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calle rioja

Reina del barrio y del Liverpool

  • Vivencia. Nunca caminará sola. Era noche de derbi y la Banda de Tejera anunció la salida de Todos los Santos. Por la calle de Belmonte, del alma de Triana y del histórico Jueves.

Balcones de la calle Peris Mencheta engalanados al paso de la Reina de Todos los Santos.

Balcones de la calle Peris Mencheta engalanados al paso de la Reina de Todos los Santos. / josé ángel garcía

Un turista extranjero aprovecha un parón de la cofradía en la calle Peris Mencheta y pregunta que si alguien habla inglés. Uno responde que se quedó en el latín. La lengua madre de esta hermandad que desde el siglo XVI está vinculada a la iglesia de Ómnium Sanctórum, que debería considerarse como una catedral de las Humanidades por conservar ese dechado de romanidad y cultura en su denominación. El turista quiere saber si la cofradía lleva música. Muy pronto saciará su curiosidad. Sonará el himno nacional cuando los costaleros saquen la imagen de la Reina de Todos los Santos bajo el arco ojival de la iglesia. Es obra de Roque Balduque, un escultor flamenco nacido en la misma localidad que El Bosco.

El cronista, flamante hermano, nunca había recorrido las calles de su barrio, que es un barrio-nación, con un cirio en la mano. La avanzadilla se mueve por tres impulsos: el de la música de la Banda Tejera, los golpes del capataz con la aldaba o las instrucciones discretas, sigilosas, del diputado de tramo. Me tengo que familiarizar con una jerga ajena, porque soy más de los Evangelios que de los Libros de Reglas. Abren el cortejo tres jóvenes. A la derecha, con uno de los estandartes, va Francisco, hijo del barrio, puro neorrealismo italiano. Cuando regresemos de vuelta por la calle Feria, le hará fotos su padre. Es uno de los últimos chamarileros de la ciudad, con su puesto en el Jueves, la fe del mercadillo con ecos de Chesterton. Pura coherencia de barrio. Al fin y al cabo, el torero Juan Belmonte nació en una quincalla de esta calle.

La procesión sortea la plaza de la Mata, donde el pecado siempre es original, y la calle Belén, más portal que nunca con la instalación del primer alumbrado navideño. La cuadrilla de costaleros la vuelve y la acerca a la capillita del Carmen de Calatrava. La cola de la cofradía se confunde con la de la gente que sale del Teatro Alameda de ver una película del Festival de Cine. En el cielo hay una luna filamentosa como la de El Principito de Saint-Exupery.

En Calatrava ves en una acera a Jesús Méndez-Lastrucci, imaginero, que tiene en Memphis una obra sobre Elvis. Es biógrafo de Antonio Susillo y descendiente de Castillo Lastrucci. En la otra acera, donde estaba el Roll Dancing en el que servía copas Dogo de los Mercenarios, Pablo Borrallo y Teresa Guzmán, tándem de la didáctica cofrade, profesores de las Esclavas de la calle Pozo.

La calle Vib Arragel, una de las puertas antiguas de la ciudad, está cerrada por obras y la cofradía hace un máster de aristocracia. En zigzag por los Pasajes Conde de la Mejorada y Marqués de Esquivel. Dos de los maestrantes que patrocinaron los Altos Colegios, un centro escolar cuya primera piedra la puso la reina consorte María Cristina de Lorena-Habsburgo con un niño de seis años, el futuro rey Alfonso XIII. Lo cuenta el pediatra José Javier Ruiz en uno de sus Callejeos. Camino de San Gil, la ciudad del Festival se quedó sin cines. Ahí estaba el cine Bécquer. Esas golondrinas del celuloide no volverán. Los Altos Colegios, a los pies de la Torre de los Perdigones.

La condesa habla con la marquesa. Dos vecinas se comunican de balcón a balcón entre ambos Pasajes de Esquivel y Mejorada. ¡Cuántos recuerdos pasarán por su mente, cuántas ausencias y anhelos! En Marqués de Esquivel ve pasar la cofradía el ex decano del Colegio de Abogados, José Joaquín Gallardo, con su mujer y dos de sus nietas. Después se le unirá su hermano Jesús, profesor del instituto San Isidoro. En la esquina con Pacheco Núñez de Prado, antes Ciegos, hace de pertiguero Manuel Baquero, nieto del que fue hermano mayor. La altura es similar a la que sorteaba con su pértiga Sergei Bubka en los Juegos Olímpicos.

En Feria esquina con Bécquer, en un balcón hay un repostero con una cruz y esta frase: "Podéis derribar mis símbolos, pero no derribaréis mi fe". Calle Feria con dos iconos de la música con las iniciales JT, Jesús de la Rosa, alma de Triana, y José el de la Tomasa, cantaor, hijo y abuelo de cantaores. Ambiente de derbi en la peña Sevillista Macarena. Se detiene la cofradía y a lo lejos en el televisor se ve un gol de Griezmann al Valencia. ¿Alguien habla inglés? El lema de la Reina de Todos los Santos, reina del barrio, es como el del Liverpool. You'll never walk alone. Ella nunca caminará sola.

Tu cirio es como un catalejo. Ves al arquitecto Honorio Aguilar, al imaginero Fernando Aguado, al profesor de Historia del Arte Andrés Luque Teruel. Y frente al mercado, Paco Robles con Lola Chaves, delegación de San Juan de la Palma. Con el cirio y la llama tililante, recuerdo el libro de Paco, su carta de presentación, guiño a don Guido: Tontos de capirote. La Banda Tejera ha sonado imperial en las calles grandes, coqueta en los recodos.

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