Sevilla FC La recuperación del fútbol vertical, aire fresco ante el derbi

Koundé trata de romper líneas dejando atrás a Haaland, en el Borussia-Sevilla.

Koundé trata de romper líneas dejando atrás a Haaland, en el Borussia-Sevilla. / Lars Baron / EFE

La Liga centra ya toda las energías del Sevilla, que en tres semanas pasó de la euforia extrema entre aficionados y entorno a la depresión profunda por la forma en que cayó en la Copa del Rey. En Dortmund, un mes después de aquel culmen de un inicio de año espectacular que fue el 2-0 sobre el Barcelona en la ida de las semifinales, el equipo de Julen Lopetegui retomó un pulso más natural de las cosas. Ni este Sevilla estaba hecho para pelear por la Liga ni caer en los octavos de final de la Champions es un drama, por mucho que el club presupuestara la clasificación a los cuartos en su previsión de ingresos. El exceso de optimismo da lugar ahora al realismo: la Liga y el derbi.

El milagro de Dortmund no fue la clasificación improbable, sino ver de nuevo a un Sevilla con vida, con brío, con energía, con fe en sus posibilidades pese a que buscaba una empresa dificilísima que al final llegó a rozar ante un Borussia pidiendo la hora y celebrando casi como un título la clasificación tras el pitido del inquietante Çakir.

De esa forma, con esa rebeldía ante la depresión con la que embocaba la cita en el Westfalenstadion tras los fiascos del Camp Nou y el Martínez Valero, el Sevilla volvió a encontrar un camino para alcanzar el destino deseado. Y esa meta no es otra que sellar el cuarto puesto que garantice jugar la fase de grupos de la Champions dos años consecutivos, con todo lo que ello significa a efectos económicos, deportivos, de planificación y de gestión de la entidad, después del esfuerzo enorme que realizó el club tras la primera temporada del regreso de Monchi y la llegada de Lopetegui, que estuvo condicionada por el Covid-19 y así continúa por ahora.

La realidad es que en ese receso de fútbol, resultados y estado anímico que significaron las tres derrotas consecutivas y el empate en la Champions, el Sevilla ha perdido de paso parte del colchón que mantenía en la clasificación liguera: la Real Sociedad ya está a tres puntos y el Betis, su próximo rival, lo amenaza asomándose desde la nueva distancia de seis puntos. Aunque los de Lopetegui tienen el comodín el partido aplazado ante el Elche el miércoles siguiente.

Esa amenaza de sus perseguidores podría haberse visto aumentada si no hubiera ejercido de cortafuegos anímico y futbolístico el partido en Dortmund. Porque el Sevilla de Lopetegui, con un once clásico en el que sorprendió la inclusión de Óscar y no tanto la exclusión de dos futbolistas a priori con más galones como Rakitic y el Papu, recuperó la línea de la verticalidad, de la presión alta, del acoso y derribo del rival. Y lo hizo sin manosear tanto el balón horizontalmente ni mirar por el espejo retrovisor pese a que ahí andaba la sombra alargadísima de Haaland, el joven enérgico que terminó decantando la eliminatoria.

El resultado no premió el fútbol valiente y de alto voltaje del Sevilla. El primer error lo pagó carísimo poniendo de manifiesto una vez más que en la élite la pegada marca las diferencias de forma definitiva. Y Haaland les ganó claramente el duelo a los delanteros sevillistas. Pero la reivindicación de En-Nesyri, tras un periodo que puso en duda su gran racha de principios de año, también debe ayudar tanto al punta sevillista como a todo el equipo a reencontrarse de nuevo. La premisa de la línea vertical, ese aire fresco de la energía y de tutear al rival sin desviarle la mirada, debe ser el camino en las trece jornadas que quedan en la Liga.

Para ello también fue fundamental el regreso de la banda izquierda en plenitud de rendimiento. Acuña y Ocampos jugaron forzando en el Camp Nou, uno como titular y el otro como suplente. En Elche fue titular Ocampos y Acuña salió a la hora de juego. Pero en Dortmund coincidieron de nuevo de partida y vaya si lo notó el Sevilla.

Ver a Joan Jordán más protagonista de nuevo, con más pujanza y participación, en los robos y en la rápida distribución, en ese cerco que le puso el equipo de Lopetegui al de Edin Terzic, fue otra buena noticia. El catalán parecía como contagiado de la astenia general, de esa apatía que parece predecir la llegada de la inminente primavera.

Cierto es que al Sevilla se le vieron de nuevo esas costuras de la falta de pegada. Volvió a realizar un gran esfuerzo y a generar mucho fútbol para tan escaso rédito en forma de llegadas. Es un mal con el que debe convivir el equipo de Lopetegui, que sigue echando en falta algún delantero resolutivo por sí mismo. Pero la sensación de depresión previa a Dortmund dio paso a otro hálito, a otra expectativa más halagüeña. Y eso antes de un derbi que llega impregnado de necesidad clasificatoria es lo mejor que pudo sacar el Sevilla de su aventura alemana.

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