Sevilla FC | La previa

Contra el Real Madrid... y el propio Sevilla

  • Lopetegui tira ya de En-Nesyri para zanjar una racha negativa casi eterna en el Bernabeú y acabar con el estigma del equipo en casa de los grandes

El delantero marroquí En-Nesyri, en el entrenamiento matinal del Sevilla, ayer. El delantero marroquí En-Nesyri, en el entrenamiento matinal del Sevilla, ayer.

El delantero marroquí En-Nesyri, en el entrenamiento matinal del Sevilla, ayer. / Juan Carlos Vázquez

Comparece a las cuatro de la tarde en el Santiago Bernabéu el mejor visitante de la recién concluida primera vuelta. Nada menos que veinte puntazos cosechó el Sevilla de Julen Lopetegui en sus diez salidas, dos tercios del botín. Pero también comparece el equipo que ha salido derrotado del coliseo de La Castellana en sus doce visitas anteriores incluidas dos de Copa del Rey; una escuadra que saldrá con un negro estigma, pues, colgado de la chepa. ¿Y quién de los dos mirará a los ojos de todo un Real Madrid? He ahí la cuestión.

Por lo pronto, Julen Lopetegui no se ha andado con remilgos y tan sólo un día después de que En-Nesyri llegara a Sevilla a conocer su nuevo club, lo subió al avión con destino a la capital. Para qué esperar, si la competición elevará su ritmo con la alternancia de Liga y Copa a partir de ahora. Para qué dudar, si Ocampos, el único jugador de ataque con potencia para jugar al espacio hasta la llegada del marroquí, no puede hollar la hierba del Bernabéu.

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El único refuerzo invernal de Monchi, si finalmente entra en la lista de 18 inscritos en el acta del valenciano Martínez Munuera –viajaron veinte jugadores y, por tanto, dos verán el partido desde la grada–, detenta esa fresca ilusión que siempre conlleva en el entorno un refuerzo. El chaval saldrá como un purasangre del cajón si hoy tiene ocasión. Y falta le hace al sevillista ilusionarse con que es posible saldar una cuenta pendiente que dura demasiado: desde diciembre de 2008, algo más de once años, no vencen los de rojo en el hogar del madridismo. Renato hizo el 3-4 definitivo de cabeza tras templado centro de Kanouté desde la derecha. Ya llovió. Sobre todo en Madrid.

La historia posterior está trufada de episodios para el sonrojo sevillista. Fueron demasiadas las crónicas de escarnio e indignación.

Contra ese ominoso bagaje combate hoy, antes que nada, el Sevilla. También con el que lo engloba: en Liga, su negativa racha se extiende como una mancha de chapapote por el Camp Nou, Mestalla, ante el Vicente Calderón y ahora el Metropolitano, también San Mamés...

Y si hubo visitas ligueras en las que los sevillistas hicieron un pasillo de algo más de 90 minutos a los madridistas, la intención de las huestes de Lopetegui es que hoy el gesto deportivo y señorial ante el reciente campeón de la Supercopa de España acabe en cuanto el balón eche a rodar.

Para competir de una vez en el imponente coliseo madrileño, Lopetegui habrá de resolver el problema que se planteó en cuanto Ocampos fue amonestado en el anterior partido liguero ante el Athletic Club en Nervión: ¿quién cubrirá tamaña ausencia? Una variante ofensiva sería volver a desplazar a Munir a la banda, aunque el ex barcelonista no ha terminado de cogerle el aire a esa esquina del campo; otra más conservadora señalaría a Franco Vázquez, quien no se sentiría extraño ante ese cometido; y otra más extravagante, pero no imposible, sería darle la camiseta de titular a En-Nesyri sin anestesia.

Óliver Torres, un recurso habitual de Lopetegui para el costado izquierdo, aspira con el propio Mudo a cubrir la baja que deja Joan Jordán, el efecto colateral del bolo oficial en Escobedo.

Juegue quien juegue, para asaltar el Bernabéu, el Sevilla tendrá que partir con la personalidad y el criterio con el que salió en el Camp Nou en octubre, pero corrigiendo los resbalones en ambas áreas de entonces. El colchón de la cotizada plaza de Champions es de cuatro puntos, queda toda una segunda vuelta y por detrás aprietan. Aguarda un Madrid en racha y enfervorizado, pero que no tendrá a Sergio Ramos ni Fede Valverde, piezas de su actual columna. Ni tampoco Hazard o Bale. Es hora de competir de verdad contra él... y contra el estigmatizado Sevilla.

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