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El general que no daba titulares

  • Laurentino Ceña, que pasó nueve años en Sevilla, rompe con su condición de hombre discreto con una dimisión que refleja el malestar en la Guardia Civil

El general que no daba titulares El general que no daba titulares

El general que no daba titulares

El general Laurentino Ceña Coro, figura clave en la tormenta política que se ha desatado en el seno de la Guardia Civil, estuvo durante nueve años al frente del instituto armado en Sevilla. Primero fue jefe de la comandancia y después ascendió a general y mandó la IV Zona, que comprende toda Andalucía, Ceuta y Melilla. Su paso por la capital andaluza fue muy discreto. Nunca dio una entrevista, ni siquiera una declaración más alta que otra en sus discursos, y se supo mover en los círculos políticos. Tanto que lo designó el PP como máximo responsable uniformado del cuerpo y fue renovado por el PSOE a su llegada al poder tras la moción de censura. Quizás por eso tiene más carga simbólica su dimisión, en una clara señal de protesta tras la destitución del jefe de la comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, a raíz del informe elaborado por la Guardia Civil sobre las presuntas responsabilidades penales del Gobierno al autorizar la marcha feminista del 8 de marzo cuando el coronavirus ya se estaba expandiendo por España.

De Ceña se dice que es un hombre parco en palabras y distante en el trato Se movió bien entre los políticos, siendo nombrado por Zoido y renovado por el PSOE

Su gesto, el de presentar la renuncia y marcharse al entender que había una clara injerencia del poder político en la Guardia Civil, condensa el malestar de miles de agentes del instituto armado por la crisis abierta por el ministro del Interior tras el cese de Pérez de los Cobos. Ceña ha dado el paso de presentar su renuncia cuando estaba ya a punto de jubilarse, por lo que el detalle cobra si cabe más fuerza. El general no tendrá la despedida deseada, pero se va con el aprecio de la gente a la que mandó. Ceña tenía que haber pasado a la reserva en marzo, pero Interior lo mantuvo en el cargo hasta que finalizara el estado de alarma. El cese del jefe de la comandancia de Madrid, una decisión que el Gobierno tomó sin consultarle, aceleró su salida.

Antes, Ceña estuvo dando las novedades en la rueda de prensa diaria que el Gobierno ofrecía para valorar los datos del coronavirus. Lo hizo hasta que empezó a mostrar síntomas compatibles con el Covid-19 y fue relevado en esta función. Siguió aislado al frente de la Guardia Civil como DAO (Director Adjunto Operativo), una figura que el Ejecutivo socialista recuperó después de que el anterior Gobierno del PP la eliminara. En la práctica, Ceña era el jefe del cuerpo y máximo responsable técnico, sólo por detrás de la directora general de la Guardia Civil, María Gámez, que permanece desaparecida de la escena pública durante toda la crisis en la institución.

Ceña siempre tuvo habilidad para tratar con los políticos. La prueba está en que se lo llevó a Madrid Juan Ignacio Zoido cuando fue nombrado ministro del Interior y lo renovó Fernando Grande-Marlaska a la llegada de los socialistas al poder. Zoido quería tirar de profesionales de confianza para dirigir las Fuerzas de Seguridad. Así, propuso a Ceña para dirigir la Guardia Civil al igual que hizo lo propio con el comisario José Antonio de la Rosa para colocarlo al frente de la Policía Nacional. Zoido conocía bien a Ceña, pues fue el general jefe de la IV Zona durante el periodo en que el primero fue alcalde, y coincidieron en decenas de actos públicos.

Con el cambio de Gobierno, Ceña adquirió incluso más poder del que tenía, pues quedó al frente de la Guardia Civil en solitario. Lo hizo además en medio de una de las primeras polémicas que el nuevo Ejecutivo tendría con el instituto armado, que fue la destitución del coronel Manuel Sánchez Corbí al frente de la Unidad Central Operativa (UCO), que había investigado los principales casos de corrupción en España y que había esclarecido crímenes muy mediáticos, como el de Diana Quer. Como a Pérez de los Cobos, Marlaska cesó a Corbí por "pérdida de confianza", aunque luego se supo que la destitución estaba relacionada con un correo electrónico pidiendo más recursos que se filtró a la prensa.

De Ceña se dice que es una persona parca en palabras, que no se mezcla demasiado con la tropa y que nunca fue alguien que transmitiera cercanía. En sus intervenciones públicas utilizó siempre un discurso plano, alejado de los titulares y en el que nunca faltó una referencia a las víctimas de ETA.

Los periodistas que cubren habitualmente la información de sucesos pueden decir que fue siempre exquisito en el trato con ellos, y que durante su mandato se organizaron al menos un par de comidas para estrechar lazos entre los informadores y el instituto armado. Eso sí, pocas noticias salieron de aquellas reuniones, pues si algo llevan a gala los guardias civiles es lo de no revelar nada de lo que hacen en su día a día. Cualquier trato con la prensa se mantuvo siempre en el off the record, pues no concedió ni una sola entrevista durante sus nueve años en Sevilla. Y no sería por falta de peticiones.

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