Sevilla

Se buscan adoradores de guardia

  • San Onofre. Nació para dar misas por las ánimas del purgatorio y es capilla de Adoración Perpetua con una red de 600 voluntarios que le dedican una hora semanal.

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SEVILLA oculta y misteriosa en el corazón de la ciudad, en su parte más visible, donde el poder toma su asiento. En la puerta, un  texto: "Si en estos meses de verano dispones de una hora adicional para acompañar al Señor, mira los listados del tablón las horas sin adoradores y anótate".

Se necesitan adoradores para la capilla de San Onofre. Nació a comienzos del siglo XVI para celebrar misas por las ánimas delpurgatorio; con la desamortización del XIX perdió el hospital de las Ánimas y la casa del capellán y desde 2005 está el Santísimo expuesto las 24 horas del día para su Adoración Eucarística Perpetua. Una red invisible de 600 voluntarios, ajena a palmas y méritos, dedican una hora semanal para que siempre haya alguien acompañando al mediador de las ánimas.

El goteo es incesante. Cinco siglos después, si uno lee a Dante no hay demasiados motivos para pensar que el purgatorio ha perdido su sitio, pero las motivaciones son bien distintas. Se trata casi siempre de visitas individuales y oraciones breves, que no subordinadas. Esta devoción es a la fe reglada lo que el relato breve a la literatura o el Metrocentro que tiene parada en la misma puerta de la capilla a la Alta Velocidad.

Se dan muchos perfiles. La señora que sale de rezarle al Santísimo y espera el tranvía; el marido que aguarda en la puerta fumando un cigarrito mientras la esposa pierde la mirada entre las cuatro columnas salomónicas que presiden el retablo, escoltado por San Fernando y San Hermenegildo. El joven que sale de la capilla en bermudas llevando una bolsa de Springfield y desbloquea el móvil, ese decodificador de la teología doméstica. Por la puerta de la capilla pasa cargado de bolsas Enrique Henares, pregonero de la Semana Santa de 2009. La adoración es en cierta forma el antipregón: la oración íntima, interiorizada, la mística genuflexa en la que los sonidos de la partida del tranvía acompañan como campanadas civiles.

Un burgalés lleva a sus amigos, un alcarreño y un navarro, a este lugar que muchos sevillanos desconocen. Luis Tobar, 66 años, trabaja como informático en el Ayuntamiento de Burgos. Desde hace cuatro décadas, un verano viene a Sevilla y otro a Santiago de Compostela. Les habló de la capilla de San Onofre a sus cómplices de paseo, los dos profesores, Santos Barbería, de Pamplona, y Antonio Contreras, de Torremocha del Campo, pueblo de la Alcarria que no sale en el libro de Cela "pero tiene muy buena miel". Vienen caminando desde la Palmera, han visto la capilla de la Virgen de los Reyes, patrona de la ciudad. Siguen su recorrido. Irán a la Campana por Sierpes y volverán por Tetuán. De la calle más literaria a la más comercial. Letras y Ciencias en cómodos plazos.

Juan, sevillano, es capellán de un colegio y Luis, barcelonés, dice misa en la iglesia de San José. Los dos sacerdotes entran en la capilla. El San Onofre titular de la misma se atribuye a Martínez Montañés en la imaginería y a Pacheco en sus remates pictóricos. La capilla y el arco del Ayuntamiento -el popular arquillo donde se coloca el belén navideño y en el que Pepe Guzmán aparcó un día su Seat 1500- son los únicos restos del desaparecido convento Casa Grande de San Francisco. A él debe su sobrenombre el Ayuntamiento, que algunos confunden con delirios de grandeza.

Son dos viajes paralelos: el tranvía al Prado y a San Bernardo, inaugurado el 28 de octubre de 2007, y este tránsito de las ánimas del purgatorio a un mejor destino. Entre la Telefónica y Toscana, tienda de ropa con  rebajas por liquidación, esta Sevilla secreta de adoradores anónimos. Por la puerta pasan un coche de caballos, un profesor de Inglés de Secundaria y Balbino de Bernardo, un bético nacido en la Campana que viene de revisarse las rodillas y es duda para el domingo.    

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