Sevilla-Lille | La previa

Sin eufemismos, una final

Varios titulares, en un momento del entrenamiento de ayer.

Varios titulares, en un momento del entrenamiento de ayer. / Antonio Pizarro

Todo el discurso del presidente en la última Junta General de Accionista, el informe de gestión y las cuentas expuestas por José María Cruz... se resumen en una sola cosa: ganar hoy al Lille. El Sevilla, tal y como está diseñado en su funcionamiento actual de buque transatlántico, depende del futuro inmediato en la UEFA Champions League y también de ese futuro a un más largo plazo, es decir, meterse como mínimo en octavos de final y quedar entre los cuatro primeros en la Liga para volver a entrar en la rueda en la edición del año próximo. Por todo ello, quitar presión y decir que el duelo de hoy ante el Lille no es una final con todos sus avíos es un eufemismo como una catedral.

No haber hecho los deberes que se le pedían al equipo de Julen Lopetegui en los tres anteriores partidos de esta competición, en los que no ha perdido pero tampoco ha ganado, convierte lo que queda en la fase de grupos casi en una eliminatoria a doble vuelta. Los blancos, sencillamente, no tienen permitido fallar.

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La previa / Departamento Infografía

Eso debe activar a todos, a equipo y también a afición, que por primera vez en la Champions podrá estar en su estadio apoyando a sus jugadores al cien por cien de la capacidad del mismo. La pobre imagen de las gradas despobladas en el choque ante el Osasuna, así como ciertos pitos en la primera parte, debería dar pie a una regañina por parte del equipo a la afición, igual que ocurre mucho más a menudo con los actores a la inversa.

En lo puramente deportivo, la inercia que trae el equipo en la Liga, competición en la que ha ganado todos sus compromisos de casa, debe ser el motor que poner a funcionar desde el principio, desde el primer pitido del rumano Kovacs, árbitro del encuentro.

Lopetegui ha querido quitar hierro en la previa generalizando con lo de las finales –para el vasco, todos los partidos lo son–, pero lo tiene. El Sevilla está obligado a ganar si quiere seguir en la Champions, puesto que el grupo está tremendamente igualado y sólo el Salzburgo, el que le desmontó a los nervionenses todo el tinglado previsto, ha logrado destacarse.

El técnico guipuzcoano ha aclarado que En-Nesyri aún no está para ser titular en un partido de máximo voltaje. Su musculatura requiere esfuerzos muy explosivos y corre el riesgo de volver a romperse, por lo que seguirá Rafa Mir como primera punta de lanza. Por detrás, y tras descansar frente al Osasuna, Lopetegui apelará a las piernas frescas de Óliver Torres y su imaginación en esa función entre líneas para lo que se antoja fundamental que Fernando tenga el apoyo de Delaney. El danés parece que está apto y no tiene por qué cambiar el vasco lo que hasta el momento ha funcionado.

Enfrente estará un Lille muy lejos de aquel campeón francés que asustaba con su presencia en el bombo uno del sorteo. Sí infunde respeto su ataque, la velocidad de jugadores como Jonathan David o Bamba o la calidad de Renato Sanches, pero el equipo de Jocelyn Gourvennec, que en la Liga transita como alma en pena, se la juega más incluso que el Sevilla y está el peligro de que salga a tumba abierta en plena festividad de los Fieles Difuntos.

Es una final. No tiene otra calificación, puesto que no ganar prácticamente eliminaría o reduciría mucho cualquier posibilidad de acabar entre los dos primeros de grupo y estar presente en los cruces de octavos de final. Lopetegui y los suyos lo saben, aunque digan lo contrario. Quedan más y ojalá sean muchas, pero es una final.

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