El resultado del Sevilla-Athletic Lección de honestidad

  • El Sevilla mantiene la sexta plaza y hunde al Athletic para demostrar que en el fútbol no todo se pacta

  • Ben Yedder y Munir firman los goles de una cita con desenlace inesperado

Bryan se escapa de Iago Herrerín en la jugada del 2-0. Bryan se escapa de Iago Herrerín en la jugada del 2-0.

Bryan se escapa de Iago Herrerín en la jugada del 2-0. / Antonio Pizarro

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Lección de honestidad por parte del Sevilla para todos aquellos que llegaron a pensar que el empate contra el Athletic estaba pactado para garantizar el interés de ambas escuadras. Los sevillistas cerraron el ejercicio con un triunfo gracias a los goles de Ben Yedder y Munir, ambos a puerta vacía, y de esa manera le dieron un portazo a las especulaciones para desesperación de un adversario que casi se tenía que pellizcar para creerse lo que había acontecido en el Ramón Sánchez-Pizjuán. Fue, finalmente, por tanto, un canto al fútbol, a la limpieza del deporte por mucho que casi nadie se llegara a imaginar semejante desenlace de la película que se rodaba a partir de las cuatro de la tarde en el sevillano barrio de Nervión.

Son las cosas de este bendito deporte, que casi nunca se puede acertar al ciento por ciento con un pronóstico. Cualquier apostador que metiera algún euro a esta cita entre el Sevilla y el Athletic lo habría hecho a favor de la igualada entre ambas escuadras, sobre todo cuando se iban conociendo los goles del Valencia en Valladolid y del Getafe en su comparecencia como local contra el Villarreal. Pero no, la escena final iba a ser propia de uno de esos filmes en los que para imaginarse lo que antecede al The End sencillamente tienes que haber ido previamente al cine a ver la misma cinta.

Después de un litigio en el que apenas se habían producido disparos a puerta, en el que ambos contendientes ofrecían un dechado de buenas maneras en cada fricción, pese a las veces en las que salieron a pasear los codos y las entradas extemporáneas del siempre racial Raúl García, todo galopaba hacia el final con una ventaja del Sevilla gracias a ese tanto que había firmado Ben Yedder al filo del intermedio después de un remate hacia su propia portería de Dani García.

Cuando todo parecía destinado al empate Kjaer, Mercado, Gnagnon y Amadou agigantaron sus figuras defensivamente

Uno a cero y dos goles del Espanyol en Cornellá, la duda para casi todos sería cuándo iba a llegar la igualada por parte del cuadro bilbaíno y de qué manera. Pero no, los minutos pasaban y pasaban y el Sevilla defendía ya casi mejor que en toda la temporada. Ora Kjaer despejaba de cabeza, ora Mercado se tiraba al suelo para tapar un disparo, ora Gnagnon cerraba por el medio, ora Amadou chocaba con cualquier rojiblanco para impedir que éste progresara con la pelota, todo seguía adelante con esa ventaja para los locales que ni siquiera sus más fieles llegaban a creerse.

Hasta que llegó un saque de esquina en el minuto 91. Era prácticamente un ahora o nunca para el Athletic y la pelota le cayó en la pierna derecha a Íñigo Martínez en el área pequeña de Vaclik. El central, zurdo él, optó por reventarla con la derecha, el esférico se estrelló con violencia en el larguero y salió escupido para que el Sevilla casi sin imaginarse montara una contra increíble. Despejó primero a lo loco Íñigo Herrerín y el esférico se dirigió a Bryan, que se encargó del resto. Primero pase a Jesús Navas, éste no llega a disparar sin nadie entre los tres palos, se la da a Ben Yedder y el tiro de éste lo repele como puede el guardameta vasco para que al final Munir, a puerta vacía, la empujara dentro con comodidad.

Con todo el Athletic tirado en el suelo hundido en la miseria el sevillismo no se podía creer ese 'The End'

Todo el equipo del Athletic se tiraba al suelo hundido en la miseria, mientras que el sevillismo prácticamente no se podía creer lo que había acontecido. Para ser más exactos, ni la afición que mora en el Ramón Sánchez-Pizjuán ni nadie en el fútbol español, tal vez ni el propio Javier Tebas, el adalid del juego limpio que puso todo a las cuatro de la tarde con un buen solecito por mucho que la temperatura fuera mucho más suave. Pero éstas son las cosas inesperadas de ese balompié que tan loco nos vuelve a los apasionados de esta modalidad consistente en golpear algo esférico preferiblemente con los pies.

El Sevilla, de esta manera, le echaba el cierre al ejercicio con un triunfo que al menos puede servirle para endulzar algo un curso de lo más triste, una temporada que debería servir para meterla en el catálogo de lo que no pueden volver a repetir sus dirigentes, desde el mismo presidente, José Castro en la actualidad, hasta el director deportivo que se encargue de las planificaciones propias de los hombres de fútbol, que, afortunadamente para quienes sienten los colores sevillistas, vuelve a ser Monchi después de un paréntesis de dos veranos lejos de esos despachos.

Bueno, mejor así, hacerlo con un triunfo para que incluso la imagen de Caparrós pueda ser recordada con ese final después de muchas decisiones en las que tal vez tuvo una gran responsabilidad en el devenir de los acontecimientos. Y también conviene resaltar que este triunfo de los sevillistas llegó después de un sinfín de contratiempos en lo referente a las lesiones, pues se fueron cayendo piezas una detrás de otra hasta el punto de acabar Gnagnon como interior izquierdo.

Una escena más de un The End que ni el más visionario podía imaginar, una lección de honestidad para figurar en todos los libros del fútbol. Y la protagonizó el Sevilla.

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