Vivir con un trastorno obsesivo compulsivo

El sevillano S. C. B., de 38 años, asegura haber recuperado su "vida" 20 años después de ser diagnosticado tras someterse a una novedosa terapia de estimulación magnética transcraneal

Una clínica privada trae a Sevilla un novedoso tratamiento de salud mental

S. C. B. en una imagen actual.
S. C. B. en una imagen actual. / Juan Carlos Muñoz

"Todo empezó porque me noté un pinchazo en el pecho y me obsesioné en que tenía una enfermedad en el corazón". Es el relato de S. C. B., un sevillano de 38 años que vive desde los 17 con un trastorno obsesivo compulsivo que "de la noche a la mañana" cambió todos los esquemas de su vida. "Yo era un niño normal. Mi adolescencia la recuerdo muy feliz. Siempre he tenido muchos amigos, soy muy sociable y era muy buen estudiante. Nada hacía pensar que podría desarrollar un problema de salud mental", añade, en un claro llamamiento a la sociedad para que tome consciencia de que que esta enfermedad "le puede surgir a cualquiera".

El trastorno obsesivo compulsivo es un trastorno crónico frecuente que se caracteriza por pensamientos incontrolables y recurrentes, tipo obsesiones, que pueden llevar a las personas a tener comportamientos o pensamientos repetitivos e intrusivos y que interfieren de manera significativa en la vida de aquellos que lo padecen y en su comportamiento global. Se estima que entre el 2 y el 3% de la población adulta, y en torno al 1,4% de la población juvenil, pueden llegar a sufrir algún tipo de este trastorno mental.

En el caso de S. C. B., los problemas llegaron tras superar una adolescencia marcada, según su testimonio, por la "normalidad" y entrar en la etapa adulta "sin problemas aparentes". Aunque el trastorno afloró con una obsesión relacionada con su propia salud, a lo largo de los últimos 20 años, las crisis por las que ha pasado S. C. B. han sido muy dispares. "Me he llegado a obsesionar por mi condición sexual. Pensaba que era homosexual y no podía dejar de pensar en ello en una lucha entre mi cuerpo y mi mente. También he tenido brotes por temas de higiene personal, con obsesiones sobre la posibilidad de contraer enfermedades si no me sentía limpio a todas horas", relata.

Pese a su juventud, S. C. B reconoce que "desde el principio" fue consciente de que lo suyo era un problema mental por ello, tras abrirse a sus padres y comentarle el problema que tenía, empezó con terapia psicológica a los 17 años. "Estuve dos o tres meses pero aquello no era suficiente", sostiene. De aquí pasó al psiquiatra y un año después comenzó a tomar medicación para intentar así anular con farmacoterapia su trastorno. "Me di cuenta de que la mejoría era sólo temporal. En el periodo en el que estoy medicado, me estabilizo, el trastorno remite, desaparece, pero a cierto tiempo me vuelve a aparecer con cualquier tipo de obsesión y vuelta a empezar", relata.

Esta situación llevó a S. C. B. a entrar en una dinámica de inestabilidad que, aunque asegura, "nunca" afectó a sus relaciones sociales y de amistad, sí ha marcado su desarrollo como persona, ya que tuvo que dejar sus estudios de dirección y administración de empresas por falta de concentración a causa de esta enfermedad, y, sobre todo, su salud mental en general. "Éstas situaciones te hacen hundirte. Entras en una depresión con cada crisis porque el ver que no puedes controlar tu mente es muy duro. Yo siempre intento pensar que es un bache y que voy a salir y estar bien de nuevo, pero en los momentos malos no hay nada que te levante", afirma.

Las consecuencias más directas de este trastorno mental lo sufría su familia. "Cuando entras en una crisis pierdes la motivación. Tengo una niña de seis años y una familia maravillosa, pero he tenido momentos en los que no había ni hija, ni mujer, ni madre que me levantara", relata emocionado.

Una etapa que hoy, tras una última crisis hace apenas dos meses, da por cerrada gracias a los resultados de un novedoso tratamiento a base de estimulación magnética transcraneal, consistente en un procedimiento no invasivo que se emplea para tratar problemas de salud mental, en el que S. C. B. encontró un halo de esperanza en un momento "complicado" y de cuyos resultados hoy se siente "muy satisfecho". El camino no ha sido sencillo, con varias recaídas durante la aplicación del mismo, pero que ha devuelto a este joven sevillano la "felicidad plena" que él mismo asegura sentir. "Mi vida ahora mismo la calificaría de diez. Por primera vez en mucho tiempo vivo sin tener ningún tipo de pensamiento obsesivo y no puedo estar más feliz", apostilla.

Al citado tratamiento se someten "pacientes con un cuadro depresivo severo que han mostrado resistencias a otros tratamientos", expone el médico psiquiatra y coordinador de la Unidad de Estimulación Magnética Transcraneal del Instituto Andaluz de Salud Cerebral, Álvaro Moleón, quien atiende a S. C. B. en el Centro Médico Arenal en la capital sevillana.

El psiquiatra Álvaro Moleón, junto a uno de los técnicos del centro médico y la máquina que utiliza en sus terapias.
El psiquiatra Álvaro Moleón, junto a uno de los técnicos del centro médico y la máquina que utiliza en sus terapias. / Juan Carlos Muñoz

La mencionada técnica toma forma a través de la denominada Magventure X100, una máquina que permite profundizar en el estudio de las neurociencias, así como en el tratamiento de padecimientos y trastornos de personas en las que los tratamientos de psicoterapia y medicamentos no han resultado efectivos y que está indicada para pacientes que padecen depresión, adicciones a sustancias psicoactivas, como cocaína, cannabis o alcoholismo, y cualquier tipo de trastorno obsesivo compulsivo, como es el caso de S. C. B.

La sesión de estimulación magnética transcraneal profunda contempla la colocación de una bobina electromagnética –en concreto la Cool D-B80, específica para neuroestimulación profunda– sobre el cuero cabelludo del paciente, concretamente en la zona específica "donde están las estructuras cerebrales de la enfermedad mental a tratar", según explica Moleón. De este modo, el electroimán actúa sin provocar dolor para estimular las células nerviosas que se pretenden activar.

Concretamente, S. C. B. llegó al centro médico "en un momento de crisis aguda tras muchos años de evolución", afirma el psiquiatra, en el que su trastorno obsesivo compulsivo había derivado en una depresión y un alto grado de ansiedad "a consecuencia de su problema embrionario", aclara el profesional. Por ello, su tratamiento se ha aplicado durante seis semanas y ha contemplado 30 sesiones diarias de 20 minutos de duración de los cuales, explica Moleón, "en los cinco primeros se produce una provocación de síntomas para estimular esos pensamientos y obsesiones para aumentar un poco la angustia y actuar sobre la zona del cerebro vinculada al trastorno obsesivo compulsivo que en este caso es la corteza prefrontal dorsomedial".

Sobre los beneficios, Álvaro Moleón explica que se trata de una técnica que "no es invasiva, que no requiere de anestesia y cuyo proceso tiene lugar en una consulta médica". Asimismo, no contempla efectos secundarios, a excepción de "dolores de cabeza en ciertos casos, que se eliminan con fármacos analgésicos como paracetamol o ibuprofeno" y, en muy raras ocasiones, se podrían dar casos de convulsiones, en los que se pararía el tratamiento.

Tras finalizar la terapia, S. C. B. se siente "totalmente recuperado". Una sensación que corrobora clínicamente el psiquiatra responsable del tratamientos que reconoce que los resultados han sido "muy positivos". "Primero tuvo una mejoría que pasó a una serie de baches en los momentos centrales de la terapia y las últimas diez sesiones han sido de mejoría progresiva y hemos conseguido la remisión clínica. Ahora mismo estamos con él en un proceso de mantenimiento, tras recibir otras seis sesiones de desescalada, con la idea de que abandone totalmente la medicación en las próximas fechas. Estamos muy satisfechos y podemos decir que es un caso de máximo éxito porque partíamos de una situación muy complicada de tratar y en el que se ha conseguido que el paciente retome su vida sin sentirse bloqueado", apostilla el profesional.

Esta novedosa técnica para tratar trastornos mentales aterrizó en Sevilla de la mano del psiquiatra Álvaro Moleón el pasado mes de enero en un momento en el que, según él mismo reconoce, la salud mental de la sociedad en general se encuentra "muy deteriorada" tras dos años de pandemia sanitaria que ha traído "graves consecuencias" psíquicas, sobre todo, a niños y adolescentes.

Desde su puesta en funcionamiento hace tres meses en el Centro Médico Arenal donde pasa consulta Álvaro Moleón se contabiliza una media de 1.000 sesiones en unos 50 pacientes de diferentes puntos de la geografía nacional de las que aproximadamente el 60% se han dado en personas con cuadros depresivos resistentes a tratamiento con o sin ansiedad acompañante, un 30% en casos de trastornos obsesivos compulsivos, un 5% en casos de adicciones y otro pequeño porcentaje de pacientes con indicaciones experimentales, "fuera de las tres patologías para los que está avalada la técnica por la Agencia Europea del Medicamento", aclara el psiquiatra.

Y en todos ellos se ha conseguido una "efectividad media del 70% de éxito", es decir, de mejoría clínica o remisión, asegura. Un motivo más que suficiente para que el equipo de psiquiatría que acompaña a Álvaro Moleón en la aplicación de esta novedosa técnica en Sevilla mantenga la puerta abierta a nuevos retos como "la inclusión de nuevos protocolos de aplicación, así como la posibilidad de ampliar el tratamiento a una mayor cartera de trastornos mentales entre los que se encuentran el trastorno de estrés postraumático, el autismo o el TDH", aventura el psiquiatra, que anuncia la puesta en marcha en los próximos meses de una Unidad de Terapia Electrocomvulsiva en el Centro Médico Arenal, así como la capacidad divulgativa y educativa de sus profesionales, formando a otros especialistas en la técnica.

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