Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Si ellos son el Betis, apaga y vámonos

DOLOROSAMENTE y haciendo de tripas corazón he de seguir machacando en un hierro que parece continuar sempiternamente frío. Me refiero a lo que suele ocurrir en los sectores más impresentables de los estadios, en esas gradas eufemísticamente definidas como de animación y que se distinguen, principalmente, por su enorme capacidad para el insulto. Insultos que combinan lo soez con lo políticamente incorrecto.

Ha sido primera página de telediarios el coro barriobajero del sábado en Heliópolis por parte de esos descerebrados que, además, se erigen en legítimos representantes del Real Betis Balompié con sus coros "nosotros somos el Betis". Y una vez más hay que propalar que si verdaderamente ellos fuesen el Betis, ninguna persona normal gustaría de acercarse a esa histórica, centenaria y real institución que vive al final de la Palmera y que atiende por Real Betis Balompié.

Esos angelitos han tenido la ocurrencia de defender al imputado Rubén Castro mediante el viejo recurso de difamar a la parte contraria. Y lo han hecho permaneciendo fieles a sus habituales modos de comportarse, de la forma más zafia y soez que pueda darse. Y, claro, en esos altavoces tan potentes, lo que sale manchado es el que debiera ser inmarcesible nombre del Real Betis Balompié, y por ahí se ha de intentar que esa gentuza se vaya definitivamente al carajo.

Me consta que en este Betis que con tan buena mano conduce Juan Carlos Ollero no se está reparando en medios para neutralizar tan vandálicos atentados al buen gusto. De lo que no estoy tan seguro es que de que sea posible erradicarlos del todo. Y es que en cada estadio se da cita un grupúsculo que da la nota y cuando no es por una cosa es por otra a fin de que esos instintos tan infames afloren y, además, se erijan en depositarios de las esencias verdiblancas del Betis.

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