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Un río de oportunidades fallidas

Veinte años en busca de una playa para Sevilla

  • El pionero fue Rojas Marcos, pero la costa prometida por el andalucista que fue motivo de mofa se ha convertido en una promesa electoral que todos los partidos han reinterpretado pero ninguno ha logrado hacer realidad una zona fluvial para el baño y el ocio

  • Galería de fotos en zonas de baño históricas en la capital

Dos jóvenes toman el sol en uno de los muelles del río en  Sevilla.

Dos jóvenes toman el sol en uno de los muelles del río en Sevilla. / M. G.

Cuando en la campaña de las elecciones de 1999 Alejandro Rojas Marcos anunció que haría una playa en el meandro de San Jerónimo muchos se cachondearon del andalucista y sus megalómanas ocurrencias. Pero desde entonces no ha habido alcalde en Sevilla que no haya prometido, con más o menos complejo, una zona de ocio fluvial para el descanso o el baño. Y es que la idea, que esta semana ha rescatado el grupo de Adelante Sevilla en el Ayuntamiento de Sevilla, si no es del tiempo de Maricastaña, una frase popular que se refiere a un personaje del siglo XIV, sí lo es de la época de María Trifulca, como se conocía a la más célebre playa que tuvo Sevilla a mediados del siglo XX y que estuvo en funcionamiento hasta los años 60.

Ese arenal bajo lo que hoy es el Puente del Centenario no es precisamente el modelo, dado que se convirtió en un lugar para el recreo de familias, peligroso por los múltiples ahogamientos registrados, pero también un reducto de prostitución, mala vida y trifulcas que invitaron a su desaparición. Pero sí es la referencia más reciente de un uso del río para el ocio y el baño que, desde hace décadas, la ciudad no ha sabido rentabilizar. Lo de María Trifulca, como también antes las playas de Chapina, Los Humeros y La Barqueta, quedan para los anales de la historia de Sevilla, una ciudad que se ha mirado en la lámina de agua de otras capitales fluviales como París, Lisboa, Ámsterdam y también Oslo.

Antes que Rojas Marcos estuvo el conde de Halcón, que fue alcalde de Sevilla en tres etapas distintas, la última en los años 60, y que ya planteó una playa fluvial. Pero treinta años después de aquel primer proyecto que el andalucista encargó al ingeniero José Luis Manzanares y que Ayesa presupuestó en 566 millones de pesetas, con un innovador sistema para inyectar oxígeno y regenerar el agua, en los cajones de la Plaza Nueva se han guardado más de una iniciativa fallida.

La del PA era una playa con todos sus servicios, como la de cualquier ciudad costera: su ubicación era la margen izquierda del río en San Jerónimo y El Alamillo por la margen derecha, tendría 60.000 metros cúbicos de arena, procedentes del propio río, una profundidad de hasta ocho metros y una pendiente muy acusada para producir incluso oleaje artificial con chorros de aire y una zona verde para chiringuitos y juegos infantiles. 

Seis años después, en 2005, el equipo de gobierno municipal formado por PSOE e IU anunció un proyecto denominado Enclave río que, aunque no contemplaba la autorización del baño, sí la instalación de sombrillas y chiringuitos. En concreto, dos solarios, uno de ellos entre el Puente del Alamillo y el Monumento a Colón, que se habilitaría durante los meses de verano y coincidirá con el lugar previsto para la playa del Rojas Marcos. La intención era crear otra zona para tomar el sol en Chapina, de manera que la costa sevillana discurriese entre el Puente de Triana y el meandro de San Jerónimo. Una iniciativa al estilo de la playa del Sena en París.

Recreación de las piscinas proyectadas por el gobierno de Zoido. Recreación de las piscinas proyectadas por el gobierno de Zoido.

Recreación de las piscinas proyectadas por el gobierno de Zoido.

Monteseirín agotó sus mandatos y no clavó ni un solo toldo junto al río. Dos años después, en 2007, estando en la oposición todavía el popular Juan Ignacio Zoido lanzó su proyecto que, más que una playa, eran dos piscinas olímpicas y públicas en el río, con las que pretendía que los sevillanos conquistaran de nuevo la dársena. Estas instalaciones iban a ser el complemento al fallido Paseo del Arte, una zona para el ocio y la cultura que salió a concurso quedando desierto, a pesar de que Zoido calificó siempre su promesa electoral de proyecto realista, pese a lo ambicioso, equipamientos pioneros en España pero que ya estaban en funcionamiento en Dinamarca, Copenhague o Alemania. El PP ganó las elecciones en 2011 pero el proyecto, para el que se anunció plazos y coste, unos 3,5 millones de euros cada piscina, se hundió igualmente en el río. 

Zoido abandonó la Alcaldía y su sucesor, Juan Espadas, también llegó con una idea propia bajo el brazo, que había defendido ya en 2011. Más discreta y parecida al Enclave río que ideó el también socialista Monteseirín. Bajo el nombre de Proyecto Guadalquivir, la intención era recuperar  las márgenes del río entre las instalaciones de Altadis y el muelle de las Delicias hasta San Jerónimo con cinco actuaciones señeras, punteras e innovadoras que servirían para potenciar el desarrollo turístico, de ocio, restauración, deportivo y medioambiental de la ciudad.

Recreación del microdomos del Proyecto Guadalquivir del PSOE. Recreación del microdomos del Proyecto Guadalquivir del PSOE.

Recreación del microdomos del Proyecto Guadalquivir del PSOE.

Sin duda, la idea trascendía de la mera playa, pero la incluía. La propuesta contemplaba dos nuevas pasarelas peatonales sobre el río, un centro cívico para Los Remedios en las antiguas instalaciones de Altadis, algo así como una puerta al río, y una gran plaza fluvial en el entorno de Plaza de Armas. Y se inspiraba claramente en la Alhóndiga de Bilbao, incluyendo también un nuevo muelle para embarcaciones y servicios náuticos de alta calidad. Y también en la plaza del Comercio de Lisboa o la plaza de la Ópera de Oslo. En este proyecto, que no ha llegado a ver la luz, se contemplaba una zona denominada microdomos: un lugar de juego y ocio para los más jóvenes entre el puente de la Cartuja hasta el Puente de la Barqueta, con rampas mecánicas, museos de esculturas, canchas y bares... Y San Jerónimo Natura, otra zona verde con pantalanes flotantes, programas de restauración, circuito de footing y otra playa urbana.

Sevilla Beach, proyecto fallido de hace 4 años. Sevilla Beach, proyecto fallido de hace 4 años.

Sevilla Beach, proyecto fallido de hace 4 años.

Todo está, de momento, sobre el papel. Pero hace cuatro años Sevilla sí tuvo, por unos meses, una playa urbana artificial, en terrenos del Puerto de Sevilla. Rafael Carmona, que en su día defendió con entusiasmo como concejal de Rojas Marcos el proyecto de playa, no había llegado todavía a la Autoridad Portuaria que impulsó esta idea junto con una empresa privada, Puro Evento Andalucía. Parte del muelle de las Delicias se transformó en un arenal artificial de 4.000 metros cuadrados con restaurantes y zonas para practicar el fútbol playa, voley playa y raqueta playa, además de una pequeña piscina para watervoley; una piscina para iniciarse en el submarinismo y una atracción que recreaba una ola de surf. Todo muy exclusivo y alejado de la idea de playa pública, con elevados precios y condiciones que hicieron que el proyecto patinara en poco tiempo.

El baño está prohibido en el río, pero no es extraño ver cómo en días de intenso calor como éstos, muchos sevillanos y algún que otro turista, se lanza a las aguas del Guadalquivir. Zonas conocidas son el muelle entre la Torre del Oro y el puente de Triana, en las escaleras de granito situadas junto a los atraques de los barcos turísticos. También la Cartuja, junto a la torre Schindler y el Pabellón de la Navegación, donde hay un pantalán. O en el que existe en el Alamillo. En Triana, en los bajos del hotel Abba también se observan algunas veces bañistas. En la otra orilla, junto al Barranco, hay una zona que muchos turistas usan como solarium.

Sevilla tiene muchos atractivos pero aquí no hay playa y en determinados días, al igual que la sombra, el río se muestra más infrautilizado que nunca, como una eterna asignatura pendiente donde todo fracasa, en otros motivos, porque  no hay una autoridad única que evite que las competencias se repartan entre las Administraciones, lo que supone trabas burocráticas y, en ocasiones, también políticas. El río es un caudal de oportunidades, un lema electoral, pero todavía ningún político ha sabido o podido abrir esa gran avenida.

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