Bélgica vuelve a fracasar en su intento por formar gobierno

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El rey Alberto II de Bélgica aceptó ayer la dimisión del encargado de formar gobierno, el democristiano flamenco Yves Leterme, tras 174 días de crisis en los que ha sido incapaz de constituir una mayoría para dirigir el país.

Según informa la agencia Belga, el monarca accedió esta vez a la renuncia de Leterme, quien ya había presentado su dimisión a principios de noviembre, aunque entonces Alberto II le pidió que continuara su trabajo.

Se trata de un nuevo episodio de la crisis que vive Bélgica tras las elecciones del pasado 10 de junio debido a la profunda desconfianza entre las comunidades flamenca y francófona y el desacuerdo, de momento no superado, sobre el futuro modelo de Estado.

El que fuera el candidato más votado en los comicios acudió al Palacio Real pocas horas después de recibir la negativa de los partidos francófonos, con los que intentaba formar una coalición naranja-azul (democristianos-liberales), a un proyecto de reforma de las instituciones destinado a otorgar mayor autonomía a Flandes.

"No es serio continuar así, cuando no hay posibilidades de encontrar acuerdos claros entre las partes en la mesa de negociaciones", declaró Leterme tras dimitir, añadiendo que "el país y sus habitantes necesitan un gobierno fuerte y enérgico, pero esto no será posible sin realizar las reformas necesarias".

Los flamencos pretenden poner en marcha un nuevo proceso de descentralización del Estado federal, con la asignación de muchas más competencias para las regiones, a lo que se opone la parte valona por considerar que no tiene nada que ganar con ello.

Leterme había hecho de una nueva descentralización del Estado, incluido el distrito electoral de Bruselas-Halle-Vilvoorde (BHV), el eje principal de su campaña electoral y había dicho en repetidas ocasiones que no estaba dispuesto a participar en un gobierno que no incluyera una reforma del Estado de gran envergadura.

En cualquier caso, todos los partidos quieren evitar la convocatoria de nuevas elecciones, pues saben que éstas podrían significar el definitivo triunfo del nacionalismo, lo que complicaría aún más la formación de un nuevo gobierno, que por ley debe estar constituido por igual número de ministros flamencos y francófonos.

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