La cabeza de Enrique IV reaviva la polémica por el trono de Francia

Dos familias se disputan la corona francesa: los legitimistas, partidarios de Luis Alfonso de Borbón, y los orleanistas, que consideran al heredero de la casa de Orleans como sucesor.

Luis Miguel Pascual (Efe)

París, 18 de febrero 2013 - 18:34

El enigma sobre la identificación de la cabeza del rey Enrique IV, el primer Borbón que se sentó en el trono de Francia, ha reavivado la polémica entre las dos familias que se disputan la legitimidad de la corona francesa. La investigación del periodista Stéphane Gabet y del forense Philippe Charlier, que aseguran haber identificado la auténtica cabeza del rey, enfrenta a las dos ramas que pretenden el trono: los legitimistas, partidarios de Luis Alfonso de Borbón, y los orleanistas, que consideran al heredero de la casa de Orleans como sucesor.

Su ancestral diferencia ha encontrado un nuevo campo de batalla en la identificación de la cabeza de Enrique IV, el rey que gobernó Francia entre 1589 y 1610 tras poner fin a las Guerras de Religión entre católicos y protestantes, que arrasaron el país en la segunda mitad del siglo XVI y cuyo episodio más conocido y trágico fue la Noche de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572. Esa noche, miles de hugonotes (protestantes) que habían acudido a París para asistir al matrimonio entre uno de sus principales valedores, el príncipe Enrique de Navarra (futuro Enrique IV) con la princesa Margarita de Valois, fueron masacrados por los católicos, en un episodio cuyas verdaderas motivaciones aún siguen siendo oscuras, a juicio de muchos especialistas.

Luis Alfonso de Borbón, duque de Anjou, propietario de la cabeza que Gabet y Charlier consideran como la de Enrique IV, ha iniciado los trámites para poder restituirla a la basílica de Saint-Denis, al norte de París y que es el panteón de los reyes de Francia. El noble, hijo del difunto Alfonso de Borbón, primo hermano del actual Rey de España, Juan Carlos I, espera presidir la ceremonia de restitución de la cabeza, un acto que puede presentarle ante la opinión pública como legítimo heredero de la corona que ningún rey de Francia porta desde que en 1848 fuera derrocado Luis Felipe de Orleans, creador de la otra dinastía que también reclama el trono.

Enrique de Orleans, conde de París y actual jefe de esa dinastía, considera que las pruebas que muestran la autenticidad de la cabeza del primer Borbón "se acercan más a la novela que a la verdad científica o histórica", según dijo al periódico Le Figáro.

Lo cierto es que la cabeza tiene una historia bastante novelesca. Asesinado en 1610 a puñaladas, Enrique IV fue enterrado en la basílica parisiense de Saint-Denis, donde su cuerpo permaneció hasta que en 1793, en pleno terror revolucionario, el mausoleo real fue profanado y muchos de los cadáveres fueron decapitados y enterrados en una fosa común. En 1817, con la restauración monárquica, Luis XVIII ordenó reabrir la fosa y reintegrar los restos reales en el mausoleo, pero la cabeza de Enrique IV no apareció. La pista de la reliquia se perdió hasta que en 1919 el anticuario Joseph Emile Bourdais creyó haberla encontrado entre los enseres de una pintora de Montmatre, donde la compró por 3 francos. Obstinado, el anticuario pasó la vida tratando de demostrar la autenticidad de su hallazgo. Sin éxito.

Ya anciano, Bourdais intentó ceder la cabeza al Museo del Louvre, que la rechazó, por lo que se la cedió a los Bellanger, un matrimonio apasionado de la historia, que se comprometió a comprobar su autenticidad. Durante años recorrieron archivos y bibliotecas en busca de pistas que mostraran que la cabeza que poseían era la del primer Borbón de Francia. Hasta que los avances de la técnica permitieron efectuar análisis de ADN y una reconstrucción facial a través de la informática que permite afirmar a los investigadores que "con el cien por cien de certeza se trata de la cabeza de Enrique IV", según dijo Gabet.

Con esos elementos, los legitimistas se han dirigido a las autoridades francesas para que Luis Alfonso pueda presidir la reintegración de los restos en el mausoleo real. Los orleanistas temen que pueda celebrarse la ceremonia y repetirse lo sucedido en 2004, cuando Luis Alfonso encabezó los actos de restitución en Saint-Denis del corazón del Delfín Luis Carlos de Borbón, quien para los legitimistas es Luis XVII, el hijo de Luis XVI, fallecido en 1795, a los 10 años de edad, en la prisión del Temple de París sin haber llegado a reinar.

El conde de París se apoya sobre todo en los estudios del historiador Philippe Delorme, quien fue tajante al manifestar que "no se puede afirmar que la cabeza encontrada sea la de Enrique IV". Las pruebas de ADN no son concluyentes y la reconstrucción facial "es poco científica" para este especialista, cuyos trabajos permitieron identificar el corazón de Luis XVII. La batalla entre dinastías se torna en una controversia entre científicos en torno a una cabeza que, por el momento, los Borbón guardan en una caja fuerte bancaria. Una pugna sobre un monarca que pasó a la historia por firmar el Edicto de Nantes, el 13 de abril de 1598, que sellaba una frágil reconciliación entre católicos y hugonotes (protestantes) con la que se puso fin a años de guerras intestinas en Francia.

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