La pelota de papel

La función terapéutica del fútbol

  • El mitin en el que desde un bando y otro se quiso transformar el clásico quedó eclipsado por el partidazo que ambos equipos ofrecieron, dando muestras de quiénes son los actores principales de este invento.

Cuando el balón echa a rodar todo lo demás es relativo. Se volvió a repetir en un Barcelona-Real Madrid en el que el ruido lo pusieron los políticos. Es curioso lo de esta casta, puesto que parece anhelar que sus alargados tentáculos toquen todas las esferas sociales para que su mensaje cale. Pero el mitin en el que algunos pretendieron convertir el Camp Nou quedó eclipsado cuando el balón echó a rodar. El motivo es simple. Cara a cara estaban los dos mejores equipos del mundo. Por el reparto televisivo, por los árbitros, porque la Liga está adulterada... Por lo que sea. Los mejores equipos del mundo. Y cuando frente a frente están 22 superdotados para la práctica del fútbol, es obsceno que desde un banquillo, desde un palco o desde la sede de cualquier partido político se pretenda robar protagonismo.

La confianza de Tito

Posiblemente se trató del duelo más igualado de los clásicos recientes. Tito Vilanova sorprendió colocando de central a Adriano. No es normal las bajas que acumulan los culés en la retaguardia, pero tampoco los es que el elegido para ocupar esa posición sea Adriano. Ni Song, ni otro centrocampista defensivo, ni siquiera un canterano. Vilanova tiene claro quiénes son los hombres de su confianza ahora mismo. Adriano lo es, Song o los centrales del filial no, por lo que poco importa que Adriano nunca hubiera jugado en ningún puesto que no fuera pegado a una banda. Si se confía en él, juega de central. Y jugó.

Cuando un equipo funciona, poco o nada hay que tocar. Por ello hay quien defiende que Vilanova se ha limitado a entrar en el vestuario y decirle a sus jugadores: "Chicos, haced lo mismo que con Guardiola". Pero el Barcelona presenta diferencias. Defiende más arropado y Messi aparece más como centrocampista ofensivo que como delantero. Sea porque el mensaje antes mencionado es real, por las bajas o por un giro de tuerca a la idea de juego introducido por Vilanova, lo cierto es que el Barcelona es líder con ocho puntos de ventaja sobre su principal rival. Ahí debe cerrarse el capítulo de las discusiones y volver a abrirlo cuando los resultados dejen de acompañar, algo que no parece probable si Messi sigue insistiendo en que todos sus disparos a puerta acaben en gol. El domingo tiró dos veces...

Los mensajes de Mou

Ocho puntos serían un muro para cualquiera. Pero el Real Madrid no pertenece a los mortales. La nebulosa que provoca Mourinho no deja ver con claridad en la mayoría de las ocasiones cuál es el problema. Su equipo no ha empezado nada bien, pero los mensajes públicos del portugués, pertinentes o no, han funcionado. Algo habrá hecho bien Mourinho para que un equipo que está a ocho puntos de su principal rival salga al césped con el convencimiento de que la remontada es posible. Y, más importante aún, siga confiando en poder recortarle puntos al Barcelona a pesar de marcharse del Camp Nou a la misma distancia a la que llegó.

La distancia es un abismo, pero el Madrid está empezando a funcionar. La maquinaria se ha engrasado y el equipo no tiene pinta de que se le vayan a escapar muchos puntos. Habrá que ver si el Barça logra recuperarse de las bajas y de las lagunas que su juego muestra. De ello dependerá que haya Liga.

A los mortales sólo les queda la envidia, la indignación o disfrutar. Envidia porque nunca serán tratados por los medios igual que los grandes. Indignación porque económicamente no se les valorará igual. O el disfrute, si se opta por obviar la marginación. Al menos, queda la tranquilidad de que los tentáculos de la política no se interesan por los parias. Al menos por ahora.

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