Sevilla - Inter | UEFA Europa League

Lopetegui, cotizada firma para el cuadro de Monchi

  • El Sevilla volvió a imponer su acusadísima personalidad, como en otros partidos de fuste este año, y con la fortaleza del eje Koundé-Fernando-Banega buscó arriba al Inter hasta el final

Lukaku desvía a la red el balón tras el golpeo de chilena de Diego Carlos.

Lukaku desvía a la red el balón tras el golpeo de chilena de Diego Carlos. / Lars Baron (Efe)

El vínculo especial, especialísimo, de este equipo de leyenda con la Europa League, aquella Copa de la UEFA cuya mera clasificación se celebraba en la Puerta de Jerez con alborozo hasta 2004, se reforzó ante una señora escuadra, como es este Inter, poniendo fútbol. Mucho fútbol. Y carácter para volver a levantarse de la lona después del durísimo crochet al mentón que le infligió ese peso pesado que es Lukaku con ese penalti.

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El Sevilla de Julen Lopetegui ha sido esta temporada un equipo de una acusadísima personalidad para acabar imponiendo su estilo en casi todos los partidos de fuste. Antes de que se irrumpiera el maldito Covid-19, le dijo a todo un Atlético de Madrid, en el Wanda, que era un igual y le quitó la pelota; tras el paréntesis por el confinamiento, se rehízo ante el postulante Villarreal y ante el Barcelona. Y en Alemania, además, contó con la energía extra de esa mística que fluye siempre a favor de esta institución que ya se ha hecho un gran de Europa.

Le puso ante el Inter la firma al cuadro, ya acabado. La firma de un cotizadísimo artista con un trazo muy definido. Hay que tener mucho arte para ganar cuatro veces este título en los últimos siete añis. Y seis en los últimos catorce.

Defensa

La táctica del Inter afloró en la primera ocasión que tuvo. Se trataba de aguardar bajo el 3-5-2 que siempre dispone Antonio Conte a una recuperación con la zaga blanca adelantada y el balón al espacio a Lautaro Martínez o a Lukaku. La primera que recibió Barella la escupió al belga, cuya arrancada desbordó a Diego Carlos. Claro penalti.

Esa acción descentró al brasileño, aunque la falta que originó el empate a dos de Godín es discutible. Lukaku la forzó con el contacto del central sudamericano, que además no vio emerger a Godín para su certero cabezazo.

Otra historia fue la lucha de Koundé con Lautaro. El francés no le concedió un centímetro, se impuso en los choques y, al final, Lukaku echó de menos a su socio preferido. La tuvo en la segunda parte, pero Bono sacó una pierna prodigiosa.

Ataque

Fernando, Banega y Joan Jordán aceptaron el balón gustosos. Y a partir de ahí, el Sevilla tejió el juego que ha traído Lopetegui con su manual. Cambios de orientación precisos para salvar la presión, gran sentido para la triangulación en corto hacia las zonas entre los centrales y los larguísimos laterales del Inter, D’Ambrosio y Young. Esta vez, además, esa fluidez del juego para llegar a zonas calientes para buenos centros (otra vez Navas) o forzar faltas bien trabajadas (el 2-1) tuvo el finalizador que el Sevilla tanto ha echado en falta ene ste curso: Luuk de Jong, el primer jugador en marcar dos goles de cabeza en una final de esta competición.

Virtudes

Personalidad para ir arriba con la pelota y sin ella (incluso con el 3-2 al final), y para acabar imponiendo su método a un equipazo.

Talón de Aquiles

Lukaku fue un constante incordio, pero intervino poco.

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