Puerta de los palos El Fiscal

Antonio

LA tarde estaba vencida aquel Jueves Santo de 1998. La cofradía se echó a la calle contra pronóstico. El día estaba más para escopeta y perro que para visitar sagrarios. Sonó el Perdón, oh Dios mío confundido entre los latidos de la Semana Santa, que son los golpes de alpargata por la rampla. Tres o cuatro filas de público en la desembocadura de Cuna con Sagasta. El último tramo del Señor estaba detenido. El celador, de inconfundible silueta, desempeñaba con mimo su labor en una tarde difícil para mantener los pabilos con vida. Le hicimos una fotografía. Poco después llovió y ocurrió lo ya sabido. Aquel celador seguía acatarrado el sábado. Hoy retorna Pasión a su casa. Por eso nos acordamos de Antonio de la Torre, aquel celador del último tramo, el de aquella tarde vencida.

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