Muere Juan Manuel Pérez Fernández, el soriano que dedicó su vida a Casa Palacios

Obituario

El centenario ultramarino despide al que ha sido su gerente durante varias décadas

Sevilla tendrá una hora más de "tanques a la calle"

Juan Manuel Pérez Fernández junto a su hijo Juan Manuel, actual responsable de Casa Palacios.
Juan Manuel Pérez Fernández junto a su hijo Juan Manuel, actual responsable de Casa Palacios. / José Ángel García

Luto en el barrio de El Porvenir. En la madrugada del lunes falleció a los 88 años Juan Manuel Pérez Fernández, soriano que se ha estado toda su vida al frente del casi centenario ultramarinos Casa Palacios. El comercio de alimentación y bar fue fundado en 1926 por un soriano del pueblo de Taniñé, Blás Palacios. Ya contaba con experiencia en el sector y decide abrirlo en esa coqueta zona de la ciudad, en lo que en tres años sería el centro neurálgico de la gran exposición del 29 que tanto significo para Sevilla.

En 1948, los también sorianos Juan Palacios y Severo Palacios Pérez, aunque ya fueran innegablemente sevillanos (Juan era socio número 7 del Betis y la esposa de Blas Palacios llego al 1 del Sevilla) continúan con la actividad de Casa Palacios. En 1983 toma el testigo Juan Manuel Pérez Fernández, que ha estado cada día dispensando experiencia y hacer profesional. El actual gerente es su hijo Juan Manuel Pérez Escobar, un joven ex jugador de rugby convencido continuador de mantener la esencia de un negocio con arraigo y solera.

El establecimiento cuenta con numerosos detalles como el antiguo reloj de madera con letras que forman el nombre del fundador, los ganchos de cuando fue carnicería allá por los veintitantos o el espejo de una conocida mantequilla del Norte. Basta con ver el añoso y sólido mobiliario, la madera de caoba antigua de su mostrador y estanterías del bar pago de clientes cubanos de la exposición del 29.

El desgaste, con pulido perfecto por el paso del tiempo, de los escalones metálicos de la entrada del bar o de la barra reposa-pies o las amplias estancias para colgar jamones y chacinas típicas de otra época, ya indican la antigüedad del clásico establecimiento. Padre e hijo siempre han presumido con buen humor y discreción de una larga trayectoria marcada por la formalidad y honestidad que han situado a esta casa entre los establecimientos mejor referenciados en la historia reciente de la ciudad.

Siempre ha contado con una clientela muy variopinta, desde miembros de la alta nobleza, distinguidos empresarios, reputados médicos, militares o ingenieros. Pero sobre todo al sevillano de a pie, a los vecinos de El Porvenir.

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