Sevilla FC

Perdida la solidez llega la temida caída

  • El Sevilla, el equipo que más puntos ha cedido en los últimos 15 minutos, pierde seguridad atrás sin que eso se traduzca en mayor poderío ofensivo, un mal latente

Lopetegui dialoga con su ayudante, Vicente Peinado, en el entrenamiento.

Lopetegui dialoga con su ayudante, Vicente Peinado, en el entrenamiento. / Antonio Pizarro

Empiezan a sonar voces de alarma en el Sevilla por dos o tres señales que cada vez se hacen más evidentes. Algunas responderán a la realidad futbolística y otras serán más apariencia que hecho objetivo. Pero ahí está la salida de la zona de Champions como piloto rojo de aviso, después de haber desperdiciado varias jornadas en las que los rivales directos no sumaron, algo que no se iba a eternizar. También es un piloto rojo que el Sevilla vuelva a sufrir un bajón de rendimiento y de clasificación justo en invierno, como le pasó el año pasado, que por estas fechas dio una de sus más pobres imágenes también en Vigo, antes de la destitución de Pablo Machín. Y otro piloto rojo, quizá más oculto pero que no pasa desapercibido al aficionado, es que cada vez es más patente lo que le cuesta generar fútbol de ataque al equipo de Lopetegui.

Era algo que permanecía latente, un soniquete que sonaba como un incómodo eco procedente de inconformistas y agoreros, pero que se hace patente cada vez más una vez que los rivales hacen mella en la otrora proverbial solidez defensiva del Sevilla. Y perdida esa solidez, esa seguridad defensiva, aparece en toda su inmensidad el peligro del vacío.

Hay un dato que ilustra sobre esa peligrosa ecuación entre la escasez de eficacia ofensiva, que no es lo mismo que control de la pelota o mayor porcentaje de posesión, y la pérdida de solidez. El Sevilla es el equipo que más puntos ha cedido tomando el tramo de los últimos 15 minutos de partido, desde el minuto 75 aproximadamente.

La primera vez que le pasó fue con el Celta en casa: encajó en el minuto 84 y tiró a la basura dos puntos, después de buscar con ahínco el gol del triunfo, que logró en el 81. Repitió ante el Valencia en Mestalla, cuando en el minuto 81 encajó un gol de falta, tras no haber rematado un partido que quiso controlar desde ese fútbol de posesión. Se le fueron otros dos puntos. Ante el Villarreal en casa perdió uno, al encajar el 1-2 en el minuto 74 y ser incapaz de sacar rédito a sus interminables posesiones. Y en Balaídos regaló tres puntos encajando dos goles entre el minuto 78 y el 91, por no rematar antes a un rival muy tocado y que era una aparente presa fácil de su propia angustia.

"En los últimos quince minutos nos ha faltado certificar ese resultado teniendo una actitud de continuidad. Insisto en que hemos levantado el pie antes de tiempo, es para estar tristes y enfadados", dijo Lopetegui en Balaídos, donde siguió insistiendo en esa continuidad sin reconocer los problemas de su equipo para generar ocasiones de gol. "No le hemos dado continuidad, queríamos tener el control. El empate a uno ha sido una desconexión, una transición que no debe darse", añadió el guipuzcoano, obsesionado con la búsqueda de la seguridad a través del control de la pelota y empezando a dar vaivenes tácticos en busca de esa llegada que no halla de otro modo.

Pero la realidad es que el Celta, con transiciones o contraataques o como sea, generó mucho más peligro que un Sevilla que, a domicilio y poniéndose por delante en el marcador en el minuto 23, tuvo un 54,5 % de posesión. Con ese control, sólo realizó cuatro remates a puerta, con tres paradas de Rubén Blanco. Mucho más decisivo fue Vaclik, aunque erró en el 2-1, con cinco intervenciones ante los siete remates a portería del Celta con apenas el 45,4% de posesión del esférico. En su búsqueda de soluciones, el Sevilla de Lopetegui giró del 4-3-3 al 4-2-3-1, pero fue una solución baldía al cabo: no ganó profundidad y perdió solidez.

Ese vaivén táctico se produjo tras los duros traspiés de Mirandés y Alavés, partido este en el que generó mucho fútbol exterior, muchos centros, faltas y córneres, y poquísimos remates. Y ante el Mirandés fue preocupante la sensación de impotencia de no ser capaz de generarle peligro a un equipo de categoría inferior que se puso por delante muy pronto.

En esa búsqueda de soluciones, quizá llevado por las críticas o la presión de verse ya acosado por los rivales directos, Lopetegui incluso quitó del once titular a futbolistas que parecían intocables y que, en estos momentos, no tienen detrás un relevo de peso como para invitar a sacarlos del once, máxime sin partido entre semana. Banega fue suplente. Quizá el técnico buscó cimentar de partida el 4-2-3-1 con futbolistas más específicos como Fernando y Joan Jordán de pivotes y Franco Vázquez como mediapunta, con Suso en la derecha y Ocampos en la izquierda. Reguilón no jugó.

Coincide el bajón con la lesión de Óliver Torres, cuyo alto rendimiento ante Levante, en la Copa, y Granada, en la Liga, en dos puestas en escena rutilantes y prometedoras, ha dejado ahora un vacío. Con el extremeño en el centro del campo, primero junto a Banega y luego en su lugar, el Sevilla fue menos horizontal, tuvo dinamismo y profundidad, justo lo que está echando en falta. Cierto es que Suso acaba de aterrizar y que con Ocampos en la izquierda ambos deben generar más fútbol de llegada. Pero en su primera puesta en escena no varió ese problema latente, que, perdida la solidez, se hace claramente patente.

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