se haya producido y, tal vez, hasta que las elecciones autonómicas se celebren y el partido haya medido las posibilidades reales de mantener o perder la Alcaldía de Sevilla, una plaza muy preciada que, si se diera ese riesgo, tal vez necesitaría un candidato muy fuerte, reconocido y con carisma para arrancar el máximo de votos. Hay quienes apuntan a María Jesús Montero, que quizás se amolda bien a ese perfil y contaría, además, con el aval de Ferraz. Pero si finalmente Muñoz es el sustituto en esta etapa de transición, un balance positivo de su gestión, que de entrada es su gran aval, también podría ser determinante para que fuera designado posteriormente candidato a las elecciones municipales.

De cualquier forma, quedaría un año para que llegase ese momento y, por tanto, el PSOE de Espadas tiene otros muchos asuntos pendientes que resolver antes. En el círculo municipal hay algo prioritario, que es aprobar las cuentas para 2022, una tarea que compete al alcalde, y así lo ha asumido. Que el sucesor tomase las riendas con limitaciones presupuestarias para gestionar o teniendo que cerrar una negociación donde, parece inevitable, tendrá que ceder bastante sería algo perjudicial no sólo para su imagen, también para la del grupo y el partido, un riesgo añadido a la que hoy es la mayor Alcaldía del PSOE en España.

Antonio Muñoz observa a Espadas mientras interviene. Antonio Muñoz observa a Espadas mientras interviene.

Antonio Muñoz observa a Espadas mientras interviene. / Juan Carlos Muñoz

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