La tribuna económica

Rogelio / Velasco

Acuerdos y desacuerdos en Davos

LAS reuniones internacionales de los actores más influyentes en los asuntos económicos, pueden servir tanto para compartir los puntos de acuerdo como para poner de manifiesto las discrepancias que separan a los distintos países. En Davos, se debaten estos días las medidas que deben adoptarse para situar a las economías en una senda estable y sostenible de crecimiento.

La perspectiva sobre la crisis ha pasado por tres etapas. Una primera, en EEUU, dirigía el foco hacia el interior del país: con medidas monetarias y fiscales adecuadas, se podía remontar la situación. Este era el enfoque inicial a finales del 2008. El pasado año, la evidencia de que la crisis se extendía aceleradamente por todo el mundo, condujo a la conclusión de que sin medidas coordinadas a nivel internacional, sería imposible salir del atolladero. Las reuniones del G-20 en Londres y Pittsburg sirvieron para escenificar la globalización de la crisis, aunque no se derivaron de las mismas medidas coordinadas que no pudieran adoptar los países asistentes de manera individual.

La tercera, que empieza a vislumbrarse, es la de un enfoque estrictamente nacional, que puede conducir a un sálvese quien pueda. Algunos ejemplos lo muestran.

A pesar de la presión que EEUU ha ejercido, China sigue sin revaluar el renmimbi, lo que está impidiendo, por un lado, el abaratamiento de las importaciones para los consumidores y, en consecuencia, unas mayores compras a los países occidentales y, por otra, permite mantener una alta competitividad de las exportaciones chinas al resto del mundo.

En segundo lugar, a pesar de que las autoridades chinas han puesto en marcha un gran programa de estímulo a la economía para combatir la recesión, el programa esta orientado, fundamentalmente, al mercado interior, materializado en un aumento de las inversiones en infraestructuras, que apenas tira de las importaciones del resto del mundo. En consecuencia, el programa de estímulo es sólo para China. Alternativamente, las autoridades podrían estimular el consumo interno de los hogares, permitiendo un incremento de las importaciones y generando efectos positivos para el resto del mundo. Los representantes chinos en Davos, han reiterado sus posiciones.

Dos datos comparativos ilustran lo comentado. En EEUU el consumo de las familias representa el 70% del PIB; en China el 35%, el más bajo del mundo entre los países desarrollados y emergentes.

Pero más cerca de nosotros, el gobierno alemán sigue resistiendo también la presión para que llevar una política fiscal más expansiva, que desborde sus efectos positivos sobre el resto de la UE.

Ante este panorama, el principal asesor económico de Obama, Larry Summers, ha dejado bien claro la posición de su gobierno en Davos, enfatizando que EEUU no puede mantener la integración global si ésta es una amenaza para la integración en el interior del propio país. Las tensiones entre las políticas domésticas y los electorados que eligen a los gobiernos, y la inevitable globalización de los problemas, se han convertido en uno de los principales retos de nuestro tiempo. De su adecuado enfoque y compatibilización, dependerá en gran medida nuestro futuro.

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