Sevilla - Wolfsburgo | La Previa

Un futuro a cara o cruz

Montiel, Augustinsson, Acuña, Iván y Ocampos bromean en el entrenamiento.

Montiel, Augustinsson, Acuña, Iván y Ocampos bromean en el entrenamiento. / Antonio Pizarro

Con lo que hay en juego, añadir tensión a los jugadores a menudo resulta perjudicial. Son los que sacarán esto adelante. O no, pero son ellos los que tienen la capacidad para cambiar las cosas. Ni la afición, ni el entrenador, ni el consejo de administración ni el director deportivo. Cuando el turco Çakir, que ya fue testigo la temporada pasada de una decepción en la vuelta ante el Borussia Dortmund, dé el pitido de inicio serán once contra once y no habrá nada más que hablar. Luego ya llegarán los análisis, pero será a posteriori.

Por eso Julen Lopetegui ha tratado de rebajar la tensión del ambiente, para que no llegue a los suyos una presión excesiva, pues la ansiedad es tan peligrosa como la relajación en el mundo del fútbol, mucho más en la alta competición. La ha transformado inteligentemente el entrenador guipuzcoano en “ilusión”, una sensación mucho más motivante que la obligación de ganar, la cual, evidentemente, está presente.

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la previa / Departamento Infografía

Nadie esperaba en el Sevilla llegar a la situación actual cuando empezó la fase de grupos, pero la UEFA Champions League así se las gasta. Sonreía el presidente tras el sorteo, aunque con la lógica cautela de tener enfrente a lo que en Europa son considerados los mejores, y recelaban los hombres que saben de esto, el propio Lopetegui y Monchi, claro. Había dos campeones de liga en el grupo y un buen equipo alemán.

Y éste, el Wolfsburgo, viene a poner a cada cual en su sitio en esta noche, ya fría, de noviembre. No hay margen de error porque pesan mucho los deméritos contraídos en las cuatro jornadas anteriores, particularmente la última derrota ante el Lille, el mazazo que de verdad sí que dolió como un rejonazo hasta el tuétano.

Pero está la ilusión de seguir en la competición y a eso se agarra el grupo que adiestra este vasco obstinado y temperamental. No conserva los nervios de acero de su etapa de portero, pero eso también le da una energía positiva al equipo, que hoy la necesita a más no poder ante un Wolfsburgo que llega confiado y que promete poner las cosas muy difíciles.

De todas formas, ya lo están. El Sevilla necesita ganar los dos partidos (podría ser incluso primero de grupo) para no depender de nadie o en su defecto empatar si se dieran otros resultados.

Como siempre suele ocurrir, las rebajas llegan en tiempos de crisis y extrapolándolo a la enfermería, la lista de bajas es más cualitativa que cuantitativa, pues no hace falta recordar la incidencia en el juego de este equipo que tienen dos hombres como Jesús Navas y En-Nesyiri, que anotó la pasada campaña seis goles en la competición de las estrellas. Lamela, ese jugador que tanto gusta al aficionado por su plasticidad y eficiencia, se suma junto a Suso a la lista de ausencias en la noche clave.

El empate ante el Alavés no merma ni un ápice de ilusión, ya que en la opinión general las sensaciones son que el Sevilla mereció más de lo obtenido.

El club se juega mucho y el equipo también, pero desdramatizar y rebajar la tensión en el ambiente ha sido la táctica elegida en el plano psicológico. Sólo falta que surta efecto la futbolística ante un rival con la dificultad añadida de haber cambiado recientemente de entrenador y que se ha encontrado con el contratiempo a última hora de tener que apartar a su portero titular, Casteels, por dar positivo por coronavirus.

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