La semana santa de...

"El tráfico se ha cargado el olor a primavera de la ciudad"

  • Le tocó vivir el recelo de algunas cofradías hacia su gobierno que no pararon sus pasos en los palcos, pero fue clave al ceder la explotación de la carrera al Consejo

Lleva más de 50 años de hermano de Los Negritos. Nació en una casa regionalista que aún existe en la calle Recaredo, donde estaba el primer establecimiento hostelero de la familia Becerra. Su bautizo tuvo que celebrarse en la capilla de los Ángeles porque la Parroquia de San Roque aún estaba destrozada. Hijo único. Su padre era especialista en óptica de precisión en la Maestranza de Artillería. Su madre trabajó en la Casa Singer y de ella recuerda su inteligencia para sumar en las páginas antiguas de contabilidad. Luis Uruñuela (Sevilla, 1937) tiene su recuerdo más antiguo de Semana Santa cuando, con siete años, asistió a una velada improvisada de cante flamenco a cargo de Manuel Vallejo, Pepe Marchena y su tío Tomás en un reservado del restaurante La Isla: "Fue toda una experiencia. Recuerdo que Vallejo nos esperaba sentado en un café de la Campana vestido completamente de negro".

Las salidas de San Roque y Los Negritos desde la azotea de la casa familiar fueron una constante en su infancia. "Nunca he sido un capillita, ni mi familia lo era. Pero los amigos del barrio decidimos hacernos de la cofradía. Entre ellos estaba Antonio Oliveira, que en la lista va justo detrás de mí y que fue alcalde de la hermandad. Hubo veces hasta que ayudé al desmontaje de la cofradía. Todavía recuerdo el olor de mi casa a Semana Santa, cuando se hacían los pestiños o el pavo con almendra. Cuando la cofradía entraba, nos duchábamos, comíamos y nos íbamos la pandilla a ver las de Madrugada. ¡Hoy a mi edad eso es inconcebible!"

Al echar la vista atrás surge la nostalgia: "Por aquella Sevilla todavía se podía andar con facilidad. He visto al Museo por el famoso andén del Ayuntamiento con cuatro gatos de público. El primer año que salí en Los Negritos éramos 250 nazarenos nada más. La Semana Santa de esos años cincuenta tenía una cosa muy positiva, pues a las niñas las dejaban salir con nosotros. Normalmente a las nueve tenían que estar de regreso a casa. También eran días para entrar en los bares, aunque de dinero andábamos cortos. Mi primera paga en casa fue de 15 pesetas, y me la comenzaron a dar cuando era un zagalón, no antes. En aquella ciudad se sabía que había entrado la primavera por el olor, mezcla de azahar e incienso de las iglesias. El tráfico se ha cargado hoy ese olor a primavera que era absolutamente maravilloso. Es de las cosas que más echo de menos en la actualidad, sobre todo en la Plaza de la Virgen de los Reyes".

Trató mucho a Bueno Monreal como miembro activísimo y muy joven de Acción Católica. La cosa no acabó muy bien cuando el cardenal cedió a las presiones de "la derecha más conservadora de la ciudad" y les impidió celebrar unas jornadas con José Luis Aranguren. Una etapa clave es su llegada a la Alcaldía gracias a un pacto tripartito entre los andalucistas, los socialistas y los comunistas: "En algunas cofradías se veía mi gobierno como si fuera del Frente Popular. ¡Y eso que yo venía de promover la Semana del Pensamiento Intelectual de Acción Católica!" Uruñuela ha sido el último alcalde que ha lucido el frac en la presidencia de la Hiniesta: "Rafael Carretero padre, que era el jefe de protocolo, respiró cuando le dije que yo iría vestido según la costumbre. Y así fue. Esos años el Ayuntamiento aprobó ir de simple traje oscuro a los actos religiosos, pero yo opté por ir como habían ido siempre los alcaldes. Hubo algunos momentos difíciles cuando algunas cofradías decidieron no parar los pasos delante de la presidencia de la ciudad, pero sólo fueron algunas. La cosa no fue a más".

Hoy ve bien que el poder político actual subvencione a las hermandades. "Yo en mis tiempos no tenía dinero, no podía darles nada. Creo que las cofradías hacen una gran labor social que redunda en toda la ciudad. ¿Por qué no van a aspirar a subvenciones? Nosotros lo que hicimos fue negociar con las cofradías para dejar de darles una subvención directa a cambio de cederles la explotación de la carrera oficial, un sistema que sigue hoy vigente".

La Semana Santa actual la disfruta en su palco de primera fila en la Plaza de San Francisco: "Me lo dieron después de ser alcalde".

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