Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Un Betis necesitado de ideas ingeniosas

DEMOLIDO el graderío sur del Villamarín aparece un escenario insólito. No inédito, pero sí insólito. No es inédito porque con ocasión del Mundial 82 ya hubo demoliciones que obligaron a reubicar socios, lo que se repitió cuando el diplodocus entró en escena para levantar el platillo volante, ese platillo que no sólo no voló sino que se quedó como obra interruptus. Una obra a medias que ahora se intenta recomponer en parte.

Recomposición parcial y el hecho insólito de que vaya a quedarse en pie la grada que en peores condiciones se encuentra. Grada de preferencia que es la que tiene las localidades más caras y que, deterioro aparte, será la que peor visibilidad ofrezca para contemplar el juego. Y es que el campo va a retranquearse seis metros hacia la grada de fondo y eso puede aconsejar lo de ir al campo como se va a las carreras de Ascot, provisto de unos buenos prismáticos.

Esto que escribo no conlleva crítica alguna a la necesaria recomposición de la cuarta parte del estadio, pues si la voz de los técnicos se deja oír no cabe otra salida que seguirla. Pero no se podrá negar que el curso se presenta raro. Tampoco el pasado juega de forma favorable, pues la temporada que se inauguró el semiplatillo acabó con tres entrenadores y el descenso más ominoso que se recuerda, que bajar con Finidi, Alfonso y Denilson en ataque tiene miga.

Al principio me chocó la promesa de devolución del diez por ciento del abono en caso de quedar por debajo del ecuador de la tabla. Me puse en lo peor y pensé que si un posible descenso va acompañado de una deuda con el socio, ruina gorda. Luego cuando supe que la devolución se le haría a los que renovasen la temporada siguiente me pareció una gran idea. Y es que las grandes ideas deben proliferar para que un curso tan proceloso pueda rematarse con buen sabor de boca.

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