Cuando la maternidad penaliza la carrera profesional: "Me iban a despedir, les dije que estaba embarazada y tuvieron que parar"
El testimonio de Rocío, una experta en Derecho Laboral y Recursos Humanos, relata cómo sufrió el 'mobbing' maternal en una multinacional que la vació de funciones y urdió su despido justo cuando esperaba a su tercer hijo
El apellido de las madres toma la firma en Diario de Sevilla por el 8M
Rocío no se llama Rocío. Es una de tantas mujeres que se han visto obligadas entre "ser madre o trabajar", y ha elegido un nombre ficticio para armarse del valor necesario para contar una realidad por la que, lamentablemente, no solo pasa ella. Tiene 37 años, es sevillana y abogada especializada en Recursos Humanos y Compliance (cumplimiento normativo) y ha sufrido en sus propias carnes las peores prácticas que un departamento de personal puede ejercer sobre una trabajadora. Ha estado vinculada a una potente multinacional estadounidense del sector agrícola radicada en Andalucía, pero le tocado vivir un calvario que la empujó a una situación que pone nuevamente en el debate social sobre la maternidad y los cuidados.
Tras sobrevivir a un ERE en su sector y con una sólida experiencia internacional, en agosto de 2021 llamaron a su puerta para levantar el área de Compliance de esta nueva compañía. Sin embargo, las líneas rojas se cruzaron desde la misma entrevista de trabajo. "Me preguntaron si iba a ser madre, algo que de entrada es ilegal. Y también me preguntaron si era cristiana y si iba a misa", recuerda aún con incredulidad. Pese a lo insólito del interrogatorio, aceptó el reto. Nunca ocultó su deseo de formar una familia y, a los pocos meses de firmar su contrato, se quedó embarazada de su primer hijo.
El castigo silencioso por conciliar
Lejos de encontrar el respaldo que promulgaba la supuesta filosofía estadounidense de la empresa sobre conciliación, Rocío se topó con una responsable directa que comenzó a aislarla sistemáticamente. Tras su primera baja, y especialmente al encadenar un segundo embarazo, la estructura del departamento mutó. Quien había sido contratada originalmente para ser su subordinada o apoyo, terminó pasando por encima de ella. Hoy, consciente de cómo fueron arrinconando sus méritos, Rocío lo explica de forma pausada pero rotunda: "Me dejaban haciendo tareas de archivo documental o las más básicas por ser supuestamente prioritarias. Los proyectos propios como el plan de igualdad no me daba tiempo a implementarlo por no tener tiempo", apunta.
La realidad es que me fueron relegando a las tareas más mecánicas y cotidianas".
El mobbing maternal comenzó a ser aún más intenso a la vuelta de su segunda baja en la evaluación anual de desempeño. Asegura que le recriminaron no haber alcanzado ciertos objetivos, ignorando deliberadamente que había estado de baja maternal y de lactancia; cuando además no había podido ni desempeñar en tiempo las labores que se requerían en plazo para los mencionados objetivos "No me puedes evaluar en un año si he estado seis meses fuera por baja. Me estás penalizando por estar fuera", denuncia abiertamente.
"Ya iba con miedo a trabajar"
El clima se volvió irrespirable. Relegada a un plano invisible, Rocío descubrió que estaba embarazada por tercera vez y apenas unas semanas después de conocer su estado, la convocaron a una reunión sorpresa con su jefa y la abogada de la empresa. La excusa oficial: "Me sentaron y me dijeron que estaba sobrecualificada para mis tareas, que no me veían contenta... Un rollo sin causa objetiva", relata. Fue en ese preciso instante cuando Rocío plantó cara a la farsa. "Les dije: 'No me mintáis en mi cara. A mí me estáis despidiendo porque me he quedado embarazada'". Cuando deslizaron sobre la mesa los papeles del despido con una oferta de compensación económica, ella paralizó la sala: "No me vais a dar nada porque ahora mismo estoy embarazada". El efecto fue automático. Las responsables tuvieron que recoger los documentos de un despido que automáticamente sería nulo, lo que hizo saltar por los aires la maniobra de la multinacional.
Ansiedad y un acuerdo para sobrevivir
La tensión acumulada era insoportable y derivó en severas crisis de ansiedad. Como último recurso, Rocío intentó utilizar el canal de denuncias interno —una herramienta que ella misma había ayudado a implementar—, pero la respuesta corporativa fue lavarse las manos: "Me contestaron que ese tema no se llevaba por ahí". Finalmente, ante un desgaste psicológico que seguía creciendo, Rocío priorizó su salud mental y su supervivencia firmando un acuerdo económico para salir de allí y poder cerrar definitivamente un capítulo oscuro en su carrera que tristemente ha ocurrido en el momento en el que las mujeres han de tener la mayor tribu posible alrededor al convertirse en madres: apoyo, sostén, cuidados, tranquilidad y red.
Hoy, meses después del infierno, está en proceso de reconstruir su autoestima profesional mientras observa cómo su antigua empresa, en un giro irónico de los acontecimientos, busca desesperadamente en el mercado a una especialista en Compliance. Exactamente su mismo perfil. "Me doy cuenta de que me han hecho mucho daño, me han ido denigrando poco a poco. Pero esto no me ha desviado de mi centro, que son mis hijos y mi vida", concluye Rocío. Su testimonio pone voz, al fin, a un silencio que demasiadas madres trabajadoras aún se ven obligadas a guardar.
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