Espaliú encandila con un toreo muy sevillano

  • El novillero coriano desoreja a su segundo astado · El gaditano Fran Gómez corta una oreja al cuarto · El salmantino Juan del Álamo da una vuelta al ruedo

Una brisilla suave jugueteaba en la noche del pasado jueves en la Maestranza para aplacar la molestia térmica de la canícula. Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de sevillanos se encuentran fuera de la ciudad, de vacaciones, se registró una buena entrada para la novillada final de promoción, que contó con tres aspirantes -Fran Gómez, Antonio Jesús Espaliú y Juan del Álamo- que se entregaron.

El triunfador, Antonio Jesús Espaliú, impresionó por su buen gusto. El coriano, de 17 años y alumno de la Escuela de Camas, es un torero muy preocupado por la estética, que compone muy bien la figura y juega bien la cintura y los brazos. Su toreo tiene aires de sevillanía y evoca fundamentalmente a Morante de la Puebla. El chaval toreó, en algunos pasajes, como los ángeles. Tiene que mejorar a la hora de matar y ceñirse más. Tuvo en suerte el mejor novillo del desigual encierro de El Serrano, que se jugó en quinto lugar. Un astado bien presentado, noblón, con el defecto de salir, en algunas ocasiones, con la cara alta tras el embroque. Espaliú lo recibió con una ramillete de verónicas, en las que brilló en una, inmensa por su expresividad, con el mentón metido en el pecho, las zapatillas asentadas y volando muy bien la capa. Brindó su faena a su amigo Pedro Dormido, fallecido recientemente. Momento extraordinariamente emotivo. En los medios, montera y mirada al cielo. Desde el tendido, gran ovación, al igual que en el saludo capotero, y a lo largo de una faena en la que los mejores muletazos afloraron con la diestra, destacando en dos series, en las que hubo temple y, principalmente, armonía. Mató de estocada. El público solicitó con fuerza las dos orejas de su oponente, que le fueron concedidas.

Con el segundo astado, alto, largo y vareado, manejable, aunque le costaba embestir, Espaliú toreó con garbo a la verónica, con prestancia amorantada. Precisamente brindó a Morante su labor, en la que hubo muletazos sueltos por ambos pitones de mucha calidad, aunque faltó ligazón. Con la espada, mal, con una estocada que hizo guardia y dos pinchazos.

El gaditano Fran Gómez, de la Escuela de Jerez, de 20 años, cortó una oreja a su segundo, con el que consiguió los mejores momentos de su desigual y voluntariosa actuación. Con el cuarto, bien presentado, que se quedaba cortísimo por el izquierdo y punteaba por el derecho, logró muletazos estimables con la diestra y fue derribado, sin consecuencias, por el pitón malo. Una estocada saliendo trompicado fue decisiva para conseguir el trofeo. Con el que abrió plaza, de pocas carnes y manejable, aunque con problemas para un alevín, realizó un trasteo falto de limpieza, en el que se fue centrando de mitad de faena hacia el final.

Juan del Álamo, alumno de la Escuela de Salamanca, nacido en Ciudad Rodrigo hace 16 años, es un novillero en estado puro. Retrotrae a los tiempos en los que los aspirantes se presentaban en público sin apenas técnica. Sus ansias de triunfo anularon por momentos su razón. Dos largas cambiadas a portagayola, un quite por gaoneras que ejecutó como un poste, sin pestañear, y un puñado de revolcones de los que se levantó sin mirarse dicen mucho de este combativo novillero, que pechó con el peor lote. Embarcó muy bien a la verónica a ambos astados. Con el violento tercero se la jugó y fue desarmado varias veces, siendo cogido sin consecuencias en una ocasión. La presidenta, despistada cuando se dirigió hasta en tres ocasiones para perdir permiso en el inicio de faena, no le concedió un trofeo solicitado con fuerza, que con menos intensidad sí otorgó a Fran Gómez; por lo que no hubo equidad. Con el colorao que cerró plaza, Del Álamo, indómito, se dejó el pellejo desde el primer lance frente a toriles hasta unas manoletinas en las que sufrió su última voltereta.

Digno espectáculo el de la final de promoción de este año en el que la terna se esforzó de lo lindo y en el que hubo un claro triunfador, un Antonio Jesús Espaliú que torea con primor y tiene un futuro prometedor.

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