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Viva el Peris manque pierda

  • 'Estilo propio'. Nacido el año que murió Chaves Nogales, es uno de los periodistas más viajados de Sevilla

La presentación del libro de Carlos Navarro, sobre Luis Carlos Peris en imágenes La presentación del libro de Carlos Navarro, sobre Luis Carlos Peris en imágenes

La presentación del libro de Carlos Navarro, sobre Luis Carlos Peris en imágenes / Juan Carlos Vázquez (Sevilla)

Luis Carlos Peris Zoffmann nació en 1944, el año que muere Manuel Chaves Nogales. Los dos belmontistas, pero Luis Carlos tuvo el valor de decirlo en un acto con motivo del centenario de la muerte de Joselito. Su tocayo Carlos Navarro Antolín le ha hecho un magnífico traje. El libro se ha presentado con mascarillas y distancia y todas las cautelas en la Fundación Cajasol. Poco antes de que tuviera lugar otro acto con motivo de los hermanos Bécquer. A ver si la poesía se apiada de nosotros, porque los 150 años de la muerte de Gustavo Adolfo coinciden con el día de la Lotería Nacional. Es Luis Carlos uno de los periodistas más viajeros y viajados de la prensa sevillana. Se presentó el libro un día después del aniversario de la muerte de San Francisco Javier, que murió ante las costas de China después de evangelizar las Indias; dos días después del aniversario de la muerte de Hernán Cortés, gracias a quien los mexicanos insultan a los gachupines en español y veneran todos los años a Cervantes en Guanajuato. Francisco Javier murió cinco años después que Hernán Cortés. Luis Carlos evangeliza con la sevillanía y conquista con la palabra. Ha recuperado a Carmen, su media naranja, con la que volvió de luna de miel cuando atentaron contra Carrero Blanco.

De niño jugaba a los pactos de la Moncloa en los aledaños de Redes y Goles con Eduardo Saborido, que nació el mismo año que John Lennon, yesterday como quien dice, y con Juan Salas Tornero. La patronal y los sindicatos. Nada humano le es ajeno a este internacional del Malmoe que fichó por vía genética por el Real Betis Balompié, lo que no fue óbice, que diría un esdrújulo, para que escribiera la biografía de Pablo Blanco, Howard Carter de tesoros sevillistas nacido en la calle Arrayán, en el corazón del Moscú sevillano, tan glacial cuando quiere como el Moscú moscovita. José Antonio Carrizosa, director del periódico, hizo spoiler de su prólogo, pero hay que leerlo. Una pieza hermosa de quien dirige el timón de uno de los pocos artefactos sentimentales que nos quedan a los románticos: un periódico.

Luis Carlos Peris evangeliza con la sevillanía y conquista con la palabra

Luis Carlos Peris Zoffman empezó como corrector en el diario Sevilla igual que Hipólito G. Navarro en Diario 16 Andalucía. Tiempos del Polígono Calonge donde coincidimos con Rosell y Camacho, nombres señeros del periodismo nacional como Luis Carlos lo es del periodismo universal, que es el sinónimo del periodismo local que se practica desembocando por calle Baños en la Gavidia, donde siempre está Daoiz esperando a Velarde. Siempre hay un sevillano que aguarda a un montañés, sea Trifón, Bedoya o Javier López, el conservero de Laredo que le metió los dos goles a Iríbar en la final del 77. Si Mahoma no va a la Montaña, Peris no desaprovecha la ocasión. Por eso empezó en el diario Sevilla, que tenía la redacción en la calle Santander. Donde Pepe Guzmán se preparaba para una de sus entrevistas: ¿Petisú o Magdalena? Andar y contar, como predicaba Chaves Nogales, con cuya estela se cruzó durante el desembarco de Normandía. Le dedica el libro a su nieto Raúl, que hacía con el móvil fotos de su abuelo asomado a una ventana como en una novela de Pereda, no el que le dio el pase de gol a Marcelino contra los rusos en 1964 sino el amigo de Galdós que se crió en la tierra de otro Marcelino, Menéndez Pelayo, látigo de heterodoxos.

Estilo propio de mecanográfica y estilográfica, sastre con vestuarios, estilo que en su caso viene de estilismo, la elegancia del castizo, y de estilete, la daga preparada con socarronería y una risa casi mística, de interiores, entre los visillos de su ventana que da a la casapuerta. Viva el Peris manque pierda.

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