Visto y oído

Francisco / Andrés Gallardo

Arrabales

EL milenarismo va a lleggaarr. ¿Qué no? Ahí me tienen a la corrupción, a la crisis y a la gripe. Con el apagón analógico ya tenemos a los cuatro jinetes del Apocalipsis, aunque la cuadrilla promete ampliarse. Fernando Arrabal, quien entre efluvios etílicos vaticinaba en una tertulia de late-night los temores medievales para el año 2000, regresó al trasnoche televisivo veinte años después. En lugar de tener como anfitrión a Sánchez Dragó se encontraba Andreu Buenafuente, en La Sexta. Los dos, a su manera, se dedican al espectáculo. Entre una época (televisiva) y otra median estilos antagónicos, pero Arrabal, permanece. Como si no hubieran pasado los años. "Soy lo más normal del mundo", dijo entre las risas de Andreu y su personal. Para el gran público, por obra de la reiteración del zapping, ese barbado con gafitas, con pinta de científico de serie B, es aquel borrachuzo que casi se carga en una hora un plató de TVE. Pero su trayectoria literaria, forjada sobre todo en el extranjero, revela a un genio excéntrico y centrípeto que fabrica frases y titulares.

Andreu pinchaba mientras le relataba una anécdota de baja graduación en la que se había puesto a bailar durante una recepción real. Le dio tiempo a dejar caer que el Rey tiene "una vida sexual agitadísima". Buenafuente le animó a que se atreviera a hacer un programa. Arrabal proclamó que lo haría, "jurando por lo más sagrado", sobre el texto "de la Constitución de Andorra". Arrabal goza de una retranca (dialéctica, claro) excepcional. En el mundo actual, poblado por las anécdotas y las provocaciones, el dramaturgo más parodiado tiene mucho que contar, aunque sólo sea en programas de entretenimiento. De otra manera lo tendría imposible para que le tomaran en serio.

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