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En la lista de bodas, un ramo de endecasílabo

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Una veintena de poetas se suman en el Ateneo a los fastos de la boda imperial. Dos de los invitados, Boscán y Navagiero, sentaron las bases del Renacimiento

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Los poetas, en el Ateneo, antes de su recital conmemorativo. / M. G.

Éste sábado 7 de marzo es la media aritmética y cronológica entre el día 3, cuando entra en Sevilla la futura emperatriz Isabel de Portugal, y el día 10, cuando lo hace el que será su esposo, Carlos V. Quinientos años después de la boda que se celebró en el Alcázar, Sevilla ha puesto en la lista de bodas un regalo llamado la Fiesta del Endecasílabo. Fue uno de los invitados al enlace, tal vez el que más tiempo haya permanecido entre nosotros.

Casi una veintena de poetas llevaron al Ateneo de Sevilla esta tarta de versos. El maestro de ceremonias fue José Vallecillo, presidente de la sección de Literatura de la docta Casa. La coincidencia en el Alcázar entre los invitados de Juan Boscán y Andrea Navagiero, embajador de Venecia, supuso la primera piedra de la entrada del Renacimiento en España. Italia era el modelo. Petrarca, su nuevo testamento; Horacio, Virgilio y Ovidio, el antiguo.

En aquel encuentro también estuvo el conde Baltasar Castiglione, nuncio en España del papa Clemente VI “y tal vez Garcilaso de la Vega”, escribe Juan de Mata Carriazo en su obra ‘La boda del Emperador’, “gentilhombre del Emperador. Aquí se inició aquella amistad literaria, perfeccionada en los bosques de la Alhambra, por la que se introdujo en España una reforma poética, llevada a su apogeo en las églogas inmortales, en las que Garcilaso canta su amor por doña Isabel Freyre, dama de a Emperatriz”.

La Fiesta del Endecasílabo la ha coordinado Pilar Alcalá. Dice Vallecillo que era algo frecuente en el Ateneo: la fiesta del Ultra, la del Madrigal, la del Soneto del 2 de marzo de 1912 que alentó José María Izquierdo, por no hablar del encuentro de poetas que dio lugar a la generación del 27. En el salón de actos del Ateneo estaba Enrique Sánchez, líder del grupo musical Los Escarabajos. Lucía una camiseta acorde con el acto en la que se leía ‘Soneteando, que es gerundio’. Su abuelo, José María Romero Martínez, aparece en la histórica foto de poetas cuando presidía el Ateneo Blasco Garzón.

La velada se amenizó con tres sonatas de Bach interpretadas por tres jovencísimas violinistas. Una música para evocar ese modelo italianizante que entra en España por el marqués de Santillana, un legado que llega hasta Fernando de Herrera, que da nombre a la plaza donde Orfila se junta con José Gestoso.

Y fueron llegando los regalos a la vitrina de los novios. El primero, de Onofre Rojano, un poeta que durante cuarenta años trabajó en la Renault. Rafael Reina puso voz a versos de su libro ‘Razón de mí’. ‘Qué desespero’ se titulaba el poema de Carmen Alfonso. Palabra que es verbo y sustantivo. Tomás Sánchez Rubio leyó un soneto de homenaje a Espronceda. En marzo es el aniversario de su muerte, con 34 años, los que tenía Bécquer. La edad a la que se morían los románticos.

El enlace conyugal fue un puente poético entre Petrarca y Garcilaso

Unos traían el libro, otros unas cuartillas, como López Coronado. Víctor Jiménez ‘desclasificó’ versos de su libro ‘Taberna inglesa’, que publicó hace dos décadas. ‘Patíbulo de amor’ es el título del poema de Manuel Rámila de Alarcón, muy propio para los tiempos de Cuaresma en los que se celebró la boda. Ecos de Camarón “a golpe de martinete y chatarra” en los versos poligoneros de Álvaro Cueli. La boda se celebró en el Alcázar, que María Jesús Soler tradujo al árabe, una ciudad dentro de otra en la que corría la sangre, “unas veces cruel, otra justiciera”.

“No quiero verte sola”. El título del poema de Francisco Javier González Ponce pudo salir de los labios de Carlos V en la primera visión de su prometida. El poema ‘Los héroes’ se lo dedica Victoria León a su tío-abuelo. El de Valentín Navarro, poeta de Utrera, se titula ‘Movimiento de luz’ y lo publicó la Diputación de Salamanca. Un verso de Francisco Brines, unas notas de ‘Carmina Burana’ están en la aportación de Pilar Alcalá, ‘Las malgastadas espadañas’.

El amor vale un imperio. Rosario F. Cartes invocó a quien vino “a conjugar los misterios del amor y a celebrarlos”, una celebración en marzo “en la ciudad de abril”. Antonio Rodríguez Almodóvar, trotamundos de los cuentos, no leyó los 303 versos de un poema que le publicó Renacimiento en 1994, su primer libro de poesía, ‘A pesar de los dioses’. José Antonio Ramírez Lozano es extremeño de cuna y se fue a Extremadura con su ‘Elegía de Yuste’. Se le aparece en sueños a Carlos V el fantasma de Isabel, trazos de Durero y Tiziano. “¿Qué cosa te atormenta, Carlos mío?”.

Manuel Ángel Vázquez Medel sabe de centenarios. Ya fue el comisario del siglo de Francisco Ayala. Titula su aportación ‘Soneto al endecasílabo’, un poema inédito, “muchos siglos de luz y de palabra hacen de ti el príncipe del verso”. El Renacimiento es un puente entre Petrarca y Garcilaso, el poeta-soldado de quien Alberti hubiera querido ser su escudero.

De Petrarca es un encendido defensor Jacobo Cortines, adalid de Vandalia, que se sumó a esta mesa de invitados de la poesía y que el 11 de marzo, el día que se conmemoran los 500 años de la boda, dará un recital en el Aula de Poesía del Ateneo en el décimo cuarto curso académico. Leyó su poema ‘Los adioses’. Una catarata de despedidas personales y familiares. Su tiempo y sus tiempos: la infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez. Las ausencias de quienes conformaron sus presencias: sus padres, sus hermanos, el amor cómplice de su vida, que como en el caso de Carlos V con Isabel también se le adelantó en la aduana de Caronte.

Se llenó el patio de butacas para asistir a esta reedición coral del encuentro de Boscán y Navagiero en el Alcázar y en la Alhambra. Cinco siglos de amor conmemorados en estos tiempos de guerra. El emperador que apadrinó la primera Vuelta al Mundo se trajo el Mundo a Sevilla. “… como le arranca el hierro de la herida…”. Una señora repetía este verso de Jacobo Cortines y decía: “le hace un guiño a Bécquer”.

Ramón Carande convirtió en un clásico su monumental trabajo ‘Carlos V y sus banqueros’. Cruzado el primer cuarto de siglo del XXI, aparece ‘Carlos V y sus poetas’. Si Garcilaso viviera…

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