Sevilla FC - SD Eibar | La crónica Ocampos marca, Ocampos para (1-0)

  • El argentino anota el gol y desvía, en la última jugada, un remate de Dmitrovic justo después de que Vaclík se lesionara y Kike García rematara al poste

  • El Sevilla ve ya cerca la Champions

  • Las imágenes del Sevilla-Eibar

Ocampos celebra su gol. Ocampos celebra su gol.

Ocampos celebra su gol. / Antonio Pizarro

No se concibe en la imaginación un desenlace más retorcido que el que deparó la importantísima victoria del Sevilla sobre el Eibar, que eleva a seis puntos su ventaja sobre el Villarreal y siete sobre el Getafe cuando ya sólo quedan doce puntos por litigar en esta Liga.

Vídeo: Resumen del Sevilla-Eibar

La acción merece un punto y aparte por su complejidad. Corría el último minuto de los cinco que el histrión de Mateu Lahoz había ordenado de alargue. El Eibar colgó el cuero a la desesperada. Burgos se anticipó a Gudelj y peinó. Y Kike García, rápido y astuto, también se adelantó a Vaclík para soltar un disparo cruzado. La pelota impactó en la cepa del poste y un defensa sevillista, como tratando de procesar lo sucedido, se quitó la pelota de encima y la envió fuera de banda. La colisión del delantero armero con el portero sevillista, nada punible, acabó con el checo varado, muy dolido de la rodilla izquierda y Dmitrovic, que subió a rematar, consolándolo. Y tras minutos con el guardameta intentando reincorporarse sin éxito, el Sevilla tuvo que defender la última jugada con Ocampos de portero. El Eibar colgó la pelota y en el mayúsculo barullo en el área, Dmitrovic quiso hace un Palop. Ocampos salió, tapó y desvió. Y todavía remató otra vez más el Eibar para que Jesús Navas salvara bajo palos.

Ocampos y Jesús Navas, los gestores del gol de platino en un partido, el del Sevilla, para tirar a la basura, fueron a la postre los salvadores de los tres puntos. Aunque el triunfo puede tener un considerable coste añadido en la lesión de Vaclík, al que se le dobló la rodilla de mala manera con todo el peso del fornido Kike sobre ella.

El tanto, el decimotercero de Ocampos en esta Liga y decimoquinto de la temporada, fue un diamante en un cubo de tornillos herrumbrosos. Pésimo fue el partido de los de blanco. Peor aún que el del Valladolid. No vale alegar que entonces encajaron un gol o que ante los vascos tuvieron más ocasiones, que las tuvieron. Sobre todo la de Suso, ya en el 87, que pudo evitar ese epílogo propio del mejor Hitchcock. Dmitrovic, que ya le sacó otra complicada pelota cruzada a Fernando en un cabezazo a balón parado (43’), sacó sus rocosos brazos ante Suso y mantuvo vivo el partido hasta el final. Y tan vivo...

Echó a rodar la pelota y el partido empezó a discurrir por idénticos derroteros a los del último partido en Nervión ante el Valladolid. La misma espesura para sacarla desde atrás. El mismo bloqueo en ataque. Los balones divididos y las disputas donde se cuecen los partidos, en la zona ancha, eran casi siempre para uno de azulgrana.

José Luis Mendilibar dispuso un equipo muy circunstancial, valorando el importantísimo partido que este jueves afrontan los suyos en Ipurua ante el Leganés. Pero que entraran Sergio Álvarez como pivote, otros tres medios defensivos por delante con Cristóforo –volcado el ex sevillista a la derecha–, Diop y Exposito, y sólo el japonés Inui como tímido acompañante de Enrich arriba volvió a suponer un rompecabezas indescifrable para los de Lopetegui.

La baja del sancionado Koundé tuvo algo que ver en esa espesura ofensiva del Sevilla. Echó en falta el equipo esos pases corridos del francés que baten líneas. Su sustituto, Sergi Gómez, no tiene ni la visión ni el toque. Se limitó al pase horizontal a Diego Carlos.

Y si en la primera parte de Ipurua, en la primera vuelta, a los sevillistas les vino de perlas esa táctica de tocar y tocar con paciencia atrás para forzar la salida de los eibarreses y cazarlos (0-2 se fueron entonces al descanso), esta vez la producción ofensiva, en una primera parte paupérrima, indigna de un aspirante a Champions, se limitó al referido cabezazo de Fernando en un balón parado y una acción de pillo de Ocampos en una anticipación que lo dejó ante el portero, aunque en una difícil postura para el remate. La picó el argentino con intención de que el efecto enroscara la pelota hacia la portería, pero la parábola no fue tan cerrada y la pelota se perdió por la línea de fondo.

En la segunda parte, el Eibar avisó en una acción a balón parado. Burgos no llegó a remachar por poco en el segundo palo (52’). Cuatro minutos después llegó el gol, pero en el carrusel de cambios, sólo Jordán mejoró a un desconocido Óliver. En-Nesyri apenas desahogó arriba y flotaba que el Eibar podía tener una bala final. Lo que tuvo fue una balacera de la que el Sevilla, no se sabe cómo, salió indemne. Y muy cerca de la Champions.

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