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Plaza Nueva: Victoria Martínez Ocón

“Nunca me había puesto tantos trajes en toda mi vida”

  • Granadina de cuna, llegó a Sevilla y se hizo socialista en Bellavista. Ya fue en las listas del 79. Veinte años después, la llamó el cuñado de Monteseirín. Fue delegada de Igualdad y de la Mujer. Dos nietos mellizos

Victoria Martínez Ocón, junto al Ayuntamiento del que formó parte durante ocho años. Victoria Martínez Ocón, junto al Ayuntamiento del que formó parte durante ocho años.

Victoria Martínez Ocón, junto al Ayuntamiento del que formó parte durante ocho años. / Belén Vargas

LLEGÓ al Ayuntamiento después de ocho años de sequía socialista. Victoria Martínez Ocón (Deifontes, Granada, 1952), se hizo del PSOE en los dominios de Felipe y en los plenos era compañera de bancada de Susana Díaz.

–¿Cómo fue su infancia?

–Nací en Deifontes, muy cerca de Iznalloz, donde vivía mi familia. Mi padre cuidaba cabras y se hizo cabrero de oficio. Después trabajó de conductor y se puso un año más de edad para que lo movilizaran en la guerra, que la vivió en el norte. Fue un currante. Mi madre, que ha muerto con 96 años, tuvo diez hijos y nunca nos faltó de nada. Yo soy la quinta, la del medio.

–¿Cuándo llega a Sevilla?

–Con cinco años. Mi padre vino a trabajar en Dragados y nos fuimos a Bellavista.

–¿Conoció a Felipe González?

–Él vivía en la calle Rosas y yo en Guadalajara, tres calles más abajo. Allí entro en contacto con la UGT, las Juventudes y el PSOE. Con la gente del Canal, los comunistas. La primera Casa del Pueblo de Bellavista estaba alquilada a mi nombre, en 1974.

¿Cómo se hace socialista?

–Por un hermano más chico que yo que con catorce años ya empezó a tontear con el Partido en el instituto. Él ha sido mucho más político que yo. Con 16 entro en la UGT. Afiliada de pagar la cuota.

¿El trabajo hizo el resto?

–Mi primer trabajo remunerado fue en una empresa de envasado de aceitunas en Dos Hermanas.

–Fue en las municipales del 79.

–Veinte años después, en 1999, creía que de número ocho también iba de relleno.

–En los 10 primeros, cuatro mujeres: Piedad Bolaños, Evangelina Naranjo, usted, Susana Díaz.

–Con Evangelina coincidía mucho y he vivido muy cerca de Piedad, hacíamos muy buenas migas. Estaba sentada al lado de Susana.

–¿’Compañeras’ de pupitre?

–¡Me daba un lote de reír con ella! Y ella conmigo también. Entró muy joven. Yo tengo una hija de 38 años y un hijo de 36. Es que Susana Díaz podía ser mi hija.

–¿Sigue militando?

–Lo dejé cuando me jubilé. Ni el PSOE es el PSOE que yo he vivido ni mi sueño era llegar a concejal, aunque en aquellos ocho años Sevilla cambió por completo.

Fue delegada de Igualdad y de la Mujer, dos banderas que después cogería Zapatero...

–Sí, porque Aznar era retrógrado, un machista con alevosía. Mucho peor que el Gobierno de Suárez.

–¿Le llamó Alfredo Sánchez Monteseirín para ir en la lista?

–Me llamó su cuñado, Luis Navarrete. Yo estaba en una reunión de la UGT.Le dije que si mi presencia servía para arrastrar un par de votos. Si no sacábamos ocho concejales, estábamos listos.

–Después de ocho años de gobiernos PA-PP, ¿cuál de los dos dejó más huella cuando llegaron ustedes al gobierno municipal?

–Soledad Becerril venía de lejos, tenía un poso en política. A Rojas-Marcos lo recuerdo con mucho cariño, una persona muy interesante que creó un partido que nacía de un sentimiento.

–Con tantos hermanos en su casa, ¿hay votos para todos?

–De derecha ninguno, estaría bueno.

–¿Qué aficiones ha cultivado?

–Me gustan muchas cosas: el deporte, el cine, la música. No he tenido mucho tiempo para cultivarlas. Hablaba con una amiga de la cantidad de cosas que he dejado por hacer, pero no me arrepiento de ningunas de las que he hecho. Me hubiera gustado preocuparme un poco más de mí.

–¿Y no tanto de los demás?

–No lo he querido decir, para no parecer petulante.

–Fue delegada del Distrito Centro. ¿Se topó con la Sevilla profunda?

–Fue una experiencia muy interesante. A una escala pequeña, creo que se hicieron cambios importantes en la ciudad. Fue una suerte participar en ese trabajo.

–¿Repetirá en la Junta su antigua compañera de ‘pupitre’?

–Entramos en terrenos movedizos. No me gusta mucho lo que está pasando.

–¿En qué cambió su vida cuando salió del Ayuntamiento?

–Nunca me había puesto tantos trajes. Desde que dejé el Ayuntamiento creo que no me he vuelto a poner ninguno.

¿Estuvo en los palcos de la Semana Santa?

–Bastantes veces. Soy atea-atea, y mi pueblo quiere decir Fuentes de Dios. El alcalde puso orden y dijo que no dejáramos ningún sitio vacío para que lo ocupara el PP. Cuando terminó la procesión, salí en una foto del ABC que me destacaba como la concejala más elegante. Hay que ver la gente, el tonteo que tiene en Sevilla.

–¿Cuál es su paraíso?

–Conil. Yo ahora me cuido más que por mí, para disfrutar de mis nietos, dos mellizos de 16 meses.

Usted no tiene ‘nombre’, pero tiene mucha historia...

–Cuando Alfredo, el que iba a ser mi alcalde, entró en las Juventudes Socialistas, yo era la secretaria de Organización.

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