Sevilla-Espanyol | Contracrónica

Suso y el cuento del rey desnudo

  • El gaditano es como el niño que dice en voz alta y contra la opinión de todos "¡pero si no sabe atacar!"

  • A la defensa sí que le han quitado la ropa hasta dejarla con el culo al aire

Suso levanta el dedo índice tras marcar el 2-2 al Espanyol. Suso levanta el dedo índice tras marcar el 2-2 al Espanyol.

Suso levanta el dedo índice tras marcar el 2-2 al Espanyol. / Antonio Pizarro

Hans Cristian Andersen, en El traje nuevo del emperador, nos contó en su relato infantil cómo sólo la inocencia de un niño es capaz de dejar en evidencia lo que el miedo al ridículo y el temor a contravenir la convención social convierte en verdad absoluta. Efectivamente, los sastres habían engañado a todo el mundo diciendo que la tela era de tan rica materia que se haría invisible a las personas tontas o incapaces. Hasta que un niño, al ver al rey en enaguas, gritó: "¡pero si va desnudo!". Suso es en el Sevilla ese niño de Andersen.

El gaditano ha aparecido para demostrar que, en contra de la opinión mayoritaria, este Sevilla no sabe atacar. Es previsible, faltan movimientos automáticos, combinaciones rápidas y a la primera... La seguridad en cada paso invita a un continuo control y pase que impide la sorpresa. El primer toque, el balón al espacio, los movimientos sin balón son una quimera en este Sevilla en el que su entrenador, una vez más, yerra en el análisis al centrarlo en la solidez defensiva. Si encima los dos delanteros, De Jong y En-Nesyri, no tienen gol, pues acabóse. No, señor Lopetegui, este niño gaditano que es Suso le está diciendo a voz en grito desde que ha llegado que su Sevilla no sabe atacar... ni ante diez.

Suso no está encorsetado en ese traje invisible en el que está enclaustrado un Sevilla que no levanta cabeza. Y con esa frescura procedente de la muy táctica Serie A italiana está evidenciando las carencias del equipo. El único que parece comprenderlo hasta ahora es Ocampos, que sí ha jugado con él como compañero. De ahí que surtiera efecto, en forma de golazo, la primera conexión sevillista entre el gaditano y el argentino. Perfilado hacia dentro, centró tenso y combado al espacio y allí apareció Ocampos para sólo poner la cabeza a contrapié de Diego López. Un señor golazo que imaginó en su cándida cabecita Suso.

El gaditano fue lo mejor en el Sánchez-Pizjuán, y daba igual el giro táctico que diera Lopetegui. Imaginó más de un pase, pero casi nunca lo leyeron sus compañeros. A En-Nesyri lo dejó dos veces ante Diego López, pero el marroquí es zocato perdido y con la derecha... De Jong tampoco es hombre de leer esos espacios y el atasco del Sevilla duró hasta que la evidencia del 1-2 y el propio Suso con otro golazo hicieron saltar todos los corsés. Entonces sí se desordenó el Sevilla, con más corazón que cabeza, y atacó y mordió. Hasta entonces, sólo los amagos de Suso.

La defensa, en cambio, sí está desnuda. Monchi y Lopetegui le han ido quitando ropa hasta dejarla con el culo al aire. Sin laterales defensivos, el triángulo de Carriço/Koundé-Diego Carlos-Fernando, que sostuvo las carencias del equipo cuando era superada su presión alta, está erosionado. Banega necesita un descanso y Koundé lo mira todo desde el banquillo.

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