Universidad de Sevilla

Los orígenes de los mapas hispanoamericanos

  • Un investigador de la Universidad de Sevilla ha publicado un estudio sobre una serie de documentos manuscritos de distintas zonas de México que imitan la cartografía impresa en Europa

Uno de los mapas analizados por el profesor Manuel Morato, de la Universidad de Sevilla Uno de los mapas analizados por el profesor Manuel Morato, de la Universidad de Sevilla

Uno de los mapas analizados por el profesor Manuel Morato, de la Universidad de Sevilla / M. G.

Un investigador de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ETSI) de la Universidad de Sevilla ha publicado un estudio sobre una serie de mapas manuscritos que imitaban a los mapas impresos en los inicios de la cartografía hispanoamericana. Todos los ejemplares analizados están realizados a plumilla entre 1579 y 1580 y corresponden a distintas zonas mineras de México.

Tras la colonización de América, la Corona española tuvo la necesidad de conocer y representar los nuevos territorios ultramarinos para su control y delimitación, según explica el profesor y arquitecto Manuel Morato, responsable de la investigación. "Como no podían mandar a una legión de cartógrafos al Nuevo Mundo, el rey Felipe II ordenó a los alcaldes de los nuevos territorios responder a una serie de cuestiones sobre la geografía, topografía, toponimia o recursos de la zona, además de realizar mapas de la región, indicando los accidentes geográficos, las poblaciones y vías de comunicación. La idea era unir todos los mapas como si fuera un puzzle y tener así una idea general del territorio", indica Morato. Este magno proyecto se conoce como Relaciones Geográficas de Indias.

"Los mapas que llegaron a España eran de lo más variopinto y naif", añade el profesor. Pero entre estos documentos hay un conjunto de mapas, siete en total, hallados en el Archivo General de Indias de Sevilla y en la Benson Latin American Collection de la Universidad de Texas, que se caracterizan por un estilo peculiar, ya que tratan de imitar el estilo de los mapas grabados que se venían realizando en Europa en la época. Estos mapas siguieron una corriente inversa a la que se observa en los primeros mapas impresos, que trataron de imitar el estilo de los mapas manuscritos. Todos están realizados a plumilla, son de distinta zonas mineras de México y están realizados entre 1579 a 1580, según el estudio llevado a cabo y publicado recientemente por el profesor Morato, con el apoyo de dos expertos de la Universidad de Texas y de la Real Academia de la Historia de Madrid.

El profesor Morato ya publicó hace un año un estudio sobre el mapa de Tlacotalpa realizado por el navegante sevillano Francisco Gali

"Según los documentos encontrados, parece ser que los autores de estos mapas, que creemos que eran españoles o criollos, tuvieron a los documentos impresos en tan alta estima que pusieron más empeño en reproducir las características de la impresión que en describir la geografía de las regiones que representaron. Es decir, imitaban, no el arte de los mapas, sino el de las estampas sobre paisajes que ilustraban los libros, imágenes que ellos conocían dada la gran difusión que tuvieron no sólo en la Europa del siglo XVI, sino también en Centroamérica", señala el profesor de la Universidad de Sevilla Manuel Morato.

Aunque todos los mapas están hechos al estilo europeo, también muestran algunas características que sugieren influencias de la cartografía indígena, como huellas de pies en los caminos y remolinos en los ríos, en los que también se representan peces en la superficie del agua. Estas convenciones indígenas en coexistencia con las prácticas cartográficas europeas sugieren un esfuerzo de adaptación entre los dos modos cartográficos. "Los autores de estos mapas pueden haber mezclado inconscientemente convenciones europeas y nativas", añade este investigador.

Uno de los mapas analizados por la Universidad de Sevilla Uno de los mapas analizados por la Universidad de Sevilla

Uno de los mapas analizados por la Universidad de Sevilla / M. G.

Además, los expertos que han participado en este estudio han identificado la influencia de otra práctica renacentista que se originó en los portulanos: dibujos de escenas figurativas de indígenas y animales de la región, como el ciervo, el conejo, el buitre y el armadillo. "Posiblemente la representación desproporcionada de estos animales sea una forma de enfatizar las especies animales características de la región o, como en el caso del armadillo, resaltar aquellas especies exóticas desconocidas en España", comenta Morato.

Ante estos indicios parece ser que los mapas estudiados son el resultado del deseo de sus autores de lograr un ideal cartográfico: la estética de los mapas impresos. "Son un producto híbrido, ya que no sólo se vieron influenciados por los dibujos grabados en madera, tanto en los mapas impresos como en las ilustraciones de los libros; sino que también contienen otras convenciones tomadas de tradiciones indígenas y prácticas europeas previas al Renacimiento”, explica el profesor de la Universidad de Sevilla.

El profesor de Ingeniería Gráfica Manuel Morato inició sus investigaciones sobre la cartografía hispanoamericana del siglo XVI en 2010 a raíz de su tesis doctoral. Hace un año, Morato ya publicó otro estudio sobre el mapa de Tlacotalpa (pequeño pueblo fluvial de México) realizado por el navegante, explorador, cosmógrafo y cartógrafo sevillano Francisco Gali en 1580, personaje en el que pretende profundizar en su siguiente investigación.

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