EL asalto y desvalijamiento del chalé del futbolista del Sevilla Luis Fabiano en Montequinto por una banda de atracadores presuntamente albanokosovares que previamente pusieron una pistola en la cabeza a la esposa del jugador ha causado una profunda preocupación entre los sevillanos, sean cuales sean sus afinidades deportivas, porque el suceso se une a otro intento frustrado de atraco al chalé de Palop en la víspera y a la oleada de asaltos en Simón Verde y otras urbanizaciones del Aljarafe que desveló nuestro periódico. Hoy la psicosis creada es tal que la directiva del Sevilla F. C. ha decidido contratar vigilancia privada para los domicilios de todos sus jugadores, alarmados ante unas prácticas delictivas que parecían muy alejadas de nuestra ciudad y de las que sólo se tenía noticia hasta ahora en Cataluña, Madrid y la Costa del Sol. Los sevillanos han tomado consciencia de golpe de que están tan expuestos a estas bandas violentas organizadas en plan paramilitar como cualquier propietario de chalé en el entorno de Madrid y Barcelona. No cabe caer en un alarmismo desaforado pero tampoco aparentar que no pasa nada o, como hizo no hace mucho el Gobierno, ofrecer un balance triunfalista sobre la supuesta caída de los actos delictivos en Sevilla, a fuer de mezclar delitos y faltas, lo que en la práctica suponía su equiparación. ¿Puede equipararse una simple falta, como pudiera ser un cruce de insultos, con un delito como el desvalijamiento de un chalé que, además, genera alarma social? Pues esto es lo que hizo semanas atrás el Gobierno para tratar de tranquilizar a la opinión pública en plena precampaña electoral. La falta de credibilidad de los datos oficiales contrasta con los que aportan los sindicatos policiales y de la Guardia Civil, que indican un repunte de la inseguridad en Sevilla y, lo más preocupante, una caída en la eficacia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado: hay más delitos y se resuelven menos que anteriormente. Los poderes públicos deben dar una respuesta rápida y eficaz a una cuestión que suscita de inmediato la preocupación ciudadana y que no puede disfrazarse mediante un mero maquillaje estadístico.

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