Sevilla FC

La costosa continuidad

  • El Sevilla de Montella repite victoria en la Liga por primera vez con dos matices en el once base

  • La falta de instinto goleador lo lastra para la necesaria rotación

Vincenzo Montella le lanza el balón a un jugador del Sevilla con Roque Mesa, de espaldas, reclamándoselo. Vincenzo Montella le lanza el balón a un jugador del Sevilla con Roque Mesa, de espaldas, reclamándoselo.

Vincenzo Montella le lanza el balón a un jugador del Sevilla con Roque Mesa, de espaldas, reclamándoselo. / juan carlos muñoz

Le ha costado mes y medio a Vincenzo Montella encontrar la deseada continuidad en la Liga. Por primera vez, tras la primera semana limpia sin partidos de Copa, el Sevilla ha ganado dos partidos seguidos con el italiano. Y lo ha hecho, curiosamente, sin Banega, que se ha reservado para la gran cita del miércoles ante el Manchester United. El Sevilla ha aprovechado un perfil bajo del calendario para dar continuidad a su trayectoria sin los altibajos que denunció el napolitano. Venció en Las Palmas y lo hizo convenciendo, en el partido más completo del equipo ante un rival que huele a Segunda División, dando rienda suelta al fútbol de verticalidad y contragolpe frente a un enemigo que dejaba tras su línea de presión un erial para que el Sevilla sacase su calidad. Pero lo hizo también sufriendo. Una vez más, ganó por la mínima y con cierta angustia.

Desde el prometedor debut en el Ramón de Carranza (0-2), sólo en Cornellá y en las vueltas coperas ante Atlético y Leganés el Sevilla de Montella ha ganado con cierto margen: 0-3, 3-1 y 2-0. Todo lo demás han sido abultadas o dolorosas derrotas, el empate ante el Getafe (1-1), y la angustiosa victoria con el Girona (1-0). Hasta que en Las Palmas se exhibió durante hora y pico. Sin embargo, no cerró esa exhibición futbolística con goles, por su preocupante falta de instinto matador, y terminó dejando la duda de que podría haber encajado otro frustrante empate como ante el Getafe. Y eso que el modelo de Montella está bien definido y su once base, al que poco a poco va sumando piezas, lo ejecuta casi de memoria, casi a la perfección. ¿Qué le pasa entonces a este Sevilla que tanto ha tardado en dar con la ansiada continuidad?

No está siendo el Sevilla de Montella un equipo muy pegador, por mucho que sus alas, Sarabia y Correa, autores al alimón del último gol en casa y responsable práctico el primero de los dos goles en Las Palmas, estén aportando una importantísima cuota anotadora. Muriel es el delantero elegido por el napolitano pero su rendimiento es mayor incluso fuera del área que de cara al marco contrario, por cómo se ofrece como referencia en todo el frente del ataque y cómo descarga el juego con su potencia. Ben Yedder es el máximo goleador del equipo con 17 tantos en 30 partidos. Algunos intrascendentes, como los que hizo en las derrotas ante la Real Sociedad, aún con Berizzo, o ante el Betis, ya con Montella. Pero otros clave para el triunfo: a Leganés, Deportivo, Las Palmas... y sobre todo los tres al Liverpool, allí y aquí.

Muriel tampoco garantiza mucha pegada. De los 7 goles anotados en 31 partidos, tres los ha hecho en los doce partidos que ha jugado con Montella, para quien es fundamental por su juego a campo abierto. Y esa falta de gol general no está permitiendo al Sevilla contemporizar en los partidos ni darles entrada durante éstos a más jugadores que vayan participando en ese once base tan definido. Es decir, con poco gol, también hay poco descanso. Y justo esto es lo que pide el Sevilla en el inicio de una fase dura a la que llega con Banega, Nolito, Muriel y Correa habiendo dado signos de fatiga.

El once de Montella está clarísimo y es el que saldrá ante el Manchester United. Banega pidió un necesario descanso en la Copa con el Leganés. Su ausencia ante el Girona supuso una mínima rotación en el once base: entró Pizarro. El napolitano replegó velas tras el desastre de Ipurua, en el que hizo seis cambios del tirón: los tres nuevos, más Pareja por el sancionado Mercado, Nolito y Ben Yedder. Tenía en ciernes la semifinal ante el Leganés. En Las Palmas encontró el término medio, introduciendo dos matices -Layún y Ben Yedder- en un once en el que Pizarro repitió por necesidad. Ahora, la continuidad también pasa por ir subiendo al carro a otros futbolistas necesarios: Sandro lo pide a gritos y Roque Mesa lo debe pedir ya.

Montella dio con su once en la revolución del Metropolitano y lo explotó mientras pudo: el cruce con el Atlético, en Cornellá, ante el Getafe con Ben Yedder por Muriel... Ahora, la continuidad pasa por convertir ese once base en un bloque base, que vaya más allá de 11 ó 12 jugadores. Las Palmas ya fue una primera prueba óptima. Ahora el reto de Montella es darle continuidad a esa mesurada rotación. El calendario lo exige.

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