Entrega del IX Premio Manuel Clavero La arquitectura de la memoria

  • Nos faltaron por primera vez don Manuel y nuestro Pepe casi diez años después de la primera cena

La memoria se hace con el recuerdo, se construye al evocar las vivencias que quedaron atrás, cimientos que permiten tener presente a quienes se fueron de este mundo pero dejaron sus obras, su gente, su estilo personal, su visión y su criterio de las cosas. La IX edición del Premio Manuel Clavero fue la primera sin don Manuel y sin nuestro José Moya, gran impulsor del galardón como de tantas iniciativas en las que volcaba su fuerza productiva, tan lejos de la indolencia que lastra la imagen de los andaluces. La noche del lunes se premió a dos arquitectos sabios por humildes y sencillos por discretos. Y, qué casualidad, empezamos a construir como colectivo la memoria de dos sevillanos que nunca faltaron a esta cita. Quiso el destino que así fuera. En una buena muestra de la Sevilla del 29 como es el Casino de la Exposición, en la Sevilla de julio que poco a poco se va quedando vacía con la banda sonora de la chicharra, y muy cerca de una de las obras que Cruz y Ortiz hicieron en la ciudad: la biblioteca Infanta Elena. Un lugar para leer, para encontrarse consigo mismo, un sitio para todas las edades.

Qué poco conoce Sevilla a Los Monchi pese a tener un currículum de obras por todo el mundo. De Sevilla sin complejos y con proyección europea. La primera confesión de uno de los premiados fue reveladora de la discreción natural que es marca de la casa: “Soy Antonio Ortiz”, se presentó ante un auditorio expectante. La inmensa mayoría se cruza con estos profesionales por la calle y no sabe quiénes son. El problema no es de ellos, es de la ciudad en todo caso. Quizás el éxito de los edificios es como el de las coplas: que el pueblo los haga suyos y olvide a los autores. Pero ese olvido jamás puede ser por ignorancia. La ciudad no puede permitir que sus hijos más notables pasen sin el reconocimiento debido. Por eso la noche del lunes fue importante para Sevilla como ciudad. Al igual que lo fue la primera edición del galardón, que hizo posible el gran homenaje público que Sevilla le debía al cardenal Amigo. Podría afirmarse sin riesgo a error alguno que el Premio Clavero contribuye a hacer ciudad.

El presidente Moreno aludió a la estación de Santa Justa, diseñada por Cruz y Ortiz. “Yo mismo la uso mucho”. El calor fue dando paso a una noche más amable justo enfrente del Parque de María Luisa. Antonio Cruz aludió a los compañeros de profesión que estaban en la sala. Nada como el calor de los colegas. Guillermo Vázquez Consuegra y Juan Ruesga estaban en la cena. Y no faltó la sal y pimienta del humor, conscientes los premiados de que el público muchas veces no entiende algunos edificios merecedores de premios:“¿Y a eso le han dado un premio?”, dijo Cruz parafraseando a quienes contemplan quizás un mamotreto galardonado. El lunes no se le concedió un premio a una obra, sino a la trayectoria de dos arquitectos que nunca han levantado polémicas con sus múltiples obras que comprenden desde estadios a viviendas, pasando por estaciones y bibliotecas.

Ortiz hizo una segunda confesión. ¡Cuánto le hubiera gustado conocer a José Moya después de lo que ha leído y oído! Sus tres hijos y esposas estaban en la cita a la que jamás faltó su padre. Para Pepe el premio Clavero era como un Martes Santo de producción particular junto a Diario de Sevilla. La autenticidad del acto tal vez radica y radicará a partir de este año en las mesas donde están los familiares de Clavero y Moya, depositarios de un legado tan propio como de todos los andaluces.

Ver a Concha Yoldi es evocar directamente al empresario en el que se deberían mirar los jóvenes emprendedores andaluces. Yoldi dirige el consejo social de la Hispalense. Y allí estaban el rector de la Universidad de Sevilla, Miguel Ángel Castro; los catedráticos Antonio Pascual, Miguel Ángel de la Rosa y Lola Pons, los abogados Oscar Cisneros, decano del colegio profesional, Carlos López Mariano, socio director de Garrigues, Francisco Baena Bocanegra; Joaquín Moeckel, Ricardo Astorga, José Manuel García Quílez y Eduardo Osborne; Rafael Sánchez Durán, director territorial de Endesa, María Jesús Catalá, directora territorial de Caixabank en Andalucía Occidental y Extremadura, el ex presidente andaluz José Rodríguez de la Borbolla, Pepote para cuantos lo quieren y admiran, los periodistas Ignacio Martínez, patrono de la Fundación Persán y Mariló Montero, consejera editorial de Diario de Sevilla y recién llegada al acto después de presentar la segunda edición de telediario de Canal Sur Televisión; María Luisa Ríos Camacho, directiva del CEU-San Pablo, el pintor y escultor Ricardo Suárez, el consultor José Pérez Benítez, el empresario Ramón Valencia, el delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Ricardo Sánchez, la sonrisa del Gobierno del cambio en Sevilla, entre muchos otros.

El lunes comenzó en cierta manera la forja del recuerdo de dos sevillanos ilustres, porque ambos estarán en el futuro íntimamente ligados a un premio, a una noche, a una ciudad. Clavero y Moya serán siempre a esta cita como los vencejos a la Catedral y al Alcázar. Estarán presentes cada año.