Investigación contra el cáncer

"España tiene la materia prima para avanzar contra el cáncer, pero ni se valora ni se invierte"

  • El investigador del IBIS Manuel Sarmiento dirige desde Sevilla el hallazgo de una nueva terapia capaz de eliminar el tumor cerebral más agresivo

El investigador que dirige el estudio sobre la nueva terapia en el IBIS, Manuel Sarmiento.

El investigador que dirige el estudio sobre la nueva terapia en el IBIS, Manuel Sarmiento. / Juan Carlos Vázquez

El biólogo Manuel Sarmiento tiene todas esas cualidades que se dibujan en un científico. Curiosidad, viveza, ingenio y una singularidad clave en aquellos que se dedican a la investigación: ambición y admiración por su trabajo. "Siempre tengo en mente nuevos proyectos", afirma.

Su equipo de investigación en el Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) ha logrado dar un paso de gigantes hacia la cura del tumor cerebral más agresivo, el glioblastoma, ya que han conseguido eliminar el tumor y la completa remisión de la enfermedad. Atiende a este periódico desde la que que considera su "segunda casa", su laboratorio en la Facultad de Farmacia, y nos habla de sus avances en la investigación del cáncer, también de la hazaña de hacer ciencia de máxima altura con recursos de bajura. Puede que la alegría de los avances conseguidos y demostrados sea doble si sirve de revulsivo para conseguir la financiación que necesita su departamento para continuar sus líneas de investigación.

El glioblastoma es una enfermedad terminal cuya esperanza de vida media es menor a 2 años

Para calibrar el alcance de su investigación basta con mencionar que el cáncer es una de las causas principales de muerte en todo el mundo, con casi diez millones de fallecimientos al año. En el caso de los tumores cerebrales, una de sus principales vías de estudio, el panorama no mejora. En concreto, el glioblastoma es una enfermedad terminal cuya esperanza de vida media es menor a los dos años. Los tratamientos que se aplican actualmente están basados en terapias de más de 30 años de antigüedad, ya que, hasta la fecha, no se han producido avances significativos para combatir de forma eficiente este tipo de tumores. Hasta ahora. El equipo del doctor Sarmiento ha abierto la puerta a la esperanza a los miles de pacientes que cada año son diagnosticados en el mundo.

Sarmiento dirige el equipo de investigación que desde Sevilla, y en colaboración con el Imperial College de Londres, han hallado en varios modelos animales una nueva terapia para el tratamiento del glioblastoma con grandes resultados. "Queremos pensar que estamos más cerca de la eliminación del tumor cerebral más agresivo y tenemos bases científicas para pensarlo", sostiene el investigador. "Pero, en ciencia, siempre es bueno decir, que, por muy tristemente que suene, los resultados nuestros de hoy serán las terapias del mañana si todo va bien", añade.

En el glioblastoma la complicación de su tratamiento deriva de su propia localización, el cerebro. "La diferencia de nuestro fármaco con lo que existe hasta ahora es que normalmente los fármacos o anticuerpos son muy grandes y no pueden entrar en el cerebro para tratar esos tumores que se originan dentro, sin embargo, nuestro fármaco no necesita entrar porque actúa desde fuera activando las células defensivas", manifiesta.

Sarmiento, en el centro, junto a su equipo de investigación en el laboratorio de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Sevilla. Sarmiento, en el centro, junto a su equipo de investigación en el laboratorio de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Sevilla.

Sarmiento, en el centro, junto a su equipo de investigación en el laboratorio de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Sevilla. / Juan Carlos Vázquez

¿En qué consiste la terapia? El doctor Sarmiento lo resume todo al progreso de la inmunoterapia. El "cuarto pilar" contra el cáncer junto a cirugía, quimioterapia y radioterapia. "Se trata de una doble terapia. Por un lado utilizamos la radioterapia, que es el tratamiento que se usa con pacientes con glioblastoma desde hace muchos años, pero, por otro lado, tenemos un fármaco que se llama ADI-PEG20, que lo que hace es eliminar al arginina. La arginina es un aminoácido del que se nutren todas las células para cumplir su funciones vitales. En el caso de las células tumorales, necesitan un mayor aporte de todo este tipo de nutrientes, si se lo quitamos, las estresamos, y, cuando las estresamos, provocamos dos cosas, por un lado el tumor crece menos y, por otro, provocamos una respuesta del sistema inmune contra esas células tumorales. Es decir, esta doble técnica logra parar el tumor y eliminarlo por completo gracias a la reacción del sistema inmune", explica el científico.

Para seguir avanzando hacia su aplicación en humanos queda aún muchos pasos. "Tenemos que dejar muy claro que estamos en una fase experimental, preclínica como nosotros llamamos. Se ha conseguido demostrar perfectamente que funciona en tumores con animales y su publicación en una revista importante. El siguiente paso es intentar fomentar el ensayo clínico", manifiesta.

Los científicos piden más apoyo e inversión en investigación para lograr avances de cara al futuro

Y, para ello, hace falta "mucho dinero". Sarmiento está donde quiere estar, en su tierra, Sevilla, pero no le duele prendas admitir lo duro que resulta trabajar en la vanguardia de la genómica del cáncer, avanzar en el hallazgo de nuevas terapias, identificar nuevos mecanismos de mutación y de la dinámica de las metástasis y otros importantes procesos, con las condiciones de la investigación en nuestro país y, de modo especial, en una ciudad donde los recursos económicos, si llegan, llegan los últimos.

"Me encantaría poder dar una fecha para que este fármaco comenzara a probarse en humanos sin que resultara dentro de unos años una gran mentira. Hace falta inversión, mucho dinero. Los ensayos clínicos valen mucho dinero porque la monitorización que se le hace a este tipo de pacientes requieren de una gran inversión. Si me guio por la etapa media de tiempo en cada fase de estos ensayos clínicos desde nuestro punto hasta que ya está en fase 4, que es cuando ya se está aplicando en pacientes, suelen pasar entre cinco y diez años. Me encantaría pensar que es más próximo a los cinco que a los diez. Pero son todo especulaciones ahora mismo", sostiene.

"Tienen que confiar más en nosotros. Este avance se ha conseguido aquí, en la casa, con investigadores españoles, pero, lastimosamente, gracias a financiación extranjera. España tiene la materia prima para avanzar contra el cáncer, pero ni se valora ni se invierte lo suficiente. Hay que confiar un poco más en que la inversión que se hace hoy va a tener un impacto en 10 ó 15 años. Hay numerosos estudios que demuestran que es beneficioso invertir en investigación porque al final resulta rentable a largo plazo económicamente. Ojalá no tuviesen aquí esta mentalidad tan cortoplacista con los presupuestos y se confiará en la investigación. En que somos eficientes y somos rentables, pero, claro, a largo plazo", reivindica.

Una de las investigadoras mientras llena un tubo de ensayo. Una de las investigadoras mientras llena un tubo de ensayo.

Una de las investigadoras mientras llena un tubo de ensayo. / Juan Carlos Vázquez

Aún así, se muestra optimista y confiado en que este proyecto no va quedar en otra terapia en potencia que no llega a ninguna parte. "Tenemos las bases para que esta terapia salga adelante y lleguemos al ensayo clínico porque el inventor del fármaco, que pertenece a la compañía Polaris, que es la que tiene la patente del mismo, participa en nuestro estudio, quiere realizarlo y lo va a empezar a desarrollar en Reino Unido. Pero no sólo eso. También tenemos las bases científicas que respaldan su aplicación porque este fármaco ya se está utilizando en tres ensayos clínicos con cáncer de hígado, leucemia y pulmón, es decir, tumores muy agresivos con los que está dando muy buenos resultados. Eso nos está dando mucha información sobre cómo funciona y sus posibles efectos secundarios, que son mínimos, entonces eso nos da pie a confiar e que este ensayo clínico vaya a ocurrir", argumenta. 

Para cuando eso llegue, Sarmiento da algunas claves sobre el perfil del paciente que podrá beneficiarse de esta nueva terapia. "No cualquier paciente de glioblastoma entraría en estos ensayos. Nosotros prestamos especial atención al nivel de expresión de una enzima muy presente en la síntesis de arginina, esa encima se llama ASS1 y puede estar activada o silenciada. Nuestro estudio se ha centrado en aquellos donde la ASS1 está activa. Al mismo tiempo, es muy importante también señalar que nuestros experimentos se han llevado a cabo en tumores que todavía no han sido operados o tratados con radio o quimio. En esas primeras fases tendremos que ir viendo si el fármaco funciona también con pacientes que ya llevan consigo otros tratamientos como cirugía, quimio o radio", explica.

Mientras tanto, el equipo de Manuel Sarmiento no tiene límites. Convencido de que las metástasis son el mayor desafío dentro de la investigación contra el cáncer en estos momentos, el investigador del IBIS tiene en mente abrir a corto plazo una nueva línea de investigación con este fármaco en casos de metástasis cerebral del cáncer de mama. "Tenemos indicios para pensar que este fármaco también podría funcionar en metástasis cerebral. Así que mi primera intención es hacer unos primeros experimentos pilotos con modelos animales y ver su potencial efecto en la metástasis cerebral del cáncer de mama. Este es ahora mismo uno de mis principales proyectos para empezar en los próximos meses", detalla.

Manuel Sarmiento es licenciado en Biología por la Universidad de Sevilla, Doctor por la misma institución académica, aclamado investigador con varias líneas de investigación propias y, desde hace unos meses, tiene plaza fija como profesor universitario. ¿Se puede pedir más? Como científico, apunta a lo más alto tal y como demuestran sus últimos avances. Mientras va cumpliendo metas, le enorgullece saber que avanza en algo que va a ayudar a mucha gente y no pierde la oportunidad de reivindicarse. "Haber trabajado durante muchos años fuera me da la perspectiva de que no hay ninguna institución de prestigio que conozcamos, Cambridge, Harvard u Oxford, que no esté liderada o constituida por un investigador español. Si todo eso lo tuviéramos en casa, seríamos muy fuertes. Pero si no hay inversión, siempre dependeremos de lo que se haga a miles de kilómetros", concluye.

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