"Siete vidas' es como esa novia que te deja marcado para siempre"
El cómico jiennense ha regresado a los chistes, el género con el que se dio a conocer años atrás con Chiquito y Paz Padilla
Surgió de aquella cantera de Chiquito y compañía de Genio y figura, dirigido por Tomás Summers a principios de los 90 en Antena 3. Este jiennense fue el frutero sin nombre en Siete vidas y eso le permitió reforzar su posición en el humor televisivo. Fue pionero en El club de la comedia y no deja de hacer teatro. Ha regresado al chiste puro en Al ataque chow de Telecinco, al lado de una de sus primeras compañeras de viaje por los platós, Paz Padilla, mientras representa en los escenarios los monólogos de A mí, que me registren.
-Lo suyo es de regreso al futuro. Al cabo de los años vuelve a los chistes, a cuerpo descubierto, sin trampa ni cartón.
-Sí ha sido como cerrar el círculo. He vuelto a los chistes, con renovación. Los chistes son cíclicos. Más o menos son los mismos, pero para otra población, para otras generaciones...
-¿Le apetecía este regreso?
-En parte sí. Echaba de menos el buen ambiente de este tipo de programas, pero a quien de verdad echo de menos es a Tomás Summers, el que me descubrió en esto.
-¿Se inventa los chistes, los saca del cajón de la memoria, se los escriben para la ocasión?
-De todo un poco. En este mes largo que llevo en Al ataque ha habido de todo. Me facilitan algunos chistes y luego yo los cambio según mi estilo. Sobre los temas, como te decía, es un género clásico, muy español, donde hay mucha tradición de temas, de personajes, de giros.
-Con quién tenía ganas de coincidir era con Paz Padilla. A muchos nos sigue sorprendiendo cómo es capaz de salvarse en Sálvame'..
-Es que Paz es capaz de llevar con arte todo lo que le pongan por delante. Con ella es fácil estar a gusto y eso es necesario en un programa de humor. Con Paz me llevo divinamente desde el principio. En Al ataque no sentimos esa obligación de "tengo que ser gracioso, tengo que contar...", todo sale fácil.
-¿Usted sigue contando chistes en sus espectáculos?
-Sí. Es una forma de humor que sigue vigente, aunque es complicada. De cada quince chistes sólo hay uno que me sorprende, porque es un género en el que es difícil innovar. Ya no hay guerreros del chiste como antes.
-El chiste fue sepultado por el monólogo y ahora salen monologuistas hasta de debajo de las piedras.
-Es que el chiste murió por el monólogo y lo digo yo que fui de los primeros en El club de la comedia. En aquel programa yo tenía de referente a Pepe Rubianes y a Gila. Pero hoy en día vas a cualquier sitio y hay cincuenta monologuistas porque además es un género en que se fusila, se copia, con facilidad.
-¿Qué prefiere hacer, chiste o monólogos?
-El monólogo tipo canal Paramount no me gusta. Los monólogos no pueden ser al estilo americano, sino con el estilo de cada cual, con sabor español. A mí me gustan los dos, a mi forma, no como esos clones que se ven. Se han ido cayendo lo que no valían un duro
-¿Cómo se cuenta un chiste?
-Tiene su miga, su fórmula. Hay que saber utilizar los silencios, utilizar las palabras precisas, porque puedes cambias de forma mínima las cosas y lo desbaratas...
-Aquella serie que grababa en el día, Cafetería Manhattan, en A-3, debía de ser un proyecto complicado. Diría que endemoniado.
-Empezó con mal pie, pero si encima no dejas que madure...
-¿Cómo recuerda al frutero?
-Siete vidas es como esa novia que te deja marcado para siempre. -¿Y cómo es A mí que me registren?
-Es una obra de dos horas de duración en la que estoy solo. Tiene un texto principal, pero lo recompongo según la actualidad.
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