Crítica de Flamenco

Una fiesta para La Faraona

Noche de celebración para los que tuvimos la suerte de cruzarnos en esta vida con Pilar Montoya La Faraona. Una noche de afirmación artística de una familia flamenca, una de las más importantes del panorama jondo. Es sorprendente que dentro de una misma estética familiar haya personalidades tan acusadas. Se escogió lo mejor de lo mejor del repertorio de cada uno de los intérpretes de la noche, incluyendo algunos invitados de lujo. Como El Pele y su impresionante soleá. Luego le cantó por bulería por soleá al Carpeta. Y le volvió a cantar en el fin de fiesta. Y le seguirá cantando. Porque El Pele tenía ayer unas ganas enormes de cantar y El Carpeta siempre quiere bailar. El Farru ofreció una sorprendente coreografía por seguriyas, sin guitarra. Farruquito bailó por alegrías con ese dominio absoluto de la escena, del ritmo. Y de la energía. Quizá el momento más emotivo de la noche fue cuando África entró en el escenario con el canasto de su madre. Inundando el teatro de buen humor, compás, vaivén poderoso de cadera. Baile de tierra por tangos. Manuela Carrasco bailó directa, sin concesiones, romances, para la voz poderosa de El Extremeño. Y Pepe Torres hizo a su manera íntima y reconcentrada sus bulerías. Juan Villar vino de Cádiz con toda la sal y con su prodigio de voz, con ese timbre rotundo, único. El Barullo bailó por soleá igual que su tía La Farruca, última representante de su generación dentro de esta familia bailaora que ofreció un par de destellos esenciales por soleá. Una familia que se despidió mostrando el poderío actual de la saga.

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