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Mikel Lejarza
Antes de que Trump invada el Sol
LA Unesco ha elogiado a la Catedral de Sevilla, en Fitur, por el buen uso del monumento. La han seleccionado para exponer, en un congreso que tendrá lugar en París, la compatibilidad del turismo con los cultos religiosos. Por supuesto, la noticia ha tenido poco recorrido. Por el contrario, si la Unesco hubiera puesto a la Catedral de Sevilla como mal ejemplo, porque le daba prioridad al turismo sobre el uso religioso, se habría destacado como Dios manda. Esto nos llevaría a reflexionar sobre si hay un predominio de lo negativo sobre lo positivo en Sevilla. Pero especialmente nos debe recordar que ese edificio es por encima de todo una Catedral. Y no una cualquiera, sino de las mejores del mundo.
La Unesco es un organismo con el que se mantiene una relación de amor y odio en las cuestiones relacionadas con Sevilla. Pasa igual que con algunos arquitectos, que aman u odian el pasado según si lo destruyen ellos o sus enemigos de profesión. La Catedral es un ejemplo más, como se vio con los trabajos dirigidos por Alfonso Jiménez. En general, es un edificio religioso singular que para sí lo quisieran en cualquier lugar del mundo. Y que no está descuidado, ni mucho menos.
Todos los arzobispos que yo he conocido (que han sido Bueno Monreal, Amigo y Asenjo) han sufrido críticas por el uso de la Catedral. Entre las más duras estuvieron las referidas a la indumentaria de los turistas, cuando empezaron a entrar en modo playero. También se ha criticado el excesivo uso turístico, en detrimento del culto religioso, lo que se achacaba a la avaricia de los canónigos, deseosos de cobrar por todo. Normalmente, los que protestan son los mismos que dicen que la Iglesia debe mantener sus edificios, sin pedir ayudas a los poderes públicos.
Está bien que la Unesco recuerde que el turismo es compatible con el uso religioso. Pues algunos ateos pensarían que allí no hay cultos. Cuando es justamente lo contrario: se celebran todas las fiestas mayores y menores del calendario litúrgico con bastante solemnidad; hay misas dominicales y diarias; se confiesa a los pecadores arrepentidos... De allí sale la procesión del Corpus y bailan los seises en honor del Sacramento, de la Purísima y en el triduo de Carnaval. Además de que hacen estación de penitencia las cofradías de la Semana Santa. Y son acogidos múltiples actos extraordinarios. Todo eso ya se sabía, pero ahora lo ha premiado la Unesco.
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