La ciudad y los días

Carlos Colón

Alcaraz como Eugenio

SABEN aquel que diu "los escritores no tienen tanta fuerza como antes, porque la literatura se ha convertido en una gran resaca comercial. ¡Llevan 30 años sin mojarse! Y los que han resistido están aislados, fuera del conocimiento?" ¿Saben aquel que diu "con la caída del muro del Berlín, que consolida la filosofía posmoderna, el paréntesis rojo se ha cerrado y hay que volver al individualismo. El prestigio se traslada desde la literatura al nombre y a la imagen personal, que se transforma en una marca comercial?" ¿Y saben aquel que diu "la gente se pregunta dónde están los intelectuales, y yo les digo: ¡en el mercado! Se impone la poesía de la experiencia, digerible para las capas medias?"

Lamentablemente se trata de unas declaraciones de Felipe Alcaraz a nuestro periódico, no de chistes de Eugenio que bromearan sobre la resurrección de un dinosaurio comunista que defendiera a estas alturas la doctrina del Realismo Socialista, condenara el subjetivismo pequeño burgués y pareciera echar de menos una estatalización del arte que lo sustrajera del mercado: esa situación que Trotsky describió como "funcionarios armados con un pincel, bajo la vigilancia de funcionarios armados con fusiles" y que aún sobrevive en Corea del Norte o Cuba.

Idílica situación. Que disfrutaron los artistas de la URSS sometidos a la doctrina del Realismo Socialista que vieron condenados sus cuadros por el carácter burgués, elitista y subjetivista de las vanguardias; prohibidas sus composiciones por la Unión de Compositores Soviéticos; y censurados sus libros cuando no -casos de Bulgákov, Pasternak, Solzhenitsyn o Grossman- perseguidos o deportados ellos mismos. Y no sólo durante el estalinismo. El original mecanografiado de la admirable Vida y destino de Grossman fue incautado por el KGB en 1962, permaneció inédito hasta que en 1980 llegó clandestinamente a Occidente -16 años después de la muerte de su autor- y no fue publicada en Rusia hasta 1988. Qué pena que cayera el muro, ¿verdad?

El señor Alcaraz tampoco parece estar al tanto de que la producción industrial y el consumo masivo de cultura se remontan a principios del siglo XIX; y que la pobreza de la actual producción cultural se debe, no sólo al mercado, sino sobre todo al déficit educativo que ha provocado la caída de la calidad del consumo y, como consecuencia, la de su producción y oferta (el lúcido "tenemos mal cine porque hay mal público" de Paul Schrader). En cualquier caso, mejor padecer los males del mercado que las excelencias de una cultura de funcionarios con pinceles vigilados por funcionarios con fusiles.

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