Guardianes del castillo de Morón
Dos compañías, de teatro y danza, recuperan la Torre del Homenaje para acercar la cultura a todos
Sobre una colina, a 300 metros de altitud, se ubica el castillo de Morón de la Frontera. Derruido en gran parte por los franceses en 1812, llegó a convertirse en sede de un reino Taifa a mediados del siglo XIII para después pasar a ser residencia de los Duques de Osuna. Aquellos que padecieron la Guerra Civil recuerdan cómo sirvió de refugio para muchos y cómo, con el paso de los años, fue quedando en el olvido de todos, incluso de los que nacieron a su sombra. En las décadas de los 80 y 90, el abandono marcó al lugar, acuñándose en la localidad el término de castillero para referirse a alguien que vive en la marginalidad. Desde marzo de 2013, dos compañías, una de teatro (Trasto Teatro) y una de danza (Silencio Danza), lejos de maltratar a este enclave monumental declarado BIC, han procurado su limpieza y dotado de vida cultural a su interior. Bajo el nombre de El Castillo de las Artes, la música, la danza, el teatro y el flamenco fluyen en la Torre del Homenaje, gracias a una cuidada programación que esta nueva generación de "castilleros 2.0" -como se autodenominan en alusión a la difícil situación por la que pasa el mundo del teatro- se ha encargado de pulir.
Después de trece años al frente de Trasto Teatro, Raúl Cortés continúa con su tarea al frente de la compañía, reconocida y premiada internacionalmente. Por su parte, Nieves Rosales es la coreógrafa responsable de Silencio Danza desde hace un lustro. Ambos se conocieron por la inquietud de investigar y representar en espacios poco convencionales. "Ya antes habíamos desarrollado el Teatro de la Decepción, teatro en casa al margen de los circuitos oficiales, que funcionó muy bien. Pasaron por el salón de nuestros hogares más de 4.000 personas", detalla Cortés.
Fruto de esta unión y del deseo primigenio del dramaturgo por recuperar el castillo de su pueblo natal surgió en la idea de crear El Castillo de las Artes. Tras negociaciones para la cesión del espacio con el Ayuntamiento, y siempre respetando las normas de uso de Patrimonio, el castillo fue cedido en marzo de 2013 a los artistas por el periodo de un año, en principio. "Nos gustaría que, cuando expire la cesión, podamos darle continuidad; es la única forma de consolidar este proyecto".
La oportunidad de tener una sede propia donde programar ha hecho realidad un sueño para el moronense, que destaca: "La financiación es independiente, no tenemos ayuda de ninguna institución pública. Desde la escrupulosa limpieza del inmueble, que tras décadas de abandono estaba en desastroso estado, hasta las intervenciones para construir un suelo de madera apto para la danza y el teatro así como las gradas móviles (con un aforo máximo de 100 personas) han corrido de nuestra cuenta".
Entre su programación, destaca el Festival Internacional de Teatro Isidoro Albarreal, que arrancará el próximo 10 de octubre. Algunas acreditadas compañías del panorama internacional -Ymedio Teatro (Jaén), Umbral Teatro (Colombia), Labirinto Teatro (Brasil) y Silencio Danza (Málaga)- acudirán hasta Morón para representar sus espectáculos. El festival, además, se extenderá hasta los municipios de La Puebla de Cazalla, Écija y Olvera, con el objetivo de fortalecer la oferta cultural en estas localidades que, por ser periféricas, tienen un difícil acceso a la programación de calidad.
Otro de las iniciativas más novedosas del proyecto El Castillo de las Artes es su convocatoria de becas de residencia artística del Premio Alfonso Jiménez, que este año se realizan por primera vez. El Teatrito (México), Teatro Condition Zero (Francia) y Danza Los Moñekos (Barcelona) han sido los receptores de las ayudas, entre un centenar de solicitantes, que permitirán desarrollar a cada una de las compañías durante un mes su proyecto artístico en Morón. "Podrán alojarse en la residencia el Trastero y recibirán una ayuda de 250 euros para gastos de producción".
"Creemos que es el momento de apostar por lo alto. Es tiempo de perder el miedo, de ser valientes y defender nuestro oficio", cuenta el dramaturgo ilusionado con el proyecto. Una iniciativa que también pretende hacer asequible las artes escénicas a todo el mundo. Para ello, después de cada función, los artistas suelen abrir un debate con los espectadores. "Hay que tener en cuenta que muchos de los asistentes nunca han visto, por ejemplo, danza contemporánea. La cercanía con los artistas les propina muchos datos que les lleva a disfrutar más de lo que han visto. Al final, en ocasiones, el debate dura más que la función".
En la tarea de acercar la cultura, El Castillo de las Artes apuesta por una entrada económica de 5 euros por espectáculo, con un abono anual de 20 euros y un abono solidario desde 5 euros, con el que colaborar con el proyecto aunque no se disfrute de su programación, sólo por el placer de darle vida al castillo y alejarlo del abandono.
No hay comentarios