El temporal

06 de febrero 2026 - 09:39

Un temporal de agua, nieve y viento afecta a España con una virulencia desconocida desde hace décadas. Entre las regiones más afectadas destaca Andalucía, imágenes impactantes, alarmantes, descorazonadoras. Hace nada, el gobierno de Juanma Moreno tomaba medidas urgentes para paliar los efectos de una sequía que no auguraba nada bueno; hoy, ese mismo gobierno se afana para dar refugio a los desalojados de viviendas y residencias anegadas por las aguas, vigila el cauce de los ríos por miedo a los desbordamientos, y está atento a las crecidas de los pantanos por si es necesario abrir compuertas.

Al temporal que da miedo se suma al cúmulo de desgracias que se viven en España desde hace un tiempo. Es como si alguien que nos odia nos hubiera echado un mal de ojo. Ha pasado de todo, nada bueno; el país está invadido por las desgracias, el desorden, y no ayudan las decisiones políticas de los últimos días. El decreto de regularización de inmigrantes, indispensable desde el punto de vista humanitario y laboral, al plantearlo con tanta urgencia por interés electoral ha derivado en una iniciativa caótica, en la que el papeleo lo resolverán como siempre quienes cuentan con medios económicos para pagar abogados mientras los más necesitados lucharán con horas de colas y dificultades. Otra medida que podía ser positiva si se hiciera con cabeza, y no buscando el habitual interés electoral, la de restringir el acceso de los menores a las redes sociales, ha acabado con un debate que ha pillado con el pie cambiado al Gobierno, con los grandes nombres de la tecnología sacando los colores a Sánchez por su desconocimiento: ha aprobado un decreto sin saber cómo abordarlo. A esa vergüenza se suma una Comisión Europea que recuerda al jefe de Gobierno español que el control de los contenidos de las redes corresponde a la UE, con normas de obligado cumplimiento.

Todo esto sucede con un gabinete de Presidencia sobredimensionado de personal en el que no hay nadie que parezca saber cómo se resuelven cuestiones clave para los gobiernos; y un presidente obsesionado con hacer creer a los españoles, con especial atención estos días a los aragoneses, que gracias a él han subido las pensiones; cuando ha sido él, solo él, también por cuestiones electorales, el que ha estado a punto de abortar una subida que contaba con el respaldo de la práctica totalidad de los grupos parlamentario, incluido el PP.

Multitud de españoles empiezan a pensar que alguien nos castiga con una perversa maldición.

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