Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Angelinos

TELECINCO tira el dinero. Ayer repartía billetes a cañonazos entre los ansiosos habitantes de un pueblo aragonés, pero también despilfarraba una hora de su valiosa parrilla, tirando por tierra lo que le dejó la parcela del Tomate. Estamos, sin duda, ante uno de los grandes fracasos de la temporada: Las gafas de Angelino. Aquí hay tomate era maligno, pero lo de Angelino es simplemente malo con avaricia.

El tal Angelino es un niñato al que se le ha acabado de cambiar la voz y es una raza mixta: un cruce entre el Fidel de Aída y el Berto de Buenafuente. Con eso en el laboratorio de Telecinco querían crear una réplica impúber de Ángel Martín, el de Sé lo que hicisteis de la competencia en La Sexta. Qué chasco. El pobre chaval no le llega ni a las pelotillas de los pies de los tres aludidos. Lo que les ha salido al aire es una versión acartonada de Jorge Javier Vázquez. Como al protagonista de La mosca, algo les ha fallado en la transmutación.

Al lado, la cigomática Carmen Alcayde no sabía escapar de su papel de muleta y se hundía sin encontrar química alguna con el chico del pelo ensortijado, al que recriminó por oír a Jiménez Losantos y leer La Razón (qué culpa tendrá el pobre). El guión no supo arrancar ni un atisbo de sonrisa al personal. No hubo ironía, ni brizna de complicidad. En Las gafas de Angelino quieren despellejar la actualidad (¿les suena?) y fabricar situaciones cómicas con escenas de cámara oculta y bromas telefónicas (como las que bordaban los Gomaespuma). Faltos de ideas y de gracia, ya en el primer programa recurrieron a la burla sobre la Iglesia, proponiendo vender al Obispado de Tenerife hostias con peta-zetas. Oh. Angelino puede ir ya contratando el billete del autobús de regreso a Fuentes de Ebro (con fecha de la semana que viene) y la Alcayde puede salir corriendo como los que aparecieron en su nuevo engendro.

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