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FÁTIMA DÍAZ

Sin 'Sentido común'

'Sentido común' cruza los límites de la sinrazón, rozando el insulto y el mal gusto

Yatenemos el primer fracaso de la recién estrenada temporada televisiva. El debate a pie de calle de Telecinco para el access prime time, Sentido común, ha registrado la semana de su estreno datos muy por debajo de lo que suele hacer la cadena amiga en esa franja. Sin ir más lejos, el miércoles marcó un mal 6,1% con poco más de un millón de espectadores (1.008.000). Ayer, de momento, no se emitió, veremos si dura hasta la semana que viene o también se convierte en la primera cancelación de la temporada. Un programa que, pese a su título, se ha hecho sin ningún Sentido común, más bien parece un insulto al espectador.

El nuevo espacio de debate de Mediaset, producido por Boxfish TV, que tiene como máxima abordar los temas más candentes y peliagudos de la semana en clave de humor por parte de "gente corriente", no es más que una atroz intentona de la cadena de regodearse en la ignorancia del español de clase media al que intenta retratar sin piedad.

Sentido común cruza los límites de la sinrazón, rozando el insulto y el mal gusto, gracias a su homogénea muestra de tertulianos y a las ansias de Telecinco de convertirlo en un producto viral a toda costa a base de rebajarlo para reincidir en el chiste fácil y malsonante.

La visualmente atractiva tertulia de Telecinco, que bebe por otra parte de la manida fórmula de sonados fracasos como el Snacks de la tele de Cuatro y Aquí mando yo de Antena 3, abusa en su casting de un recurrente perfil de clase baja/media compuesto por personas "de a pie", dicen, que ocupan cargos que no necesitan estudios superiores, dispuestas a dar la nota con opiniones poco formadas acerca del tema a tratar en cada entrega.

En definitiva, el nuevo debate popular de Telecinco peca en sus primeros pasos de subestimar la inteligencia de su espectador y de sus debatientes en detrimento de convertirse en un histriónico freakshow sin demasiada sustancia que tiene su razón de ser en revolcarse en la triste necedad humana.

Rayando en lo tróspido -otro término acuñado por Mediaset, en este caso en su segunda cadena, Cuatro-, la fórmula es sencilla: junta a dos o tres amigos o familiares y propone un tema de los que copan los grandes titulares en los medios. El resultado es una, digamos, peculiar mezcla que combina el tan extendido cuñadismo typical Spanish con el trospidismo del que tan bien sabe Luján Argüelles. Una mezcla explosiva que deja perlas constantes. Por encontrarle alguna gracia, tanta burrada acaba por arrancarle a una sonrisas inesperadas. Cantera de tertulianos que pronto pasarán al olvido.

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