El actor secundario se erigió en la estrella
calle rioja
Fe de vida. Emotivo homenaje de sus compañeros a Joan Dalmau, el actor catalán que rozó el Goya y que se hizo sevillano por una médico madrileña y un dramaturgo gallego.
NACIÓ el año 27 y quiso morir oyendo versos de Cernuda. Del poema A sus paisanos, que le leyó Gregor Acuña, su nieto adoptivo que le acompañó en sus últimos días en su casa de Coria. A Joan Dalmau (Montcada i Reixac, 1927- Coria del Río, 2013) le gustaba regalarle naranjas a sus amigos. Ayer se reunieron en la sala Fundición y se repartieron los cítricos a modo de goyas. Como aquella estatuilla para la que estuvo nominado al mejor actor secundario por su papel de Miralles en Soldados de Salamina.
Al catalán Dalmau lo hace sevillano un gallego. Y la faena la redondea una madrileña. Vino para hacer Valle x 3. "Era mi padre en La cabeza del Bautista", dice Antonio Dechent. Eso tiene en común con Javier Bardem, de quien Dalmau fue su padre en Mar adentro de Alejandro Amenábar. Marisa Ruiz Peláez, viuda de Dalmau, es médico y filóloga. "Comíamos juntos en Zarabanda, cerca de donde yo tenía la consulta".
Un catalán y una madrileña compartiendo casa a orillas del Guadalquivir. El Ayuntamiento de Coria va a rotular una calle con el nombre de Joan Dalmau. Lo confirmó José Suárez, concejal de Cultura del municipio. "Él vivía en las últimas casas de Coria y yo en las primeras de Palomares". Carlos Álvarez-Nóvoa, el Goya de Solas, era algo más que vecino. "Hicimos una gira por América con dos obras. Idilio Cardoso y yo hacíamos la de un autor uruguayo dirigida por un argentino y Dalmau, otra escrita y dirigida por mexicanos". Lo recuerda paseando por Coria. "Era muy del Lidl".
Juan Carlos Sánchez, que lo dirigió en La familia del anticuario, evocó las carcajadas que salían del camerino del castillo de Niebla donde Dalmau, "que había hecho zarzuela", y Pepe Quero, de los Ulen, ensayaban los textos cantando para vencer la prodigiosa falta de memoria del catalán. Quintana estaba ayer de ensayo, mandó un texto a quien compartió escenarios de Goldoni y rodaje de Andalucía, un siglo de fascinación, de Basilio Martín Patino.
No le dieron el Goya por Miralles, pero ayer se llevó su premio. El de mejor actor en un festival de cine sobre discapacidad que dos años después María Alfonso Rosso, que recibió el de mejor actriz, entregó a su viuda. "Cuando hicimos Valle en Santiago de Compostela, fuimos a El Asesino, el restaurante donde solía comer don Ramón. Estaba cerrado, pero en la calle conocimos a una pareja descendiende del dramaturgo".
Antonio Estrada leyó un mensaje de José Manuel Padilla. "Como buen comediante, eligió el Carnaval para morirse", decía el librero de quien murió con Cernuda. Oriol Boixader hizo un solo de arpa con sierra en esta "misa clównica", como la llamó un emocionado Acuña. "Estuvo en mi boda, en el hospital cuando nació mi hijo". "La vida y la muerte confluyen en un sueño", escribió Marisa en un texto que no fue capaz de leer.
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