Visto y Oído

Antonio Sempere

Fiesta

Defiendo el periodismo festero. Al que contribuyo, humildemente, con mi granito de arena. Valorando en positivo el que se hace bien, y realizando una crítica constructiva cuando no el informante no está a la altura de las circunstancias.

Sucede desde hace tiempo que para cualquier Ayuntamiento, Diputación o Comunidad Autónoma que las cámaras de televisión aproximen sus fiestas a espectadores de todo el mundo es objetivo muy cotizado por sus gestores. Los minutos de televisión se miden como impactos. Y los impactos se traducen en ingresos económicos. Estar presente en la televisión, pues, no puede más que dar réditos positivos. Que unas fiestas sean declaradas de Interés Turístico Internacional o Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, no lo olvidemos, pasa por que sean emitidas y difundidas por canales de televisión internacionales y que realmente tengan proyección.

Lo vivimos esta Semana Santa, como lo pudimos ver en las recién acabadas Fallas de Valencia. La Noche de la Cremà tuvo el privilegio de ser ofrecida para todo el mundo por la televisión pública, de forma lucida. Pero la narradora, ateniéndose al guion oficial, optó por no salirse ni una coma de lo previsgto, realizando afirmaciones tan rotundas como que la falla municipal, a esa hora, era la única que quedaba por arder en Valencia. Cuando se sabía a ciencia cierta que al menos 79 monumentos serían pasto de las llamas entre la 1 y las 3 de la madrugada, ateniéndose al riguroso turno establecido por los servicios de bomberos, que son a fin de cuentas quienes pautan el ritual levantino, retrasos aparte. Porque respeto tanto el periodismo festero, que es mucho más que un medio con el que recaudar publicidad institucional y de la otra, exijo unos mínimos de calidad. Y clamo contra los mercaderes que comercian sin miramientos con él.

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