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Bono llama al Olimpo: a un partido de superar el récord de imbatibilidad de Palop

Bono, de amarillo íntegro y con el 13, bloca un balón ante Diego Carlos y Okazaki. Bono, de amarillo íntegro y con el 13, bloca un balón ante Diego Carlos y Okazaki.

Bono, de amarillo íntegro y con el 13, bloca un balón ante Diego Carlos y Okazaki. / Antonio Pizarro

Yassine, la araña amarilla. Un compañero, al que los avatares de la vida lo apartaron de una profesión que sigue con su acendrada vocación de periodista, sugiere el titular perfecto. Llega vía Whatsapp, como también por esta vía llegan los elogios unánimes a Yassine Bounou, Bono en el santoral del sevillismo. Sólo los que conocen la historia del fútbol de cuando éste no estaba tan industrializado, cuando las retransmisiones televisivas eran contadas y en blanco y negro, pueden comprender la metáfora. En 1964, Lev Yashin defendió la portería de la Unión Soviética en la final de la Eurocopa ante España, en el Santiago Bernabéu y ante el mismísimo Franco. El famoso día que muchos españoles vieron que no, que los rusos no tenían cuernos.

Yashin, Lev de nombre, La Araña Negra en las crónicas literarias de la época, no pudo evitar la victoria de la selección con goles del ex sevillista Chus Pereda y del mítico Marcelino, que hasta un verso en una canción de Joaquín Sabina -Adivina, adivinanza- inspiró aquel episodio del franquismo. Un partido de fútbol convertido en una victoria ideológica. Yassine Bounou no viste de negro, como el formidable portero moscovita, antecedente lejano de otro ruso que no pudo hacer del amarillo su color fetiche en Nervión, Rinat Dassaev, amigo del periodista que sugiere el titular redondo.

Bono viste de amarillo y luce el 13 en su espalda. Para el meta canadiense de nacionalidad marroquí y acento platense la superstición es una pura superchería sin sentido cuando se tiene tanta confianza en sí mismo, en esos reflejos felinos que sacó en el minuto 76 del Sevilla-Huesca para asombrar a todo el que estuviera viendo el partido. "Es una de las paradas de la Liga", dijo en la retransmisión de Movistar LaLiga Palop, el meta que marca la referencia más alta en la leyenda sevillista.

Rafa Mir no daba crédito tras el encuentro. "Es un paradón, un paradón", balbuceaba sobre la forma en que sacó su mano para repeler, a contrapié, su cabezazo a quemarropa, picado, con mala uva. Fue en uno de los escasos centros que no despejó la zaga del Sevilla. Aún vería cómo le sacaba otra mano prodigiosa, en un centro que se comió el infalible Koundé, ya en el minuto 88. Primero repelió la volea de Sergio Gómez. Luego, desde el suelo, el remate de Rafa Mir dio en su brazo. El amarillo y el 13... "Es difícil de explicar cómo no ha entrado ninguna de las dos", decía perplejo el ariete murciano.

No hay equipo que logre grandes gestas sin un portero con mayúsculas... y algo de suerte. El Sevilla lo tiene, es Bono: a Messi le sacó un pie y una mano portentosos, con el Huesca subió otro peldaño en su ascenso al Olimpo de Nervión. Si ante el Borussia Dortmund no encaja ningún gol, superará a Palop como portero con más minutos imbatido: 709 frente a 780. La leyenda lo espera.

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