Los Invisibles · Ángel Leiva Montserrat

"Susana Díaz mostraba gran interés por la mal llamada poesía social"

  • De su taller literario del Porvenir han salido numerosas vocaciones. Sevillano de Tucumán, pinta y escribe, dos pulsiones que nacen de la música.

Se fotografió con todos los del boom pero el destino lo hizo inédito. Ángel Leiva (1941, Simoca, Argentina), historia viva del mestizaje. Se casó con Susana Jákfalvi, especialista en Cortázar.

-¿Usted también lo es?

-Una vez me llamó por teléfono. "Soy Julio". "¿Qué Julio?", le dije. Y era Cortázar. En un viaje a París llevaba en el bolsillo una carta para él de Paco Urondo, un joven poeta que murió en combate.

-Si fuera su editor, ¿qué diría de Ángel Leiva?

-Un poeta y pintor nacido bajo la luma tucumana de Simoca. Un pueblecito como Aracataca. En una primera novelita mía, La tierra estaba seca, se respira un ambiente parecido al de García Márquez cuando entonces aún no lo había descubierto. Inédita, como una quincena de libros de narrativa y poesía. A veces amenazo a mi mujer con que los voy a quemar antes de que se pierdan.

-¿Qué le dio al mestizaje?

-Una trilogía que empieza con El señor de las cartas, novela protagonizada por Hernán Cortés, y termina con un supuesto viaje de Colón en el AVE.

-¿Su aterrizaje en España?

-A través de la gente de Marejada, de Cádiz. Allí encuentro a mi hermano menor, Rafael de Cózar, a Quiñones, veo caminar a Pemán por la plaza de Mina.

-¿Alberti seguía en el exilio?

-Lo visitamos en su casa del Trastevere. Yo vengo a España con el legado de los libros de Alberti, Lorca o Miguel Hernández editados en Losada. Después vuelvo a encontrarlo en el café Gijón, que se convirtió en mi casa.

-¿Se sintió un exiliado?

-En Simoca abundan los naranjos y las tradiciones, como en Andalucía. Venir fue como volver a las raíces. Me identifico con la figura del gaucho a la manera de Martín Fierro.

-¿Qué aprendió de Borges?

-La humildad de un genio que lejos de ser un burgués vivía en un piso tan humilde como uno imagina el de Antonio Machado. Tuve que vencer el atavismo de llamarlo por teléfono y cuando al otro lado pensaba oír la voz de un secretario oí Borges habla.

-¿Qué le aportaron esas voces?

-Las tengo todas, horas y horas de conversaciones con Borges, Cortázar, Rulfo, Onetti, Sábato, Vargas Llosa, Fuentes, Saramago. Me piden los amigos que lo publique. Estoy rezando para que no se hayan perdido. Recen por mí, como dice el Papa Francisco. No me encontré con ellos porque fueran escritores famosos. Son los maestros, los verdaderos.

-¿Son inmortales?

-No me gustan los cementerios, pero en Montparnasse visité la tumba de Cortázar, cerca de Baudelaire. En Austin, Estados Unidos, visito la tumba de Janis Joplin. En el cementerio de Viena puse el cassette con Mercedes Sosa cantando Luna Tucumana en la tumba de Mozart y eché vino en la de Ezra Pound en Venecia.

-¿Ha descubierto muchos talentos?

-Unos que llegaron y otros que se quedaron. Ahora proliferan los talleres literarios, pero el nuestro fue el primero. Es una cosa ingrata que tengo con Sevilla. Siendo yo tan andaluz porque elegí Sevilla, estaba muy bien en la Universidad de Estados Unidos, no me invitaron en el 92. Hice una labor parecida a la de Lorca con la Barraca. Me recorrí toda Andalucía y se acercó mucha gente que no sabía leer ni escribir, incluidos algunos gitanos del flamenco, campo en el que como en los toros me introdujo Paco Lira.

-¿Hay música en su poesía?

-No sé vivir sin música. Me considero un instrumentista frustrado. Paco de Lucía o Elliot Fisk tocaron la guitarra en mi casa de Nueva York. Salto de la guitarra flamenca a Brahms, Beethoven y Vivaldi. O al barroco que hizo literatura Alejo Carpentier, cumbre del expresionismo literario.

-Susana Díaz fue alumna suya...

-Lo ha recordado más de una vez, cosa que le agradezco. Tendría 17 años. Era una chica humilde que ya mostraba un gran interés por la poesía mal llamada social, porque toda poesía lo es. Tenía una marcha bética y machadiana en el sentido social y político de la palabra. Alguna vez nos veíamos en la tribuna del Betis cuando iba con su padre.

-¿Argentino y bético?

-Y de River, pese a que la tradición en mi país es que la clase trabajadora de la que yo vengo sea de Boca, el equipo del que se hicieron Sabina y Serrat.

-Eligió el mismo nombre, Lautaro, para su hijo y su editorial.

-Un guerrero de Chile que venció a los españoles. Soy del Inca Garcilaso, que está en Montilla. Me dedico a la escritura del mestizaje, que no tiene público. Me embargaron un piso por dedicarme a las inversiones literarias.

-¿Qué personaje le marcó?

-Blas de Otero y Federico Fellini. Fui el único que recorrió Madrid con él porque en Barajas nadie conocía a Giuletta Massina.

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