feria de san isidro | vigésima quinta en la plaza de las ventas

Cayetano, con raza, premio a la entrega

  • El madrileño corta la única oreja de la tarde, que pasea entre protestas, en un festejo de máxima expectación

  • Sebastián Castella y José María Manzanares se marchan de vacío

Cayetano, en un muletazo de rodillas al sexto toro de la tarde. Cayetano, en un muletazo de rodillas al sexto toro de la tarde.

Cayetano, en un muletazo de rodillas al sexto toro de la tarde. / fotos: juanjo martín / efe

La vigésima quinta de San Isidro colocó otro cartel de No hay billetes con Sebastián Castella, José María Manzanares y Cayetano. El espectáculo, que no llegó a estar a la altura de la expectación, resultó entretenido, consiguiendo Cayetano el único trofeo del festejo ante una corrida bien presentada de Victoriano del Río, que ofreció un juego desigual.

Cayetano se entregó con raza y sin reserva. Estuvo bien con su primero, del hierro de Toros de Cortés, un punto cuesta arriba, que manseó en varas y se rajó pronto, buscando tablas. Impactó en la apertura de faena, con ayudados sentado en el estribo y dibujó bellos muletazos, como una trincherilla. El diestro logró una serie de altura con la diestra, con muletazos muy ceñidos, abrochados con un excelente pase de pecho. Faltó toreo al natural con un astado que se rajó de inmediato y en tablas lo exprimió. Mató de estocada y fue premiado con una oreja con protestas. Cayetano se lo pensó antes de recoger el trofeo y dar la vuelta al anillo con el mismo.

La corrida de Victoriano del Río, bien presentada, ofreció un juego desigual

Con el sexto, castaño, corniveleto, bajo, que marcó su descarada mansedumbre desde banderillas, Cayetano puso toda la carne en el asador. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas frente a toriles y se lució con el capote en unas chicuelinas al paso para llevar al toro al caballo. Con la muleta, labor voluntariosa que comenzó con un muletazo de rodillas y que rubricó con una estocada contundente.

Sebastián Castella retornaba a Las Ventas con las huellas de una tremenda paliza que le sirvió para abrir por quinta vez en su carrera la Puerta Grande de la Monumental madrileña. Una salida a hombros que no convenció a todos. Una vez terminado el paseíllo, el francés fue recibido con palmas, pero no hubo una fuerte ovación como para que saliera al ruedo a saludar. Con el que abrió plaza, blando de manos, de embestidas descompuestas y que acabó defendiéndose, realizó una labor pasada de metraje y sin opción al lucimiento y mal rematada con la espada.

Con el cuarto, serio, Castella realizó una buena faena que fue a menos, como el toro, que embistió con calidad. Comenzó en los medios con un muletazo por la espalda. Con la diestra hubo ligazón, con un cambio de mano continuando con la izquierda. También dibujó buenos naturales. Luego, la labor fue perdiendo intensidad y el toro fuelle para acabar en un arrimón. Mató de dos pinchazos y escuchó una ovación.

José María Manzanares, con el peor lote, fue silenciado. El segundo, bajo, resultó flojo. Tenía clase, pero se rajó de inmediato y se refugió en tablas. El alicantino, ante este material, no pudo concretar lucimiento alguno. Mató de media estocada.

El astifino quinto derribó en varas a Chocolate, tercio en el que hizo una buena pelea. Tras la muleta calamocheó por el pitón derecho y se quedó cortísimo por el izquierdo. Manzanares intentó lucirse en un trasteo que no llegó a alcanzar altura. Rubricó la labor de estocada y fue ovacionado.

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