Un arroyo desbordado, un canal a punto de rebosar y dos barriadas en preaviso de desalojo en El Palmar de Troya
Las autoridades están desembalsando el pantano de Torre del Águila para hacer hueco al agua que puede llover en las próximas horas, pero ya han avisado a casi un centenar de vecinos de Nuestra Señora del Carmen y las casas nuevas
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Calma tensa, agua a raudales y un par de zonas en preaviso de desalojo. Ese es el panorama que ofrece El Palmar de Troya, otra de las muchas localidades andaluzas a las que Leonardo trae por la calle de la amargura desde hace unos días, y que se ha agravado desde las últimas horas del jueves por el desembalse en el pantano de la Torre del Águila y el desbordamiento del arroyo Salado. "En una hora ha subido dos palmos", exclama un vecino en referencia al canal que atraviesa la localidad. El nivel del agua sigue subiendo cada minuto que pasa y las autoridades, que no descartan un desalojo masivo si la inminente borrasca Marta también hace de las suyas, ya han advertido a los residentes en el entorno de la calle Nuestra Señora del Carmen y en las casas nuevas de que pueden recibir la orden de dejar sus viviendas en cuestión de minutos.
El peligro que cerca a esta antigua pedanía de Utrera es visible incluso desde antes de cruzar el puente que pasa sobre el arroyo Salado. Aquello ya no es arroyo, ni siquiera río. Es como un gran brazo de mar que anega los pies de los árboles y que ya alcanza a las primeras casas del pueblo. Por suerte son todas de más de una planta, con lo que en principio no hay riesgo para la integridad de sus habitantes.
En la calle Margarita, Dolores y su hija de igual nombre están tan inquietas como asombradas. "Hemos visto algo parecido, pero no tanto como ahora", reconoce la madre. "De momento aquí el agua no ha llegado nunca. En 1996 se quedó en los bordillos y en la rejilla [la alcantarilla], vinieron los municipales y nos llevaron a la iglesia", añade. La iglesia es la catedral de la Iglesia Palmariana, ubicada en un cerro a la salida de la localidad. "Un poco asustadas sí que estamos", explica la hija. "Si han abierto el embalse... No sabemos cómo va a responder, pero el agua se va acercando más y más", agrega.
Calle abajo, la Guardia Civil tiene cortada desde media mañana la carretera que conduce a las parcelas de Troya. Los dos patrulleros sólo están rodeados de agua, mucha agua, y un puñado de vecinos que también ven cómo el líquido elemento amenaza con meterse en el pueblo. Esta es una de las zonas que ya han recibido el preaviso de desalojo. El subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano, ha estado de hecho allí mismo junto al jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en la provincia.
"Hay veinte viviendas preavisadas y otras 68 en las cass nuevas", indica Toscano. "Ahora mismo la cuestión más complicada está en las casas nuevas porque es por donde pasa el canal", añade. Se trata de una vía que se nutre de aguas subterráneas y que pasa entre la comisaría de la Policía Local y esa barriada de nueva construcción. "Si rebosa, el agua ya sale directamente por los imbornales", advierte.
"El canal no aguanta más agua", confirma otra vecina, Antonia. "A nada que rebose, el agua entra en las casas y da mucha lástima, porque ahí viven parejas jóvenes a las que se les va a inundar la planta baja", avisa y lamenta su amiga María. "No lo quiera Dios ni la Virgen de la Consolación", espera la primera.
"Es la primera vez que se está desembalsando Torre del Águila al cien por cien", prosigue por su parte el subdelegado del Gobierno. "Hay un aliviadero natural, que ayer estaba echando 83.000 metros cúbicos de agua por segundo. Hoy se está realizando un aliviado de fondo, a través de dos grandes tubos, pero la cantidad sigue siendo la misma. Se trata de vaciar el embalse y hacer hueco para el agua que lloverá en las próximas horas", detalla Toscano.
El problema, en todo caso, se augura mayor con el inicio del fin de semana, porque "las aguas que hoy están en El Palmar acaban llegando hasta El Trobal, Pinzón y Guadalema de los Quinteros", según apunta otro vecino. Se trata de pedanías de Utrera y Los Palacios que ya el año pasado sufrieron la gran inundación de marzo. De hecho, el alcalde de Utrera, Francisco Jiménez, ha acompañado este viernes a Toscano en el puesto de mando avanzado instalado en una galería de dependencias municipales, entre el hogar del pensionista y un local destinado a las hermandades de El Palmar. Hay que tener en cuenta, como recalca el subdelegado del Gobierno, que al desembalse y al desbordamiento del arroyo Salado se les suma el arroyo Los Molares, que confluye con el primero y sólo hoy estaba mandando 3.000 litros por segundo. Una barbaridad, en definitiva.
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